DINAMITA

Un testimonio de David Mangan

Extraído del Libro: «Como un nuevo Pentecostés» Patti Gallagher Mansfield. 1992. Pag 75-80

David Mangan se graduó en la Universidad de Duquesne con un título en matemáticas y un grado en física en 1966. David y su esposa Barbara viven en Ann Arbor, Michigan, con sus 5 hijos. Es coautor de un libro junto con Ken Wilson titulado, La Vida en el Espíritu para sus Hijos. (El Servidor, 1990). Este testimonio se dio originalmente en 1987 en el Día de la Renovación en Pittsburgh.

Lo primero que quisiera hacer es quitarme crédito con respecto a mi participación en el comienzo de la Renovación Carismática en Duquesne; siempre me siento como que estoy demandando algo a lo que no tengo derecho. Hay una regla en el beisbol de que si un corredor entre bases es tocado por una pelota bateada, él está automáticamente afuera. El jugador de campo más cercano a él obtiene el crédito por sacarlo, aun cuando ni siquiera haya tocado la bola. Así es como me siento. Yo estaba en un lugar en el que Dios se movió. Sucedió que yo estaba parado cerca y por eso obtuve algo de crédito, aun cuando sé que no lo merecía.

También es importante destacar que esta no fue la primera vez que el Espíritu Santo actuó entre los católicos individuales bautizados en el Espíritu mucho antes del fin de semana en Duquesne. Pero, en verdad, lo significante es que Dios decidió usar este evento para una obra específica.

Ya me había graduado en la Universidad de Duquesne en el tiempo en que se dio el fin de semana, pero fui invitado a regresar como un estudiante graduado. Yo tenía 22 años en ese tiempo. Fui invitado a dar una de las predicaciones acerca del Espíritu Santo. Y a pesar de que yo era participante activo en mi parroquia, enseñando catecismo en esas fechas, rechacé la invitación para enseñar en el Retiro. Me di cuenta que no sabía mucho acerca del Espíritu Santo. De hecho, podría hacer todo lo que sé del Espíritu Santo en 3 oraciones y todas ellas provenían del catecismo de Baltimore. Yo mismo tenía muchas dudas acerca del Espíritu Santo hasta que pasara el retiro, esperando con esto poder aprender más durante el fin de semana.

Hice una lectura requerida de Hechos de los Apóstoles, y La Cruz y el puñal, de David Wilkerson. Tengo que ser muy honesto. Aun cuando La Cruz y el puñal tienen muchas referencias acerca del Espíritu Santo y de los dones espirituales, todo giró en mi cabeza. Después de leerlo, todavía no tenía idea de lo significaba hablar en lenguas.

Es importante hacer notar que algunas de las personas que estaban acudiendo al fin de semana de Duquesne, estaban en tiempos de crisis. Como yo recuerdo, algunos estaban pensando en abandonar la Iglesia y alejarse de Dios. Yo no me di cuenta de esto en ese tiempo. Para mí mismo, sentí que sólo me estaba perdiendo de algunas cosas y estaba abierto a recibirlas de Dios. Tenía una fe muy simple.

De pequeño ya había tenido una experiencia con Dios. Después de Misa, usualmente conocía la presencia de Dios de una manera muy real. Pensé que todos crecieron con experiencias como esas: nunca hablé de ello, porque realmente uno no habla de esas cosas. Me sorprendió en el fin de semana en Duquesne, que algunas personas pudieran considerar el alejarse de Cristo. No tenía sentido para mí. Cristo es más real que cualquier otra cosa. De pequeño yo le había dado mi vida a Dios. Y había tomado varios compromisos como católico en el camino. Pensé que si no entendía al Espíritu Santo, o que si el poder de Dios estaba ausente en mi vida, era mi problema. No era el problema de Dios. Yo era el que necesitaba corregir algo. Esa fue la actitud que llevé al retiro. Necesitaba descubrir cuál era el problema y dejar que Dios hiciera algo al respecto.

Comenzamos cada sesión durante el fin de semana, cantando el mismo himno al Espíritu Santo. Lo cantamos en el estilo del viejo canto gregoriano, que me gusta y que todavía canto a veces en mi tiempo de oración.

Tuvimos 4 pláticas durante el retiro, una sobre cada uno de los primeros 4 capítulos de los Hechos de los Apóstoles. La primera plática en realidad me impresionó. Esta era la plática que se me había pedido que diera. Recibí mucho conocimiento de la persona que la dio, pero la cosa que distintivamente recuerdo más, fue su comentario de Hechos 1,8; “Sino que recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros”.

El se refirió a la palabra griega “dínamis”, (poder), que es la misma que se utilizaba en inglés para decir “dinamita”. En otras palabras, la “dinamita” del Espíritu Santo vendría sobre nosotros. Esto era lo que él estaba diciendo. ¡Dinamita! Ahora, yo amaba a Dios y trataba de amar a los demás, pero difícilmente podría caracterizar mi vida como “dinamita”. De nuevo llegué a la conclusión de que el problema se encontraba en mí. Estoy seguro que Dios estaba actuando.

La segunda plática de Hechos 2, fue un recuento de Pentecostés. Ustedes pensarán que esta sería particularmente una plática emocionante, pero yo pensé que el predicador fue muy plano. Ella era una dama que conocía a algún consejero de la Facultad. Para nosotros ella era una forastera. Todo lo que recuerdo es que ella leyó los Hechos 2 y dijo: “esto todavía está pasando ahora”. Ella habló 15 o 20 minutos. Cuando uno es estudiante universitario, está acostumbrado a clases largas. Esto fue muy poco para mí. Yo estaba pensando: “debe haber más acerca de todo esto que lo que ella está diciendo”.

Estábamos tomando notas durante las pláticas. Esto es lo que yo escribí en mi libreta, casi desafiando lo que ella estaba diciendo, “quiero escuchar a alguien hablar en lenguas… ¡yo!”, luego la siguiente línea dice: “sé un tonto en el Señor”. ¡Ambas cosas estaban a punto de suceder muy rápidamente!

Ya no tengo más notas del fin de semana en Duquesne. Hubo 2 pláticas más, pero ya no estaba escribiendo. Después de la plática de Hechos 2, hicimos grupos de reflexión y fui a mi grupo tratando de entender porqué yo no tenía “dinamita”; todavía estaba ocupado con esta idea de “dinamita”, cuando llegué a esta conclusión. Razoné que siendo católico recibí al Espíritu Santo en el Sacramento de la Confirmación. Habiendo sido entrenado como matemático y físico, yo tendía a ser muy analítico. Sabía que para que trabajara un Sacramento, debe haber 3 factores: 1—Tiene que ser un Sacramento válido. 2— Necesita ser administrado por un ministro de ley. 3—Necesita ser recibido con fe. El último punto pareció ser el problema… yo, mi falta de fe expectante. Pensé que por eso yo no tenía “dinamita”.

Por esto hice una proposición a nuestro grupo de discusión. Les dije: “ustedes saben, cada año en pascua, renovamos nuestros votos de bautismo porque fuimos bautizados de niños y necesitamos hacer propios esos compromisos mientras maduramos”. Cuando en sexto grado yo fui confirmado, ni siquiera supe qué estaba sucediendo. Tomé la preparación necesaria y respondí a todas las preguntas, pero de alguna forma recuerdo que estaba más preocupado por el regalo de confirmación que iba a recibir de mi padrino, que los regalos y dones que podría recibir de Dios. Le dije a los demás, “creo que debemos renovar nuestra confirmación”. De hecho yo estaba determinado a hacerlo. Recuerdo que nunca había escuchado del Bautismo en el Espíritu Santo o del don de lenguas, no sabía cómo pedir por cualquiera de ellos. Simplemente dije: “quiero renovar mi confirmación”. Pensé que fue una brillante idea. Cuando regresamos al grupo mayor a compartir el fruto de nuestra discusión, se propuso mi idea. Algunos pensaron que yo podría estar tomando las cosas muy seriamente. Recuerdo que me sentí decepcionado de que mi idea no fuera realmente aceptada por los demás.

Después del descanso caminé con Patti Gallagher, que había estado en mi grupo de discusión. Hablamos acerca de mi propuesta y de qué tan pocos parecían haberla aceptado. La conclusión a la que llegué después fue que aunque ninguno quisiera renovar su Confirmación, yo sí lo haría. Pensé que debería acercarme al capellán y preguntarle cómo hacerlo. Tomé esa decisión en mi corazón, pero nunca tuve tiempo de realizarla. Ustedes saben, Dios es tan rápido, Él siempre está actuando antes que uno tenga oportunidad.

De regreso a la casa de retiros, me encontré con algunas noticias. Uno de los líderes estaba reuniendo varias personas cuando yo entré. La bomba del agua que abastecía a las instalaciones de nuestro retiro se había roto; no había agua. El nos pidió que fuéramos a la capilla a orar. Esto fue algo peligroso para mí. A pesar de que yo oraba bastante, creo que nunca había orado por algo específico, en lo que necesitara de una respuesta inmediata. Podría orar por la conversión de Rusia. Eso era fácil, uno no tiene que enfrentarse con el hecho de que tal vez no suceda mañana. Uno puede ser paciente con este tipo de oraciones. Esta era una oración del tipo de ahora o nunca. Algunos de nosotros nos reunimos en la capilla y estábamos orando, cuando tuve una experiencia interesante.

¡Comencé a agradecer a Dios por su respuesta!, nadie me había dicho nada de eso en teología. La enseñanza llegó después en la Renovación Carismática. Yo simplemente tenía esta convicción interna de que nuestra oración había sido respondida. Al pensar en esto, fue como si yo me viera a mí mismo, reflexionando en cuán extraño era sentirse tan convencido. Después de que terminamos de orar, estaba tan seguro de que el agua estaba ahí, que corrí a la cocina y abrí la llave del grifo. Surgió con una fuerza que no tenía antes. Después del fin de semana, se me dijo que mientras estábamos orando, se apareció un plomero que la arregló. Sin embargo, se nos había dicho al irnos a la oración, en términos no muy certeros, que un plomero sólo podría venir hasta el lunes. El hecho de que el agua estaba ahí después de que oramos, obviamente me causó una gran impresión. Cuando vi el agua surgir, hice algo que nunca antes había hecho. Decidí que necesitaba dar las gracias. Mi agradecimiento debería ser tan intenso como mi sorpresa. Regresé a la capilla y le di gracias al Señor por lo que Él había hecho.

Cuando entré a la capilla fue como estar caminando en una pared de ladrillos. Recién había estado ahí y no había sentido la presencia de Dios en una forma tan fuera de lo común. Pero esta vez, cuando abrí la puerta, hubo algo significativamente diferente. Hasta ese día, todavía no estoy seguro cómo terminé en el piso, pero lo hice. No sé si fui yo postrándome ante el Señor, o fue el Señor postrándome con su presencia. Lo único que puedo decir es que la presencia de Dios era tan poderosa y manifiesta, que el único lugar sensible en el que se podía estar era postrado; y ahí estaba. Para un calmado, tranquilo y reservado matemático, yo estaba teniendo una experiencia bastante extraña. No tenía palabras, no tenía tecnología, lo único que podía decir, era “esto es DINAMITA, esto es”

Me levanté y abandoné la capilla, vacilante y con gesto estúpido en mi rostro y me dirigí escaleras abajo. Fue el 18 de febrero de 1967, el cumpleaños de mi hermano. Se supone que habría una fiesta de cumpleaños aquella noche para varias personas que cumplían años. Tomi no estaba ahí; estaba en Turquía en la Corporación de Paz. Pero todos en el retiro lo conocían y él estaba incluido también entre los agasajados. Todos estaban tratando de adquirir ganas para festejar, pero yo ciertamente no podía después de mi experiencia en la capilla. Mientras todos andaban dando vueltas, yo me recargué en la pared, tratando de no caerme, porque todavía me sentía realmente vacilante. Me encontraba pensando, “Mangan, ahora sí te alocaste, los matemáticos no actúan así; buena la has hecho, has perdido todo”.

Todos continuaron platicando, pero yo no supe lo que estaba diciendo. Estaba teniendo esta experiencia interior, y sólo sonreía. Entonces comencé a dudar de todo. Dije, “esto no es real, sólo me equivoqué”. Siendo matemático, lo más natural para mí era regresar al laboratorio y volverlo a intentar. “Veamos si este experimento es válido”.

Me pegué a la pared, todavía vacilante, y comencé a dirigirme de regreso escaleras arriba, hacia la capilla. Entré de nuevo en la capilla y ¡Zas!, volví a golpear el piso. Dije: “Esta es, definitivamente, la respuesta a mi oración”. Ahí me encontraba yo en la presencia del Señor. Después de poco volví a dejar la capilla, caminé escaleras abajo, recargándome en la pared, sonriendo a todas las personas y volviendo a dudar. Me quedé parado pensando, “oh, esto no está bien, hay algo que no checa”. Volví a subir y entré a la capilla y… “Zas”, todo volvió a suceder.

Entonces me sucedió algo interesante. No sé nada del don de lenguas, pero necesitaba expresar algo. Estaba sentado ahí, en el suelo, pensando cómo responder. No estaba seguro de cómo hacerlo, así que salió un grito rebelde desde mis pulmones. Emití otro grito y los gruñidos más fuertes que ustedes no desearían escuchar nunca. Después supe que se escuchó en toda la casa de retiros y que todos pensaron que estaba mal de la cabeza. Alguien vino corriendo a la capilla, buscando saber qué estaba mal conmigo. Solamente yo tenía expresión de paz en mi rostro. Todo lo que pude decir fue: “Está tan bien, es tan bueno y esto es, esto es a lo que yo vine y esta es la verdad”.

Tal vez mi teología era débil, pero la experiencia era válida. Ya no dudaba de que fuera real. Pero me comencé a preguntar, ¿la tuve sólo yo?, ¿soy raro?, ¿podría sólo yo presenciar a Dios? Parecía como si todos los demás estuvieran en crisis. Al estar caminando en la casa de retiros, vi a Patti Gallagher bajando las escaleras. Iba a intentar decirle lo que había pasado, pero al vernos los 2, vi la misma mirada en su rostro. Le pregunté ¿a ti también?, a lo que ella respondió: “Sí, yo también”. Eso fue todo lo que ocurrió entre nosotros, pero entendimos completamente lo que nos había sucedido. Y al menos me sentía descansado al saber que no estaba solo.

Fui con los líderes del retiro y compartí mi experiencia. Uno de ellos preguntó: “¿Intentaste hablar en lenguas?” ¿Qué era eso?, respondí yo. Mencioné que si comencé a decir algo anterior a mi rebelde grito, no era inglés. Pero al no saber qué era lo detuve. El me dijo que la oración en lenguas era escritural, y que si me volvía a suceder, la dejara surgir. Esas no fueron sus palabras, pero eso fue lo que yo entendí. Así que la próxima vez que sucediera, dejaría que surgiera.

Quiero compartir algunos hechos acerca del fin de semana en Duquesne ahora, porque a veces cuando un evento del pasado se describe, se puede describir de una forma más romántica y emotiva de lo que en realidad fue. Lo que aquí recuento es lo que puramente preciso en términos de mi experiencia personal. De los 30 que estuvimos ese fin de semana, casi la mitad fuimos bautizados en el Espíritu. Hubo algunos en el retiro que pensaron que estábamos locos y otros que abandonaron la Renovación Carismática poco después. Fue en realidad una experiencia difícil. Pero, el Señor hizo un poderoso trabajo entre nosotros.

Después de que se es bautizado en el Espíritu, uno se siente elevado por algún tiempo. Esta sensación duró en mi alma al menos 9 meses más. No pensé que alguna vez me bajaría. Pero cuando descendí, lo hice como nadie. Tal vez el Señor me permitió ese tiempo porque fue el comienzo de la Renovación y porque Él estaba siendo gentil conmigo, llevándome junto con Él. Cuando descendí, estaba muy convencido de que había tenido un encuentro verdadero con Dios. Ya no podía dudar nunca más. Realmente se quedó dentro de mí. Yo pude dedicarme a mí mismo, a una vida de oración y a una vida de servicio, tuve la posibilidad de profundizar y abrazar a la cristiandad y seguir avanzando. Creo que necesité esos 9 meses simplemente para estar preparado.

Inmediatamente después del fin de semana, yo tuve 3 temores básicos con los que todavía que tratar. El primero ya lo mencioné, pero todavía estaba ahí. “¿Estaba yo solo?”. El segundo fue una gran pregunta para mí, “¿Seguiría siendo católico?”. La tercera pregunta fue, “¿Qué pensará la gente de mí?”. Yo no era tan fuerte como para no dejarme influenciar por la opinión de los demás. Así fue como manejé esas cosas.

La primera fue fácil de manejar con la ayuda de Dios. Yo descubrí que había más personas como yo. Tal vez hayan sido un número pequeño en ese entonces, pero yo estaba satisfecho. Ahora hay más personas que son como yo con las que puedo contar. Son como las arenas de la costa marina. Dios se encargó de mi problema de soledad rápidamente.

La segunda pregunta fue una muy crucial. “¿Seguiría siendo católico?”. En ese tiempo no era popular ser carismático y era menos popular ser católico en ciertos círculos. Yo crecí en una buena familia católica. Descubrí al moverme en círculos pentecostales, como se llamaba entonces, que estaba ante un reto. Era muy común que la gente dijera: “¿Has recibido el bautizo en el Espíritu?, qué bien. ¿Cuándo abandonas la Iglesia Católica?”. Era una pregunta temible, especialmente cuando recién acababa de decir, “Dios, haré todo lo que Tú quieres que yo haga”. Abandonar la Iglesia sería casi como romperme el corazón. Fue una pregunta muy difícil de manejar para mí.

Pero aún en la crisis, sucedieron algunas cosas muy buenas. Yo me di cuenta de que Dios no me estaba pidiendo nada de eso y esto me hizo sentir lleno de paz. La Iglesia Católica fue donde yo había experimentado al Señor desde niño, y ahí experimenté al Señor actuando con poder. Cuando me di cuenta de eso, creo que finalmente me hice un católico adulto. Fue un día importante para mí. Yo me convertí por elección y no sólo de nacimiento. Está bien ser católico de nacimiento, pero lo que debería suceder en la confirmación es que nos hiciéramos católicos por elección. Yo me establecí como soldado de Cristo después de atravesar por este periodo en el que se probó mi compromiso como católico. Algo importante se había completado. Era la renovación de mi Confirmación, y la experiencia temible fue parte de ella. Yo me paré como adulto y dije, “Este soy yo en el Señor y estoy orgulloso de serlo”.

Con respecto a lo que las personas pensaron de mí, por gracia de Dios, llegué a la conclusión de que no me importaba mientras yo estuviera obedeciendo a Dios. Yo no llegué a la conclusión por mí mismo. Tomó mucha gracia; es algo que todavía estoy descubriendo y en lo que estoy creciendo. Estoy aprendiendo a no dejarme intimidar por lo que la gente piense de mí, aprendiendo a ser fuerte en el Señor, siguiendo lo que Él dice, hallando lo que Dios está haciendo y siguiéndolo. Así es como quiero vivir mi vida.

En el primer año tuvimos la situación de que todos nuestros líderes se cambiaron fuera de la ciudad. Necesitábamos un nuevo líder y yo estaba ansioso ante una persona sabia y aprender. Al estar orando y pidiendo para que alguien fuera líder en las reuniones de oración, escuché al Señor decirme, “Eres tú”. Mi respuesta fue, “No, de ninguna manera, no este chico. ¿No te das cuenta lo inmaduro y lo tonto que soy? Pero seguí sintiendo al Señor decir, “Eres tú”. Entonces hice algo que ahora no me atrevería a hacer. Dije “Señor, no esperes que yo diga algo acerca de ser líder. Si Tú quieres que suceda, es Tu voluntad, no la mía”. Cuando nos reunimos todo el grupo de oración para compartir nuestro discernimiento, todos me señalaron y dijeron, “Dios quiere que David sea nuestro líder”. Yo lo acepté como la voluntad de Dios.

Yo pasé el verano de 1967 en Monte Vernon, Nueva York, en una casa con otros estudiantes de Duquesne. Fue una experiencia muy formativa en mi vida, tanto la de estar en la casa de Nueva York, como la de ser un tonto para Cristo. Recuerdo como fuimos a las calles a evangelizar sin siquiera saber lo que iríamos a decir. Decidimos que teníamos que regresar, orar, y descubrir cuál sería la predicación, al menos una sencilla, para hablarle a la gente. Después de algunas reuniones, regresamos y pudimos dar una predicación de una forma simple y clara.

Hubo varias fases de aprendizaje por las que tuvimos que pasar en las primeras etapas de la Renovación Carismática. La primera fase podría describirse como la fascinación con los dones espirituales. Parecían juguetes nuevos. Por ejemplo, era fascinante hablar en lenguas. Yo recuerdo estar orando por alguien que era lingüista de París, Francia. El me dijo, “Tu estás orando en un francés arcaico, que ya no se utiliza”. Yo pensé, “¡Oh, qué divertido!, quisiera hacerlo de nuevo”. El hecho de que se suponía era para glorificar al Señor de alguna manera se me olvidó, por el momento. Alguien oró en lenguas en voz alta en alguna reunión, entonces otra persona se levantó y lo interpretó. Finalmente, una tercera persona que no conocía a ninguna de las 2 anteriores, dijo: “Esto es grandioso”, y “Volvamos a repetirlo pero, ¿me pueden decir cuál fue el mensaje?”. Me tomó tiempo el aprender a no fascinarme con esas cosas, sino a estar fascinado con el Señor.

Cuando superamos la fascinación de los dones, creo que el peligro fue tratar a los dones espirituales como comunes. Por ejemplo, hay una profecía sencilla que yo he escuchado varias veces. Es, “Mi gente, los amo”. La gente tiende a olvidar estas palabras proféticas y eso es una tragedia. ¡Dios te ama!, esa es la profecía más común que yo he escuchado en casi todas las reuniones a las que acudí. Y nunca piensen que ésta no es una palabra preciosa de Dios. ¿Saben ustedes el porqué Él nos dice eso todo el tiempo? Es porque nosotros no lo creemos. No desdeñen las profecías, aun las más simples.

Dios renovó nuestra conciencia de los dones espirituales porque nosotros necesitábamos de ellos para poder crecer en nuestras vidas cristianas, no son adornos o atracciones. Si los apóstoles y María en el cuarto de más arriba, necesitaron discernimiento y dones espirituales, yo también los necesito. Si ustedes piensan que no, lo que ustedes básicamente están diciendo es, “yo soy mejor que ellos. Tal vez Pedro los necesitó, tal vez María los necesitó, pero yo no los necesito”. ¿Qué tan tontos pueden ser? Ellos los necesitaron. Yo los necesito. Ustedes los necesitan.

Para cerrar este testimonio, quiero decir que es importante ver a la Renovación Carismática como un trabajo de Dios. Eso no quiere decir que todo lo que ha pasado ha sido la voluntad de Dios. Gracias a Dios que Él no nos checa cuando nos alejamos de Él. Él es muy paciente, muy amable, muy amoroso. Todos somos testimonios de eso. Si significa que Dios pacientemente nos está dirigiendo, gentilmente, amorosamente. Por esta razón no hay que desdeñar lo que Dios ha hecho o cómo lo ha hecho.

Yo veo hacia el pasado y lo atesoro, pero no podemos vivir en el pasado. Debemos estar en contacto con Dios ahora, en el momento presente. Yo valoro las cosas que Dios hizo en los comienzos de la Renovación Carismática, aun cuando hubo muchas lecciones dolorosas, pero no tengo deseos de regresar. Los viejos buenos tiempos son ahora, los buenos tiempos; cuando Dios está actuando, no cuando Él actuó. Él está actuando ahora. Dios es un Dios dinámico, siempre moviéndose, y yo quiero estar con Él. Yo oro para estar con Él.

En el análisis final, nuestro criterio para evaluar a la Renovación Carismática es el mismo que utilizamos para evaluar cualquier cosa. Ama a Dios y ama a tu prójimo. ¿Está la Renovación Carismática ayudando a amar a Dios? ¿Está ayudando al amar al prójimo? Creo que esto es lo que Dios quiere construir en nosotros. Está tratando de construir gente que lo ama y que se ame entre sí. Así es como se gana el mundo.