Puedes ir preso por encender fuego, menos en este caso.

Un incendio premeditado que no es delito

EL ÚNICO INCENDIO PERMITIDO

Cuando viajas por las sierras de Córdoba, abundan carteles que advierten: “Es delito encender fuego”, “Cuando hay un incendio, miles de especies mueren”, etc. Todo con el fin de concientizar y así evitar incendios que destruyen el medio ambiente; por eso el rigor de la pena para los incendios intencionales.

Pero hay un fuego que es legal, que está permitido y hasta premeditado, que es intencional. Es el fuego de Dios. ¡Dios puede encender fuegos aún con leña húmeda!  Dios puede hacer arder a cualquier persona, y aún cualquier cosa, tal como lo hizo con la zarza ardiente de Moisés.

 Algo extraordinario sucedía con la zarza de Moisés, ardía y no se consumía. “(Dios el Señor)… se le apareció en forma de llama de fuego, en medio de una zarza. Vio que la zarza estaba ardiendo, pero que la zarza no se consumía.” (Éxodo 3,2).

Cuántas veces escuchamos a hermanos orar así  “¡Oh Dios, consúmeme con tu fuego!”                   No sé vos, pero al menos en mi caso ¡yo no quisiera convertirme en un cúmulo de cenizas! Por eso prefiero hacer esta oración: “Señor, ¡hazme arder para seguir ardiendo para Ti!”, es decir, una llama que jamás se apague, como la zarza de Moisés. Como dice esa antigua y hermosa canción: “¡Ardiendo en fuego, mi alma está…Oh Aleluya…ardiendo mi alma está! ¡Oh Señor quiero que ardas en mi ser, como la zarza quiero arder con tu poder!”.

  Vemos que hay muchos cristianos que se están consumiendo en un fuego que no es el de Dios, se están consumiendo en un fuego extraño, algo de esto lo puedes leer en Números 3,4: ”Mas Nadab y Abihú murieron delante del SEÑOR, cuando ofrecieron fuego extraño delante del SEÑOR”.

  El Evangelio es fuego. Sin fuego no hay Evangelio. Es más, el fuego está presente desde el inicio del Nuevo Testamento.  Juan el Bautista es el testigo de la luz, que en griego es fós, que significa también fuego, resplandor (Juan 1,8); y va más allá cuando se refiere a Jesús: “Él los bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Mateo 3,11). Juan preparaba el camino para que Jesús hiciera del suyo, “el” Camino, al punto que Él es el Camino. En este Camino, Él te bautiza con Espíritu Santo y fuego; esta es su misión esencial hoy, esta es la misión que significa su Nombre “Cristo”, el “Mesías”: es el Ungido con Espíritu Santo de manera infinita para ungir a sus discípulos. Este bautismo con fuego, es una experiencia que Cristo tiene preparada para vos también. Bautismo en fuego líquido, algo sobrenatural y todopoderoso. ¿Por qué digo esto? Porque las aguas bautismales de Jesús son de fuego, no son aguas frías. Por eso Jesús bautiza en un fuego líquido.

 Esto es Renovación Carismática, esto venimos experimentando, predicando y llevando multitudes a una vivencia ardiente del Evangelio, a ser embajadores del Bautismo en el Espíritu Santo en todo el mundo.

 Muchos de nosotros -yo fui uno de estos casos- nos quedamos en el frío bautismo de cuando éramos niños. Pasaron los años, y el Espíritu Santo no era en mi vida sino  el Dios perfectamente desconocido. Hasta que un día recibí el anuncio del Evangelio con poder, y fui bautizado en Espíritu Santo… y fuego.

El Espíritu de Dios ya había encendido la mecha de su fuego en mi corazón. Y desde ese momento, supe que no podía dejar de compartirlo. Aprendí (y aún lo sigo haciendo) qué es eso de “separados de Mí nada pueden hacer” (Juan 15,5), y también tomó dimensión 3D, esta sorprendente Palabra suya “que no hicieran nada hasta que recibieran poder de lo Alto” (paráfrasis de Hechos 1,4-5.8). Ese poder de lo Alto llegó y bajó en forma de lenguas de fuego sobre los discípulos el día de Pentecostés, y fueron empujados con decisión a anunciar la Buena Nueva de Jesús el Mesías, el Resucitado que da el Espíritu Santo sin medida.

  Ya los discípulos habían sido entrenados por el Maestro al ser enviados de dos en dos a encender los pueblos con el fuego del Evangelio (Lucas 10,1). Así también muchos de nosotros lo estamos haciendo en nuestros lugares. Esto trae a mi memoria el siguiente pasaje de la Escritura:

 Cuando Sansón envió zorras de dos en dos, atando a sus colas antorchas, para quemar los campos del enemigo (Jueces 15,4-5)” Se fue Sansón y atrapó trescientas zorras. Tomó unas antorchas y ató a las zorras de a dos por la cola poniendo una antorcha entre medio. Luego encendió las antorchas y soltó a las zorras en los campos de los filisteos. Así quemó todo: los atados, el trigo en pie y hasta las viñas y los olivares.”  

 Hoy el Señor envía a los bautizados en el Espíritu a ser testigos hasta los confines de sus existencias, incendiando los territorios del diablo con el fuego del Evangelio. Si hoy, los que fuimos bautizados en el Espíritu, no somos los nuevos Elías que traigamos fuego del Cielo, ¿quién lo hará?

Si tu Grupo de Oración ha caído en la rutina y la alabanza es fría, ¿será que necesita urgente fuego del Cielo? Si el grupo no crece en número de salvados en Cristo, y bautizados en el Espíritu, ¿será que hará falta que vuelva a caer fuego de Dios sobre los servidores y orantes? Porque cuando este fuego es real, es decir, del Espíritu, el equipo de servicio preparará a conciencia y en docilidad la próxima reunión de oración; si es un Ministerio de Evangelización, preparará con bastante anticipación en oración, discernimiento y entrenamiento el próximo Seminario de Vida a impartir; si es un Ministerio de Intercesión, tomará como norte la inspiración del Espíritu para orar conforme al corazón de Jesús; y muchos ejemplos más que se podrían dar. 

Este es el camino de Dios para tu vida. Lo fue en estos 50 primeros años de Renovación Carismática en Argentina, y puedo decirte ahora con total convencimiento de fe, altamente atrevido, que esto recién empieza. El fuego de Pentecostés pronto está a reavivarse una vez más, pero es necesario la obediencia a lo esencial del mandato de Jesús, su Gran Comisión: “Vayan-salgan- y anuncien esta Buena Nueva a toda criatura”  (Mc 16,15),  y “Vayan-salgan- y hagan discípulos a TODAS las naciones”.  (Mt 28,19). 

¡Gloria a Dios por esta hermosa Corriente de Gracia que es la Renovación Carismática en nuestra Iglesia Católica, que no dejó de arder desde hace 50 años en nuestra nación Argentina, y desde hace 53 años en el mundo!

¿Estás listo para incendiar junto a tu hermano los campos del enemigo y así rescatar almas para la eterna Gloria de Dios?  Manos a la obra entonces, ¡salgamos! ¡No hay tiempo que perder!