Este tiempo de Gracia que estamos viviendo nos puede servir para reflexionar sobre la realidad de la RCC en Argentina luego de 50 años. 

Sí. La RCC en Argentina cumple 50 años de vida y de servicio. No es poco… Tampoco es mucho…

 Y si lo analizamos en profundidad, quizás no seamos muchos,  pero tampoco somos pocos…

Sumarse a este camino de santidad, a esta gran aventura evangelizadora, a esta misión de dar a conocer el amor de Dios manifestado en Jesucristo el Señor con la guía y el poder del Espíritu Santo es para locos… ¡Locos de amor y de pasión!

Un jubileo es tiempo de festejo y reflexión. Es tiempo de alegría y de preguntas. Estos 50 años, en mi opinión, el Equipo Nacional propondrá lo que ellos consideren necesario, nos tienen que adentrar en un camino de dos vías. 

Por un lado, la fiesta y la alegría del servicio realizado, con luces y sombras, pero siempre buscando ser fieles a la voluntad amorosísima de Dios. El Papa Francisco nos enseña el sentido profundo y verdadero de la fiesta: “Comenzamos por la fiesta, que es un invento de Dios. El libro del Génesis nos dice que al final de la creación Dios contempló y gozó de su obra. Dios nos enseña que festejar no es conseguir evadirse o dejarse vencer por la pereza, sino volver nuestra mirada hacia el fruto de nuestro esfuerzo con gratitud y con benevolencia… 

“… Desterremos esa idea de fiesta centrada en el consumo y en el desenfreno y recuperemos su valor sagrado, viéndola como un tiempo privilegiado en el que podemos encontrarnos con Dios y con el hermano “. (Audiencia 12/08/2015).

Me parece muy importante que nos acerquemos a nuestra historia con mirada agradecida, con el corazón contemplativo que nos permita ver el camino que Dios ha realizado. Ver la historia como “historia de salvación”. La historia de cada uno de nosotros, llamados por el Señor a encontrarnos con Él en la Renovación. La historia de cada uno de nuestros Grupos de Oración, en esta Parroquia concreta, en esta Diócesis. La historia de los que nos han precedido, de los que iniciaron, de los que todavía están, de los que no están, de los que ya partieron a la fiesta definitiva del Cielo. ¡Cuánto para contemplar! ¡Cuánto para agradecer! ¡Cuánto para festejar!

Por el otro, el tiempo de las preguntas, de la reflexión, del revisar, del definir los nuevos desafíos. Retomo en este aspecto lo que escribía el año pasado también para esta fecha. Algunos desafíos que nos confrontan. 

Desafíos en cuanto a la identidad

  • RENOVAR TODA LA IGLESIA. Está claro y el Papa Francisco lo ha dicho en varias oportunidades, la RCC como “Corriente de Gracia” está llamada a renovar toda la vida de la Iglesia. No es para algunos miembros sino para todos. No tiene un carisma particular como muchos movimientos sino el don de suscitar carismas para la Iglesia.
  • ASUMIR EL ROL QUE DIOS Y LA IGLESIA LE ENCOMIENDAN. El Papa Francisco ha insistido en que la RCC tiene un rol esencial en este tiempo concreto de la historia. El compartir en la Iglesia el Bautismo en el Espíritu Santo. Es un llamado fundamental e importantísimo. Somos la herramienta que Dios y la Iglesia quieren usar para llegar al corazón de los hombres de este mundo.
  • MADURAR EN LA COMUNIÓN. Especialmente con las demás expresiones de la RCC y con las demás estructuras de la Iglesia. En algunos lugares se percibe una ausencia de la RCC en la pastoral de conjunto de las comunidades y muchas veces una ausencia de diálogo real con las otras expresiones de la RCC como Corriente de Gracia. Es esencial para lograr los objetivos que la Iglesia nos propone el que maduremos en este aspecto. Diálogo sincero, cercanía, servicio desinteresado.
  • La RCC ha sido llamada por Dios para ser instrumento de conversión de los hombres. La conversión verdadera implica el deseo de la santidad. SER SANTOS es el mandato de Jesús. Y esto es una cosa seria, importante, que implica prioridades, actitudes y acciones. 

Algunos desafíos de la vida cotidiana.

  • Uno de los elementos esenciales de la RCC es la alabanza a Dios. Hoy se percibe una debilidad muy grande en este aspecto. Se canta mucho y se alaba poco. La alabanza es la clave de nuestra vida espiritual y comunitaria. Por eso se hace necesario fortalecer la alabanza en nuestros Grupos de Oración.
  • VIDA CRISTIANA. Creo que el mayor desafío que tenemos es lograr que los fieles que participan de la RCC comprendan y asuman que la RCC no es para sentirse bien sino para crecer y madurar en la vida espiritual y en la santidad. Deberemos orar y trabajar más en este sentido. Si los fieles no asumen una vida espiritual sana y verdadera será imposible que la RCC logre asumir y vivir los desafíos de este tiempo.
  • CENÁCULOS PENTECOSTALES. Nuestros Grupos de Oración están llamados a ser cálidos espacios de oración comunitaria que alimenten el fuego de un ardor incontenible en los que se renueve cada vez un Nuevo Pentecostés, una venida del Espíritu Santo, que renueve nuestra alegría y nuestra esperanza para que la comunidad cristiana se convierta en un poderoso centro de irradiación de la vida en Cristo que nos impida instalarnos en la comodidad, el estancamiento, y en la tibieza (Cfr. Doc. Aparecida nº 362).
  • PERSONALIZACIÓN. Así como Jesús se detuvo en medio de la multitud que lo apretujaba para descubrir a la mujer con hemorragias, así también nosotros debemos volver a detenernos ante cada hermano que llega a nuestro grupo de oración. Es verdad que hay muchas cosas por hacer, pero lo más importante es el hermano. Detenernos, mirarlo a los ojos, darle la importancia que merece, escucharlo atentamente. Después vendrá el resto.

Para celebrar y reflexionar.

¡Ven Espíritu Santo!