VOLVER A LA PALABRA

Este año el Papa Francisco designó el Tercer Domingo durante el Tiempo Ordinario como el “Domingo de la Palabra de Dios” con la intención de renovar el valor y el gusto por la Palabra entre los cristianos. No es un dato más ni solamente una cuestión de devoción bíblica. EL Santo Padre tiene muy claro y así nos lo quiere hacer saber y sobre todo vivir el valor y la importancia de la Palabra de Dios en la vida cristiana. De hecho, escribe: “La relación entre el Resucitado, la comunidad de creyentes y la Sagrada Escritura es intensamente vital para nuestra identidad. Si el Señor no nos introduce es imposible comprender en profundidad la Sagrada Escritura, pero lo contrario también es cierto: sin la Sagrada Escritura, los acontecimientos de la misión de Jesús y de su Iglesia en el mundo permanecen indescifrables. San Jerónimo escribió con verdad: «La ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo» (In Is., Prólogo: PL 24,17).

Esto nos habla de la importancia de volver a la Palabra. En los primeros tiempos de la Renovación era común ver a los renovados con la Biblia en la mano. Si había alguna reunión eclesial era fácil distinguir a los de la Renovación porque eran los primeros en abrir sus Biblias. Hoy creo que hemos perdido un poco de ese amor a la Palabra. Con tristeza he comprobado personalmente las veces que muchos hermanos participan de Encuentros, Retiros, Prédicas, etc. sin la Palabra de Dios en sus manos. Mucho menos todavía el conocer, amar, valorar y vivir con la Palabra en la mano y en el corazón.

El Documento de Malinas I dice lo siguiente: “Uno de los frutos más importantes de la Renovación es un profundo amor a la Escritura. En las reuniones de oración se lee y saborea la Escritura como un acto de oración, en el espíritu de la lectio divina tradicional… Todo cristiano puede y debe acercarse a la Biblia con sencillez, porque es el libro del pueblo de Dios. Siempre que permanezca dispuesto a dejarse iluminar por la interpretación que le ofrece la fe viviente de la Iglesia, no corre el peligro de caer en esa interpretación individual y en ese literalismo estrecho que definen el fundamentalismo.”

Patti Gallagher Mansfield en el libro “Como un nuevo Pentecostés” hablando de lo que significó el Bautismo en el Espíritu Santo para los jóvenes de Duquesne expresa: “En resumen, Jesucristo es una persona real para nosotros, una persona real que es nuestro Señor y que toma parte activa en nuestras vidas. Leímos el Nuevo Testamento como si fuera literalmente  actual, en cada palabra, en cada línea. La oración y los Sacramentos se han convertido realmente en nuestro pan de cada día, en vez de prácticas que reconocemos como ‘buenas para nosotros’. Un amor por la Sagrada Escritura, un amor por la Iglesia que nunca creí posible…”

Para que empecemos a volver a la Palabra les ofrezco algunos textos para meditar:

1º La Palabra es lámpara y fuego: Sal 119, 105; Jer 20, 9. Lámpara que ilumina el paso que se da, no toda la carretera. Hay que tenerla encendida, como las vírgenes, para entrar en la boda. La usan los que quieren ver en medio de la oscuridad de los problemas y dificultades. Fuego que quema los huesos del profeta y que no se puede extinguir. También purifica (Jn 15, 3). Jesús – Palabra es la luz de este mundo (Jn 8, 12).

2º La Palabra es espada: Ef 6, 17b; Heb 4, 12. Espada para la batalla: El arma más importante del soldado. Identifica a los reyes. La Palabra de Dios es la mejor arma para la batalla espiritual y las insidias del enemigo, como Jesús en el desierto. De doble filo: corta por las dos partes, penetra a profundidad las motivaciones de los hombres. Todo está desnudo ante la Palabra; nadie la engaña. Jesús – Palabra penetra el corazón. Jesús conoce lo que hay en el interior de la persona. (Jn 2, 25). No sólo lo que hace, sino sus motivaciones.

3º La Palabra es martillo: Jer 23, 29. El martillo, como la palabra profética, destruye y construye: El profeta Jeremías proclama esta Palabra que destruye las viejas estructuras, pero construye una nueva alianza (Jer 1, 10). Golpea para triturar la arrogancia de los orgullosos y las imágenes de los ídolos que suplantan al verdadero Dios. Destruye la vanidad y la soberbia, así como los sofismas de los sabios ( 2 Cor 10, 4). Sin embargo, el martillo también afianza con clavos una estructura. Nuestra fe debe estar consolidada en y por la Palabra de Dios; de otra forma, se erosionaría con cualquier viento de doctrina novedosa. San Lucas escribió su evangelio para solidificar las enseñanzas recibidas.

4º La Palabra es agua y lluvia: Is 55, 10-11. Agua que fecunda y hace crecer la vida de Dios. El agua siempre es fuente de vida. Lluvia que cae del cielo (iniciativa divina) para refrescar la aridez del desierto. Jesús – Palabra tiene agua que brota de su seno (Jn 7, 37-38) en la cruz (Jn 19, 34). La samaritana suplica: “Dame de esa agua” que salta hasta la vida eterna (Jn 4, 15). En Emaús la Palabra de Jesús regó el espíritu seco y marchito de los discípulos.

5º La Palabra es miel: Sal 119, 103; Ez 2, 9 – 3, 3. El profeta Ezequiel se comió el libro que contenía la Palabra. Era dulce como la miel (Ez 2, 9 – 3,3). Como los discípulos de Emaús, todos hemos probado la amargura. Mas, para quienes hayan probado las amarguras de la vida, la miel es mucho más dulce. La Biblia endulza nuestro corazón que fue amargado por el pecado, la decepción o la traición. Es la fuente de la felicidad que cada uno busca ( Sal 1, 1-2). La Palabra de Dios se nos ha dado para ser felices (Deut 10, 12-13). La miel es dulce y agradable. Es símbolo de la alegría. Si se cumple, se ahorra la hiel del sufrimiento. También la miel, como la Palabra, es imperecedera.

6º La Palabra es semilla: Lc 8, 11. Semilla pequeña, pero capaz de producir vida. Una vez plantada en el corazón y en la mente, crece de día y de noche, sin que el hombre sepa cómo (Mc 4, 26-27). Jesús – Palabra es el sembrador que salió a sembrar la semilla = Palabra de Dios. En Emaús cada Palabra del Maestro germinaba en los corazones de aquellos dos discípulos.

7º La Palabra es alimento: Mt 4, 4. La semilla se convierte en alimento que, como el maná, permite llegar a la tierra prometida. Necesita del alimento que baja del cielo: La Palabra. Jesús – Palabra nos alimenta con su Palabra que es espíritu y vida (Jn 6, 63). En Emaús aquella noche Jesús se dio como alimento, primero con su Palabra y luego en la Eucaristía.

Para que volvamos a la Palabra y vivamos de ella.

Nota: Las imágenes están tomadas de “La Biblia no es un libro” de José Prado Flores.