Homilía – Monseñor Han Lim Moon 

Solemnidad del Nacimiento de Jesús

¡¡¡La noche que marcó «un antes y un después» en la historia de la humanidad!!!

¿Quieres que sea también tu «Noche Buena»?

La “Noche Buena” se distingue claramente de un “buenas noches”, que es un simple saludo deseando un buen reposo. En cambio, “Noche Buena” señala una noche en que sucedió un acontecimiento tan bueno e importante, el nacimiento de Jesucristo, que marcó un antes y un después en la historia de la humanidad, como lo vemos en nuestro calendario, independientemente de la fe que tenga o no en Él.

¿Por qué este acontecimiento es tan importante?

En primer lugar, esta noche apareció una gran luz en medio de la oscuridad de muchos hombres que viven sin tener orientación en su vida, ni en su camino. Y esa gran luz que apareció se llama Jesús, que quiere decir, “Dios Salva”, ya que Él salva a los hombres de esa oscuridad, de esa desorientación, del desánimo, de la desesperanza que están en lo profundo de su corazón. A partir de esa luz de Jesucristo los hombres que lo aceptan, empiezan a ver y recuperar el sentido de la vida y la esperanza (cf. San Juan 9, 4-5).

En segundo lugar, esta Noche Buena Dios rompió el silencio. Ese silencio de la indiferencia, de la frialdad, de la incomunicación, que  marca “distancia” a pesar de la “cercanía física”, que hace mal al hombre, del cual todos tenemos experiencia. Esta noche Dios rompió ese silencio con su Palabra que se hizo carne y habitó entre nosotros (cf. San Juan 1, 1- 15), que se llama Jesús, Hijo de Dios, quien salva rompiendo el muro de la incomunicación y de la división entre Dios y los hombres y de los hombres entre sí. Jesús nos salva como Palabra que comunica y reconcilia, creando la comunión con Dios y entre los hombres. ¡Cuánta necesidad tenemos de comunicación, diálogo y comunión! Y ¡Cuántas incomprensiones, divisiones, odio y guerras evitaríamos si tuviéramos diálogo! ¡Nos haría más hermanos!

La Palabra de Dios, de la cual hablamos esta noche, no la escuchamos, sino que la abrazamos porque la Palabra se hizo Bebé entre nosotros. Al abrazarlo, poco a poco, Él comienza a “derretir” la rigidez de la incomunicación y de la desunión. Efectivamente, cuando uno besa y abraza a un bebé, aunque él no sabe hablar como los adultos, realmente nos transmite ternura, amor, vida, paz, pureza, consuelo, aliento, esperanza. 

Por eso, te invito a que abraces con ternura la Palabra de Dios hecha Bebé, Jesús, para que Él sea, en esta noche, Palabra de tu reconciliación y de tu comunión, casi sin que te des cuenta. Porque Él vino a habitar entre nosotros como Palabra de la verdadera comunión. ¡Ojalá que encuentres entre tus familiares y amigos un bebé para tenerlo en tus brazos un largo rato, esta experiencia te ayudará muchísimo a comprender este misterio maravilloso!

Por último, quiero remarcar que esta noche Dios tomó la decisión de regalarnos a su Hijo más allá de querer recibirlo o no de nuestra parte, no es que Dios expresó su deseo con un “buenas noches”. Por esta maravillosa decisión de Dios a nuestro favor, la llamamos “¡Noche Buena!”.

Por eso, en esta Noche Buena alabamos a Dios Padre por su decisión, alabamos a Jesucristo, la Luz y la Palabra de comunión. Alabamos al Espíritu Santo quien engendró a Jesús en el seno de la Virgen María; y a Ella le damos gracias, muchas gracias porque nos trajo a Jesús, la Palabra hecha Bebé. ¡Feliz Noche Buena, Feliz Navidad para ti y para toda tu familia! Amén.