Por: Equipo Nacional de Formación – RCC España

Ante la creación de un nuevo Grupo de Oración, nos encontramos entre otros aspectos a tener en cuenta, la importante decisión de tener que «bautizar» el Grupo con un nombre, tarea muy bonita y atrayente pero no exenta de dificultad, ya que requiere bastante oración y discernimiento porque tal y como vamos a compartir a continuación, el nombre es un aspecto de la persona, grupo u organización, bastante importante y decisivo que implica todo su ser completo. En Renovación Carismática solemos encontrarnos con nombres de todo tipo: sencillos, enrevesados, en castellano, en hebreo, arameo, latín, centrados en María, en Jesús, en el Espíritu Santo, la Trinidad, etc., y suele ser bastante divertido compartir sobre esta gran variedad de nombres, pero ¿qué es lo más importante a la hora de discernir sobre el nombre de Grupo? Como es lógico pensar, lo más importante para un buen discernimiento, nunca será el nivel de originalidad o lo raro e impronunciable que éste sea, tampoco lo atractivo o con gancho de marketing que podamos verle, sino que lo más importante será que ese nombre esté relacionado con nuestra propia identidad como comunidad y nuestro llamado común de Dios.

Algo muy interesante y recomendable es que toda la comunidad o Grupo, ore junto por este discernimiento y todos puedan tener voz para proponer algunas de las ideas que les venga al corazón, aunque la decisión última la tengan los servidores o líderes, responsables del Grupo en ese momento.

Por tanto, ¿por qué es importante la elección del nombre del Grupo de Oración? Porque no es solo un nombre, se trata de algo más, se trata de la identidad y misión que Dios quiere para con ese pueblo. ¿Por qué nos decimos esto? Nos basamos en ello al observar la importancia que bíblicamente tiene el nombre para las personas. Como Dios, al otorgar o cambiar el nombre a alguien, lo que está haciendo es darle una identidad y una misión concreta, por lo que el nombre para nosotros no es un simple modo práctico de nombrar un Grupo para diferenciarlo de otro, si no que tendrá presente la visión, misión y llamado que Dios nos propone como pueblo.

Para entenderlo bien hablemos del significado que bíblicamente tiene el nombre. Como decíamos tiene que ver con la misión que iba a tener en la vida, por tanto el nuevo nombre, cada vez que Dios se lo cambiaba a alguien tenía que ver con su identidad, su función y su ministerio. Así vemos a continuación algunos de esos casos como ejemplo:

 

 

  • Abram, a quien Dios le cambiaría el nombre por Abraham que significa «padre de las naciones» (Gn 1, 5). Sin duda Dios cumple su llamado, ya que es nuestro padre en la fe. A pesar de lo imposible que podía parecer por su situación. 
  • Sarai, a quien Dios le dará el nuevo nombre de Sara que significa «princesa» porque será madre de reyes (Gn 17, 16) 
  • El mismo nombre de Jesús habla de su misión, encomendada por Dios, ya que significa «Yavé Salva». Sabemos que es el mismo Dios quien pide a María que este sea su nombre, por lo que desde el primer momento saben que es lo que Dios hará a través suyo. 
  • Más literal imposible. Y como no, Pedro, «Porque sobre esta Roca  edificaré mi Iglesia». Aquí tenemos al primer Papa elegido directamente por Jesús y nombrado literalmente por Él

 Como vemos el nombre implica todo el ser de la persona, todo mi yo habla de esa identidad y misión. Así mismo nuestros Grupos, todo nuestro ser comunidad habla de ello. Si ponemos un nombre que haga presente a la Virgen María, no podemos obviarlo, y haremos todo lo posible porque ella reine en nuestra alabanza y oración para llevarnos a Jesús, si nuestro nombre habla de Dios, que nuestro Grupo y nuestras acciones hablen de Él para llevarlo al mundo, etc. Por tanto, viendo lo importante que es el nombre, no solo no podemos llamarnos de cualquier manera y ponerlo al azar, si no que una vez dado, una vez recibido el nuevo nombre de parte de Dios, ya no puedo permanecer igual, no puedo vivir de la misma manera. Como pueblo no podemos caminar de la misma manera, ya que Dios nos ha dado una identidad nueva, una nueva misión a la que tenemos que responder en fidelidad, como cada una de estas personas que hemos visto como ejemplo. Reflexionemos sobre los nombres de nuestros Grupos y respondamos a lo que Dios nos pueda estar pidiendo, para mayor Gloria suya y crecimiento de nuestra Iglesia.