CHARIS: Argentina Presente

CHARIS: Argentina Presente

Argentina presente en la Primera Conferencia Internacional para Líderes de las Comunidades Carismáticas organizada por CHARIS

Del 15 al 17 de enero 2020 en Recife-Brasil tres argentinos participaron de la I Conferencia para líderes:

  • Asesor Nacional Padre Carlos Acosta, responsable de la Secretaría Nacional de Formación y Evangelización y responsable del Ministerio Nacional de Sanación y Liberación.
  • Oscar Martínez, representante de Comunidades de Alianza en Argentina, responsable de la Comisión de Ecumenismo, Diálogo y Política.
  • Silvia Diaz, quien fue a representar su Comunidad Adoremos al que Vive.

El Padre Carlos Acosta  nos comparte esta reflexión de lo vivido:

 Juan 3,8 nos dice: «El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu.»

Las palabras del Señor a Nicodemo iluminan la experiencia vivida en Recife, Brasil, en el Encuentro de líderes de  Comunidades Carismáticas convocado por CHARIS. 

En un tiempo de crisis en las Órdenes Religiosas tradicionales por la falta de vocaciones, la unción y consagración que hemos recibido en el Bautismo no se agota. Es un nuevo tiempo, y el Espíritu inquieto de Dios es novedad. Sabemos que «todo sucede para bien de los que aman a Dios». Así como en los tiempos de mayor prueba para la Iglesia nacían nuevas Congregaciones, franciscanos, dominicos y las grandes  Órdenes-congregaciones, en el hoy de la Iglesia el Espíritu sigue originando nuevos carismas para edificación de su Iglesia. Pero sobre todo el Bautismo en el Espíritu ha despertado en el laico su conciencia de la consagración recibida en el Bautismo sacramental. Así el Señor promueve el deseo de una vida comunitaria dentro de la gran familia que es la Iglesia.

La vivencia y la experiencia de la vida comunitaria se vivía en un mismo idioma, a pesar de que había representantes de nuevas Comunidades de todo el mundo, el idioma de la Iglesia Católica era el idioma del Espíritu «un solo corazón y un solo espíritu».

Pidamos para la Argentina, en este año jubilar que estamos celebrando, que el Señor nos permita unirnos en un mismo trabajo evangelizador con las Comunidades que han surgido de esta bendita Corriente de Gracia que es la RCC, que se sanen todas las heridas que pueda haber  provocado la distancia y que también nos dé la gracia de acompañar y apoyar las nuevas Comunidades que el Señor va suscitando.

CHARIS. Primera Conferencia Internacional para Líderes de las Comunidades Carismáticas

Tres fueron las temáticas abordadas del 15 al 17 de enero 2020 en Recife-Brasil y compartida, alguna de ellas como formación en el idioma original de los disertantes en CHARIS

El miércoles 15 se abordó el enfoque sobre la “Evangelización de jóvenes” a partir de experiencias reproducibles de comunidades que trabajan con jóvenes.

  El  jueves 16 el tema fue el ”Tratamiento de abusos en las Comunidades”. Algunos pueden pensar que las comunidades carismáticas están a salvo de los problemas de abusos sexuales o abusos de autoridad que están en los titulares de todo el mundo; la realidad muestra que este no es el caso. Es importante reflexionar sobre este tema para tomar con humildad las medidas necesarias para prevenir este grave problema. Ver la formación de Jean-Luc Moens. 

El viernes 17 el tema fue “Avanzar en aguas profundas”. Las comunidades responden al llamado del Papa Francisco de «servir a la unidad del Cuerpo de Cristo, la Iglesia, la comunidad de creyentes en Jesucristo y servir a los pobres y a los más necesitados de ayuda física o espiritual». 

Espíritu Santo: Fuego, parte I

Espíritu Santo: Fuego, parte I

Cuando estamos encendiendo el fuego para el asado o para el hogar, debemos avivarlo soplando fuertemente. Los más avezados usan un secador de cabello, ¡y funciona!, ¡créeme! Cada tanto debemos acercarnos a la fogata y agitarla para que las brasas calienten más y más hasta la temperatura ideal para hacer lo que tenga que hacer, un rico asado (barbacoa en otros países) o un fuego que calienta toda una atmósfera fría. Con seguridad, has recibido el Bautismo en el Espíritu Santo…y fuego. (Mateo 3,11; Lucas 3,16). Lo hizo Jesús en tu vida conforme a la sentencia bíblica que se oyó por boca de San Juan el Bautista: “Él los bautizará en Espíritu Santo y fuego”.

Pero te puede pasar a vos, me puede pasar a mí lo que a Timoteo. Esto me llamó poderosamente la atención en este fiel amigo y discípulo de Pablo. Timoteo era joven y pastor de una gran comunidad. Los obstáculos a vencer no eran pocos, pero parece que se estaba enfriando, ya sea por temor o porque el celo por la Buena Nueva del Señor estaba decayendo. Pablo no permitió que esto avanzara y le recuerda:
“te recomiendo que reavives el carisma de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.” 2 Timoteo 1,6. Necesitaba avivar el don, el carisma que ya estaba en él; tal como cuando uno sopla en el centro de los leños y la llama se reaviva.

Aquí hay dos caras de la misma moneda, déjame decírtelo: una es la persona misma de Timoteo (¿o tal vez vos, o yo?) y la otra es la mismísima Persona del Espíritu Santo.

Las brasas por sí solas tienden a cubrirse de cenizas y a apagarse, por eso necesitan del “avivamiento”. El fuego está allí, pero hay que avivarlo. ¡Alguien tiene que tomar la iniciativa! ¿Adivina quién? Vos. Sí, vos y nadie más que vos tiene la responsabilidad de que la llama no se apague.

Me encanta esta anécdota:
Había una vez un padre cuyas hijas siempre le hacían muchas preguntas.
Algunas, las sabía responder, otras, no tenía la mínima idea de la respuesta.
Como pretendía ofrecer la mejor educación a sus hijas, las envió para pasar las vacaciones con un viejo sabio que vivía en lo alto de una colina.
Este, a su vez, respondía todas las preguntas sin dudar.
Muy impacientes con esa situación, pues constataron que tal anciano era realmente sabio, decidieron inventar una pregunta que el sabio no supiera responder.
Pasaron algunos días y una de las niñas apareció con una linda mariposa azul y dijo a su hermana:
“¡Esta vez, el sabio no va a saber la respuesta!”
“¿Qué vas hacer?” Le preguntó la otra niña.
“Tengo una mariposa azul en mis manos. Voy a preguntarle al sabio si la mariposa está viva o muerta. Si él dijera que está muerta, voy a soltar mis manos y dejarla volar hacia el cielo. Si él dijera que está viva, voy apretarla rápidamente, aplastarla y, así, matarla. Como consecuencia, cualquier respuesta que el anciano nos dé va a estar equivocada.”
Las dos niñas fueron, entonces, al encuentro del sabio, que estaba meditando bajo un eucalipto en la montaña.
La niña se acercó y le preguntó si la mariposa en su mano estaba viva o muerta.
Calmo, el sabio sonrió y le respondió:
“Depende de usted. Ella está en sus manos.”

Esta es una cara de la moneda, lo que depende de ti. ¿Cómo avivas el fuego? Tres atizadores para reavivar la llama: Uno, ora (ve a 1 Timoteo 2,1). Dos, testifica el Evangelio de Jesucristo con poder (ve a 2 Timoteo 1,8; 4,2). Tres, ama como Jesús te ama, “les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Ustedes deben amarse unos a otros como yo los he amado.” Juan 13,34. Ora, evangeliza con poder y ama.
Retomando el capítulo 1 de la 2° carta a Timoteo, vamos ahora al versículo 7 que nos revela la otra cara: “Porque el Espíritu que Dios nos ha dado, no es un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” Es el Espíritu Santo mismo.

El Espíritu Santo no genera temor en nosotros, “Porque el Espíritu que Dios les ha dado no los esclaviza ni les hace tener miedo. Por el contrario, el Espíritu nos convierte en hijos de Dios y nos permite llamar a Dios: «¡Papá!» (Romanos 8,15), sino más bien genera poder, amor y disciplina
(mente sana, dominio propio). ¡Todo discípulo necesita estas tres cosas!

El Espíritu Santo es el poder en nuestras vidas, “recibirán poder cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes; y serán Mis testigos…”(Hechos 1,8); “A Dios que tiene poder para realizar todas las cosas incomparablemente mejor de lo que podemos pedir o pensar, conforme al poder que actúa en nosotros” (Efesios 3,20); “Todo lo puedo en Cristo que me da la fuerza.” (Filipenses 4,13). Pablo usa la palabra «poder» en todas sus cartas, excepto en la que escribió a Filemón.

El Espíritu también nos da amor, porque el fruto del Espíritu es amor (Gál_5:22). Nuestro amor por Cristo, por la Palabra, por otros creyentes y por los perdidos debe proceder del Espíritu (Rom_5:5). El Espíritu también nos da disciplina y dominio propio; como resultado, no somos fácilmente arrastrados por nuestras emociones o circunstancias. Cuando el Espíritu está en control, experimentamos paz y sosiego, y el temor y la cobardía se desvanecen. Nótese Hch_4:1-22, el versículo Hch_4:13 en especial.

El Espíritu Santo nos da la disciplina, el dominio propio. La palabra original es sófronismós, una de las grandes palabras griegas intraducibles. Alguien la ha definido como » la sensatez de la santidad.» Otro como «el dominio propio frente al pánico o la pasión.» Es el Espíritu el único que nos puede dar ese dominio propio que nos mantendrá libres tanto de ser arrebatados como de salir huyendo. Ninguna persona puede nunca dirigir a otras a menos que se haya dominado a sí misma. Sófronismós es ese dominio propio que Dios da que hace a una persona capaz de dirigir a otros porque ella misma es antes de nada servidora de Cristo y dueña de sí misma.

Y todo tiene un propósito clarísimo, lo leemos en 2 Tim 1,8.  

Veamos. El “-Por tanto…” indica el para qué lo anterior.

«-no te avergüences…». El tiempo del verbo griego significa «nunca te avergüences», y no, «que dejes de avergonzarte». Timoteo no se había avergonzado del Evangelio; que no empiece a hacerlo ahora. Ni vos ni yo nos avergonzaremos. En Rom 1,16 Pablo explica por qué no hay que sentir vergüenza por el Evangelio: “No me avergüenzo de la Buena Noticia (Evangelio), porque es poder de Dios para salvación a todo el que cree”.

—»de dar testimonio de nuestro Señor». El texto griego no dice «dar testimonio»; dice, «no te avergüences del testimonio de nuestro Señor «. Es clarísimo.

–“sino, al contrario, soporta conmigo los sufrimientos por la Buena Noticia, ayudado por el poder de Dios”. El Espíritu Santo, Fuego de Dios, te dará poder para soportar todo sufrimiento que acarree el anunciarle y testificarle. ¿Pero sabes qué? No estás solo, otros también soportarán contigo estos desafíos de anunciar sin vergüenza la Buena Noticia de Jesús.

¿Ya tienes en claro las dos caras de la moneda?

Homilía Mons Han Navidad 2019

Homilía Mons Han Navidad 2019

Homilía – Monseñor Han Lim Moon 

Solemnidad del Nacimiento de Jesús

¡¡¡La noche que marcó «un antes y un después» en la historia de la humanidad!!!

¿Quieres que sea también tu «Noche Buena»?

La “Noche Buena” se distingue claramente de un “buenas noches”, que es un simple saludo deseando un buen reposo. En cambio, “Noche Buena” señala una noche en que sucedió un acontecimiento tan bueno e importante, el nacimiento de Jesucristo, que marcó un antes y un después en la historia de la humanidad, como lo vemos en nuestro calendario, independientemente de la fe que tenga o no en Él.

¿Por qué este acontecimiento es tan importante?

En primer lugar, esta noche apareció una gran luz en medio de la oscuridad de muchos hombres que viven sin tener orientación en su vida, ni en su camino. Y esa gran luz que apareció se llama Jesús, que quiere decir, “Dios Salva”, ya que Él salva a los hombres de esa oscuridad, de esa desorientación, del desánimo, de la desesperanza que están en lo profundo de su corazón. A partir de esa luz de Jesucristo los hombres que lo aceptan, empiezan a ver y recuperar el sentido de la vida y la esperanza (cf. San Juan 9, 4-5).

En segundo lugar, esta Noche Buena Dios rompió el silencio. Ese silencio de la indiferencia, de la frialdad, de la incomunicación, que  marca “distancia” a pesar de la “cercanía física”, que hace mal al hombre, del cual todos tenemos experiencia. Esta noche Dios rompió ese silencio con su Palabra que se hizo carne y habitó entre nosotros (cf. San Juan 1, 1- 15), que se llama Jesús, Hijo de Dios, quien salva rompiendo el muro de la incomunicación y de la división entre Dios y los hombres y de los hombres entre sí. Jesús nos salva como Palabra que comunica y reconcilia, creando la comunión con Dios y entre los hombres. ¡Cuánta necesidad tenemos de comunicación, diálogo y comunión! Y ¡Cuántas incomprensiones, divisiones, odio y guerras evitaríamos si tuviéramos diálogo! ¡Nos haría más hermanos!

La Palabra de Dios, de la cual hablamos esta noche, no la escuchamos, sino que la abrazamos porque la Palabra se hizo Bebé entre nosotros. Al abrazarlo, poco a poco, Él comienza a “derretir” la rigidez de la incomunicación y de la desunión. Efectivamente, cuando uno besa y abraza a un bebé, aunque él no sabe hablar como los adultos, realmente nos transmite ternura, amor, vida, paz, pureza, consuelo, aliento, esperanza. 

Por eso, te invito a que abraces con ternura la Palabra de Dios hecha Bebé, Jesús, para que Él sea, en esta noche, Palabra de tu reconciliación y de tu comunión, casi sin que te des cuenta. Porque Él vino a habitar entre nosotros como Palabra de la verdadera comunión. ¡Ojalá que encuentres entre tus familiares y amigos un bebé para tenerlo en tus brazos un largo rato, esta experiencia te ayudará muchísimo a comprender este misterio maravilloso!

Por último, quiero remarcar que esta noche Dios tomó la decisión de regalarnos a su Hijo más allá de querer recibirlo o no de nuestra parte, no es que Dios expresó su deseo con un “buenas noches”. Por esta maravillosa decisión de Dios a nuestro favor, la llamamos “¡Noche Buena!”.

Por eso, en esta Noche Buena alabamos a Dios Padre por su decisión, alabamos a Jesucristo, la Luz y la Palabra de comunión. Alabamos al Espíritu Santo quien engendró a Jesús en el seno de la Virgen María; y a Ella le damos gracias, muchas gracias porque nos trajo a Jesús, la Palabra hecha Bebé. ¡Feliz Noche Buena, Feliz Navidad para ti y para toda tu familia! Amén. 

NO QUIERO MÁS NADA EN ESTA NAVIDAD, ¡SOLO A DIOS!

NO QUIERO MÁS NADA EN ESTA NAVIDAD, ¡SOLO A DIOS!

¡Comenzó diciembre y llegó la Navidad! En realidad no ha llegado, apenas vamos en camino. Y es que ese es el error más común que cometemos al referirnos a estos días, sustituimos al verdadero dueño de esta época tan hermosa dándole el lugar del nacimiento del Niño Dios al dios del dinero y del consumismo para que ´nazca por montones´ en nuestros bolsillos y podamos sentirnos como que estamos viviendo una verdadera Navidad.

Pensando mucho sobre estos días, he asimilado que la Navidad del mundo me hace olvidar del Adviento como tiempo litúrgico y como época propicia y necesaria para que, en medio del silencio, la oración y la profunda meditación de lo vivido este año, pueda reflexionar sobre qué quiero que haga Jesús en mi vida durante esta navidad. Es tiempo de exponer mis oscuridades para que la luz que llega al mundo a cambiarlo, venga a develar las incertidumbres de mi corazón y a darme una vida nueva.

La clave de estos días tan queridos por muchos, es aprender a ver el mundo con los ojos de la esperanza; una esperanza que nos muestra una brillante estrella a lo lejos y que nos anima a vivir como otro Jesús en el mundo. El camino del Adviento hacia el pesebre de Belén no podemos hacerlo con los ojos vendados sin saber qué es lo que seguimos o a quién seguimos, los ojos del corazón deben estar puestos en el mismo Jesús que llega a encarnarse para cambiarnos la vida.
En muchos lugares del mundo hoy la crisis económica y social opaca muchos corazones, los entristece y los deprime. Muchos no tienen una cena de Navidad que compartir, otros no tienen los recursos para comprarle regalos a sus seres queridos, y algunos otros más, tienen a sus familias lejos, lo que les hace pensar que la navidad sencillamente desapareció o no vale la pena celebrarla.

De un tiempo para acá he entendido la Navidad a partir de una canción muy hermosa que le devuelve la paz a mi corazón. He entendido que hay Navidad cuando das sin esperar, cuando amo profundamente a los que están a mi alrededor y aún más si temporalmente no lo están, cuando perdono en situaciones en las que el mundo regularmente me llamaría al rencor, cuando le doy la mano a quien verdaderamente lo necesite. Todas estas acciones son sembradoras de paz en el corazón del hombre y yo sí soy partidario real de que mi sonrisa puede transformar el rostro del otro.

Así quiero vivir estos días de Adviento, preparándome para acoger en mi corazón a Jesús. No quiero darle cabida a más nada en esta Navidad, solo a Dios, por quien celebro verdaderamente esta época. ¡Acompáñame a correr la voz! Jesús está por nacer.

Por José Andrés Hurtado
Ministerio Evangelización RCC Radio FM.
Red de emisoras Minuto de Dios

VOLVER A LA PALABRA

VOLVER A LA PALABRA

VOLVER A LA PALABRA

Este año el Papa Francisco designó el Tercer Domingo durante el Tiempo Ordinario como el “Domingo de la Palabra de Dios” con la intención de renovar el valor y el gusto por la Palabra entre los cristianos. No es un dato más ni solamente una cuestión de devoción bíblica. EL Santo Padre tiene muy claro y así nos lo quiere hacer saber y sobre todo vivir el valor y la importancia de la Palabra de Dios en la vida cristiana. De hecho, escribe: “La relación entre el Resucitado, la comunidad de creyentes y la Sagrada Escritura es intensamente vital para nuestra identidad. Si el Señor no nos introduce es imposible comprender en profundidad la Sagrada Escritura, pero lo contrario también es cierto: sin la Sagrada Escritura, los acontecimientos de la misión de Jesús y de su Iglesia en el mundo permanecen indescifrables. San Jerónimo escribió con verdad: «La ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo» (In Is., Prólogo: PL 24,17).

Esto nos habla de la importancia de volver a la Palabra. En los primeros tiempos de la Renovación era común ver a los renovados con la Biblia en la mano. Si había alguna reunión eclesial era fácil distinguir a los de la Renovación porque eran los primeros en abrir sus Biblias. Hoy creo que hemos perdido un poco de ese amor a la Palabra. Con tristeza he comprobado personalmente las veces que muchos hermanos participan de Encuentros, Retiros, Prédicas, etc. sin la Palabra de Dios en sus manos. Mucho menos todavía el conocer, amar, valorar y vivir con la Palabra en la mano y en el corazón.

El Documento de Malinas I dice lo siguiente: “Uno de los frutos más importantes de la Renovación es un profundo amor a la Escritura. En las reuniones de oración se lee y saborea la Escritura como un acto de oración, en el espíritu de la lectio divina tradicional… Todo cristiano puede y debe acercarse a la Biblia con sencillez, porque es el libro del pueblo de Dios. Siempre que permanezca dispuesto a dejarse iluminar por la interpretación que le ofrece la fe viviente de la Iglesia, no corre el peligro de caer en esa interpretación individual y en ese literalismo estrecho que definen el fundamentalismo.”

Patti Gallagher Mansfield en el libro “Como un nuevo Pentecostés” hablando de lo que significó el Bautismo en el Espíritu Santo para los jóvenes de Duquesne expresa: “En resumen, Jesucristo es una persona real para nosotros, una persona real que es nuestro Señor y que toma parte activa en nuestras vidas. Leímos el Nuevo Testamento como si fuera literalmente  actual, en cada palabra, en cada línea. La oración y los Sacramentos se han convertido realmente en nuestro pan de cada día, en vez de prácticas que reconocemos como ‘buenas para nosotros’. Un amor por la Sagrada Escritura, un amor por la Iglesia que nunca creí posible…”

Para que empecemos a volver a la Palabra les ofrezco algunos textos para meditar:

1º La Palabra es lámpara y fuego: Sal 119, 105; Jer 20, 9. Lámpara que ilumina el paso que se da, no toda la carretera. Hay que tenerla encendida, como las vírgenes, para entrar en la boda. La usan los que quieren ver en medio de la oscuridad de los problemas y dificultades. Fuego que quema los huesos del profeta y que no se puede extinguir. También purifica (Jn 15, 3). Jesús – Palabra es la luz de este mundo (Jn 8, 12).

2º La Palabra es espada: Ef 6, 17b; Heb 4, 12. Espada para la batalla: El arma más importante del soldado. Identifica a los reyes. La Palabra de Dios es la mejor arma para la batalla espiritual y las insidias del enemigo, como Jesús en el desierto. De doble filo: corta por las dos partes, penetra a profundidad las motivaciones de los hombres. Todo está desnudo ante la Palabra; nadie la engaña. Jesús – Palabra penetra el corazón. Jesús conoce lo que hay en el interior de la persona. (Jn 2, 25). No sólo lo que hace, sino sus motivaciones.

3º La Palabra es martillo: Jer 23, 29. El martillo, como la palabra profética, destruye y construye: El profeta Jeremías proclama esta Palabra que destruye las viejas estructuras, pero construye una nueva alianza (Jer 1, 10). Golpea para triturar la arrogancia de los orgullosos y las imágenes de los ídolos que suplantan al verdadero Dios. Destruye la vanidad y la soberbia, así como los sofismas de los sabios ( 2 Cor 10, 4). Sin embargo, el martillo también afianza con clavos una estructura. Nuestra fe debe estar consolidada en y por la Palabra de Dios; de otra forma, se erosionaría con cualquier viento de doctrina novedosa. San Lucas escribió su evangelio para solidificar las enseñanzas recibidas.

4º La Palabra es agua y lluvia: Is 55, 10-11. Agua que fecunda y hace crecer la vida de Dios. El agua siempre es fuente de vida. Lluvia que cae del cielo (iniciativa divina) para refrescar la aridez del desierto. Jesús – Palabra tiene agua que brota de su seno (Jn 7, 37-38) en la cruz (Jn 19, 34). La samaritana suplica: “Dame de esa agua” que salta hasta la vida eterna (Jn 4, 15). En Emaús la Palabra de Jesús regó el espíritu seco y marchito de los discípulos.

5º La Palabra es miel: Sal 119, 103; Ez 2, 9 – 3, 3. El profeta Ezequiel se comió el libro que contenía la Palabra. Era dulce como la miel (Ez 2, 9 – 3,3). Como los discípulos de Emaús, todos hemos probado la amargura. Mas, para quienes hayan probado las amarguras de la vida, la miel es mucho más dulce. La Biblia endulza nuestro corazón que fue amargado por el pecado, la decepción o la traición. Es la fuente de la felicidad que cada uno busca ( Sal 1, 1-2). La Palabra de Dios se nos ha dado para ser felices (Deut 10, 12-13). La miel es dulce y agradable. Es símbolo de la alegría. Si se cumple, se ahorra la hiel del sufrimiento. También la miel, como la Palabra, es imperecedera.

6º La Palabra es semilla: Lc 8, 11. Semilla pequeña, pero capaz de producir vida. Una vez plantada en el corazón y en la mente, crece de día y de noche, sin que el hombre sepa cómo (Mc 4, 26-27). Jesús – Palabra es el sembrador que salió a sembrar la semilla = Palabra de Dios. En Emaús cada Palabra del Maestro germinaba en los corazones de aquellos dos discípulos.

7º La Palabra es alimento: Mt 4, 4. La semilla se convierte en alimento que, como el maná, permite llegar a la tierra prometida. Necesita del alimento que baja del cielo: La Palabra. Jesús – Palabra nos alimenta con su Palabra que es espíritu y vida (Jn 6, 63). En Emaús aquella noche Jesús se dio como alimento, primero con su Palabra y luego en la Eucaristía.

Para que volvamos a la Palabra y vivamos de ella.

Nota: Las imágenes están tomadas de “La Biblia no es un libro” de José Prado Flores.