Tu mejor amigo, el Espíritu Santo

Daniel Montes. Coordinador Región Centro RCC Argentina

Te llamará la atención el título, pero es así. El Espíritu Santo quiere ser tu mejor amigo. Y la mejor manera de ahondar en la amistad, es conocer más y mejor al futuro amigo.  

En hebreo, la palabra usada para decir amigo es rea´ y aparece 187 veces en la Biblia. Rea´ puede referirse a cualquier persona con la que uno tiene relaciones recíprocas. Y derivada de ésta, aparece también reah que se traduce “compañero o asistente”.

Por lo tanto, estás invitado de manera especial a tener una relación directa, recíproca con el Espíritu Santo, porque Él es una persona, la tercera Persona Divina.

Podrás saludarle, darle la bienvenida a tu vida, decirle “¡Buenos días amado Espíritu!”, y sentir en tu alma su suave respuesta a cada palabra tuya. Habrá reciprocidad, te lo aseguro. Es una suave y adorable Persona. Jesús lo trató con más delicadeza que con nadie. Hasta se le escucha decir a nuestro Señor: “¡Ay con que maltraten a mi Espíritu Santo!”, dicho de otra forma, “¡sean amorosos con Él más que con cualquier persona!”

El Espíritu Santo por mucho tiempo fue el “Dios desconocido”.  De hecho, el gran teólogo padre Antonio Royo Marín tiene un libro titulado “EL GRAN DESCONOCIDO, El Espíritu Santo y sus dones”.  Pero bendito sea Dios por esta hermosa Corriente de Gracia, la Renovación Carismática Católica, que nos trae el conocimiento vivo y palpitante de la hermosa Persona Divina del Espíritu Santo.

Pero el gran deseo de Jesús es que lo conozcas, que sea tu Paráclito. Ésta es una de las palabras usadas por Jesús para designar al Espíritu Santo (no dejes de leer Juan 14,15-17)

Paraklétos en tiempos bíblicos, era una persona a la que se llamaba para que ayude en tiempos de dificultad o necesidad. Es alguien que infunde ánimo a personas derrotadas o desanimadas. Y estamos en tiempos difíciles sin duda, y en tu vida personal has de tener momentos de desánimo, dificultad o necesidad, ¿quién no?  Pero tu amistad con el Espíritu Santo marcará la gran diferencia en tu vida y a tu alrededor. Puedo dar fe de que es así.

Viste cuando tenés que hablar de un gran amigo, y te preguntan por él, podrás responder con comparaciones. Dirás que es manso como un estanque, firme como una roca, “más bueno que el Quaker” (dicho popular). Todas las comparaciones sirven para conocer mejor a nuestro Amigo, el Espíritu Santo; su manera de obrar y de ser.  

Por eso, en esta serie de “Tu mejor amigo, el Espíritu Santo”, te lo presentaré hoy en esta comparación, muy usada en la Biblia: el aceite. Éste, como otros, son símbolos que, al conocer sus propiedades, nos ayudarán a conocer mejor cómo actúa nuestro amado Espíritu.

1Jn_2,20: Ustedes han recibido la unción del Espíritu, y todos tienen la verdadera sabiduría.

1Jn 2,27:  Ustedes conserven la unción que recibieron de Jesucristo y no tendrán necesidad de que nadie les enseñe; porque su unción, que es verdadera e infalible, los instruirá acerca de todo. Lo que les enseñe consérvenlo.

1Sam_16,13:  Samuel tomó el frasco de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. En aquel momento invadió a David el Espíritu del Señor, y estuvo con él en adelante.

Como primer aspecto, el aceite al caer sobre madera u otro material, deja una marca; lo hace de modo indeleble. Así es con el Espíritu, cuando cae su Presencia en tu vida, con la unción, marca e indica pertenencia. Esto sucedió en el día de tu Bautismo. Ya no te pertenecés, le pertenecés a Él.   Al igual que en la yerra, se marca el animal a fuego y dice de quién es, que no es un “don nadie”, así sucede con la marca de la unción del Espíritu. Te cuento que no se borra jamás, quedará en tu alma por toda la eternidad, dice con claridad que eres hijo de Dios ungido, marcado a fuego con el Espíritu. Pero tranquilo, no te quitará la libertad, sino que, todo lo contrario. Serás verdaderamente libre, lo dice Jesús en Juan 8,34.36: 34Jesús les contestó: “En verdad, en verdad les digo: el que vive en el pecado es esclavo del pecado. 36 Por tanto, si el Hijo los hace libres, ustedes serán realmente libres.” 

El Espíritu, con su marca, con su unción, te garantiza esa libertad que Cristo te ganó.  Entonces en este primer aspecto estás consagrado a Él con una pertenencia única, inquebrantable.

 

En un segundo aspecto, el aceite tiene un aroma particular, inconfundible y permanente. Así le sucede al que vive en relación permanente con el Espíritu y su unción. Despides aroma a santidad, no por la cara que pongas o tus prácticas externas, sino por tu estilo de vida. Un estilo donde prevalece la alabanza frente a la queja; la acción de gracias frente a lo cotidiano de la vida; la fe firme ante las dudas y los “leones” que te rodean; el perdón continuo ante los roces cotidianos con quienes vivís o servís; en una palabra, sos Jesús en todas partes. En público y en privado. De una sola pieza, “sin-cera” (así eran llamadas las esculturas genuinas, sin parches), sin fisuras ni dobles intenciones en lo que hacés o dejas de hacer. Pureza de corazón entendida como pureza de intención en todo lo que hagas, pienses o digas. Dios que todo lo ve, ve la misma persona tanto en el anonimato como en el hombre público o mujer que sos.

Reconozco a la distancia a estas personas, ¿podrían decir lo mismo de vos o de mí?  Es bellísimo estar con estas personas, te contagian y te dan ganas de ser como ellas; no imitando lo externo solamente, sino más bien preguntarles –“¿cómo hacés para ser así?”.   Te dirán: – “vivo en el Espíritu, tengo una relación hermosísima con Él”.

¡Amén!, que así sea hermano con vos y conmigo!

 

Un tercer aspecto que podés observar en el aceite es que lubrica los engranajes, suaviza el roce de las piezas. Si la llave gira con dificultad basta con colocar aceite lubricante y santo remedio. ¿Quién podrá lubricar al espíritu humano, al alma humana tan golpeada y erosionada por heridas y peleas sin fin? Porque seamos honestos, hasta en los mismos grupos de oración, comunidades y equipos de servicio hay roces y posiciones incómodas.

¿Por qué pasa esto? Porque no hemos sido ungidos lo suficiente por el Espíritu Santo. Sólo aparecerá el aceite lubricante del amor, del perdón, de la paz y de la sanación interior cuando estemos invadidos amorosamente por el Espíritu Santo y establezcamos una relación con Él.

 

¿Sabías que en el Tabernáculo de Moisés había una sola lámpara de siete luces? (Ex 37,17).   Estamos ahora en el cuarto aspecto del aceite.

El Lugar Santísimo era iluminado por esta sola lámpara alimentada por aceite. Sólo estaba permitida esta luz. De igual manera sólo la Luz brillante del Espíritu Santo arrojada por la unción, podrá revelarte el mundo espiritual. Y esta iluminación se dará en el Santuario de tu cuerpo, que es el nuevo Tabernáculo de Moisés, el nuevo lugar santísimo. Sí, escuchaste bien, tu cuerpo. Lo dice la bella Palabra de Dios: 1 Corintios 3,16: “¿No saben que son santuario de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?” Por eso has de cuidarlo y poner en práctica el Mandamiento olvidado: “…como a ti mismo”, cuidá tu cuerpo, lo que comés, lo que ves, lo que escuchás, y cuántas cosas más, forman parte de ejercer este mandato de “amarnos a nosotros mismos” en perspectiva bíblica. Este cuidado de tu santuario, evitará las sombras que aún arrojan dichos asuntos (malos hábitos, mañas, etc) sobre la luz del Espíritu que quiere mostrar y revelar. Si hay sombras interiores, hay zonas oscuras.

 

Un último aspecto a abordar, el quinto (hay muchos más, pero hasta aquí llegamos hoy) es la nutrición. Las mujeres nutren su cabello con óleos especiales; los alimentos en conserva, tienen aceite. Es esencial para la conservación de la vida. Hoy echamos un vistazo y vemos a muchos hermanos de la Renovación que se están secando, tal como los huesos secos de la visión de Ezequiel (Ez 37,1ss). ¿Qué está pasando en el Cuerpo de Cristo que hay miembros desnutridos? ¿Por qué algunos grupos de oración se han vuelto anémicos, casi anoréxicos?

¿Por qué entonces?

Porque aún no se ha recibido la suficiente nutrición del aceite del Espíritu Santo, falta la unción que alimenta y sustenta el espíritu humano.

Me encanta la visión que tuvo el profeta Zacarías de la Lámpara de siete luces de oro (Zacarías 4,2ss) donde hay depósitos por sobre las lámparas para que fluya aceite de continuo hacia ellas y jamás se agote la luz. En cambio, la lámpara de siete brazos que estaba en el Tabernáculo, tenía aceite sólo para una jornada, había que renovarlo todos los días.

 

A modo de conclusión de esta primera entrega, deseo fuertemente en mi corazón que el Espíritu Santo sea como esos depósitos que describe Zacarías en su visión, de tal manera que no deje de fluir el aceite del Espíritu en tu pujante vida.

Que al final de esta lectura tengas la convicción de que el Espíritu Santo no será ya una persona extraña y desconocida, sino que sea el inicio de una relación tan tierna e íntima, que su continuo fluir iluminará, sanará, fortalecerá, lubricará todas tus relaciones; apreciarás tu cuerpo como su Templo, y por sobre todas las cosas, los demás verán en vos a Jesús con su característico aroma de paz y amor.

“Amado Espíritu Santo, te amo y te adoro, gracias por permitirme hablar de Ti, aunque sea unos trazos de tu dulce Persona, sigue mostrándonos más y más quién eres, Amén. ¡¡¡Te amamos!!!”