Difundiendo el bautismo en el Espíritu

Difundiendo el bautismo en el Espíritu

¿Por qué hablar siempre del bautismo en el Espíritu en la Renovación Carismática Católica (RCC)?

Porque es su núcleo central. Quien produce la renovación es el Espíritu Santo, por eso también la RCC se denomina Renovación en el Espíritu Santo. Nuestra renovación, la de la Iglesia y del mundo pasa por la experiencia de un nuevo Pentecostés. Por eso el papa Pablo VI expresaba que la gran necesidad de la Iglesia era tener un «perenne Pentecostés», asimismo el Papa Juan XXIII en su oración decía «Señor, danos un nuevo Pentecostés», y Juan Pablo II pedía «un nuevo Pentecostés para el mundo». El corazón de la acción mesiánica de Jesús es bautizar en el Espíritu Santo: «el que viene después de mí los bautizará con Espíritu Santo y fuego» (Mt 3,11); «aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda en él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo» (Jn 1,32). Es la obra esencial de Cristo, el cumplimiento de las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento en que Dios «derramará su Espíritu sobre toda carne» (Jl 3,1ss).

 El Espíritu Santo ha suscitado la RCC para difundir la experiencia de Pentecostés en nuestro tiempo, para decir a los católicos tibios y a todos los hombres y mujeres de nuestra sociedad que Jesús es el Señor, que ha resucitado, y lo que más quiere es realizar la obra esencial para la cual vino: regenerar a la humanidad en el Espíritu Santo. Tener la experiencia del bautismo en el Espíritu es vivir un Pentecostés hoy. Y son muchos los que testimonian con su vida haber tenido un Pentecostés hoy. Las experiencias y cambios de vida producidos tanto en los apóstoles el día de Pentecostés como por todos los que han tenido su bautismo en el Espíritu, sean estos hombres, mujeres o niños, consagrados o laicos, son muy similares. Es una gracia única que hace al hombre reconocer el poderío y señorío de Dios. En ese momento «el hombre reconoce que no es nada y que Dios lo es todo» (P. Cantalamessa).

 Quienes han tenido la experiencia del bautismo en el Espíritu han quedado deslumbrados, fascinados por Dios. Se descubre por gracia divina lo amoroso, maravilloso, grande, santo que es Él. Dios es mucho más de todo lo que se nos ha hablado o hemos leído de Él. Dios deslumbra a la criatura. Le revela, de pronto, como nos lo enseña la teología que Él es lo «totalmente otro». Entonces, la respuesta espontánea, natural del hombre y la mujer de nuestros días al ser fascinados por Dios es la misma que la de los discípulos en Pentecostés o de María en el magníficat, prorrumpiendo en un torrente de alabanza, embriagada de Espíritu Santo. Y después de la experiencia, nadie puede «no hablar» de Jesús, que está vivo y que es el Señor. Es el Espíritu Santo el que nos muestra quién es Jesús y la obra que vino a hacer y que desea que continuemos nosotros: proclamar la Buena Noticia en todos los ambientes. Y no solo nos recuerda lo que debemos hacer sino que nos impulsa a que lo hagamos y nos abre las puertas donde quiere que vayamos. Sobre el misterio de Pentecostés presente hoy el papa Benedicto XVI expresaba: «Cuanto más sepamos ponernos a disposición de la Palabra divina, tanto más podremos constatar que el misterio de Pentecostés está vivo también hoy en la Iglesia. El Espíritu del Señor sigue derramando sus dones sobre la Iglesia para que seamos anunciadores creíbles de la Palabra de salvación» (Exhortación apostólica postsinodal «Verbum Domini», 123). El bautismo en el Espíritu recibido por los apóstoles en Pentecostés fue el motor de la evangelización que ha llegado hasta nosotros.

El papa Francisco en junio del 2014 y ante 50.000 carismáticos en Roma nos recordaba: “Compartan con todos la gracia del bautismo, espero de ustedes una evangelización con la Palabra de Dios anunciando que Jesús está vivo ….son una corriente de gracia en la Iglesia y para la Iglesia, han recibido el gran don de la diversidad de carismas al servicio de la Iglesia “ . Y en la vigilia de Pentecostés el 3 de junio de 2017 en el Circo Máximo en Roma, el Papa nos decía “Compartir con todos en la Iglesia el Bautismo en el Espíritu Santo, alabar al Señor sin cesar, caminar junto con los cristiano de diferentes Iglesias y comunidades cristianas en la oración y la acción por los que más lo necesitan “ 

 El bautismo en el Espíritu experimentado por los cristianos de hoy será el que hará creíble y convincente la proclamación de la Buena Nueva en nuestro tiempo, haciendo vida las palabras de Jesús: «He venido a arrojar fuego sobre la tierra y cuánto desearía que ya estuviese ardiendo» (Lc 12,49). ¡RCC, no te detengas! Promueve, difunde, y sigue pidiendo a Dios un nuevo Pentecostés, un perenne bautismo en el Espíritu para la Iglesia y para toda creatura (cf. Jl 3,1ss).

María José C. de Ortiz (Consejera ICCRS –  Colaboradora en publicación temática oficial sobre identidad en Boletín de ICCRS)

VALE TODA VIDA

VALE TODA VIDA

Domingo de Ramos – Comenzamos a contemplar la vida plena

Este próximo 25 de marzo celebramos el  Domingo de Ramos.

Damos comienzo a la semana donde contemplamos  el misterio de la Vida Plena manifestado en Cristo Resucitado. Somos llamados a participar de este misterio  y a comprometernos con él. Con tal motivo invitamos a toda la comunidad eclesial a unirnos especialmente en la procesión de los ramos, llevando adelante juntos un gesto que exprese nuestro anhelo de cuidar y respetar la vida como un DON.

Proponemos un SIGNO a nivel nacional: preparar los ramos que usaremos en nuestras celebraciones uniendo a ellos  la siguiente frase impresa: VALE TODA VIDA.  El sentido es que esos ramos puedan ser agitados para aclamar la VIDA. Y entrar en la Semana Santa unidos al Señor. (Selecciona el Botón Descargar Archivo para imprimir)

Este domingo también se celebra el Día Del Niño por Nacer. Muchos participarán de diversas marchas organizadas por grupos de laicos que invitan  a expresar la defensa de la vida por nacer. Acompañamos a quienes participan y que utilizan el derecho a la libertad de expresión propio de la democracia y anhelamos que esta y otras manifestaciones las vivamos como una oportunidad y seamos así, como dice el Papa Francisco: “canales del bien y de la belleza, para que puedan hacer su aporte en la defensa de la vida y la justicia.” (Carta del sábado 17 de marzo de 2018)

Se adjunta también una propuesta de Oración de los Fieles para la Misa (ver).

Comisión Episcopal de Laicos y Familia
Comisión Episcopal de Comunicación Social

Mensaje del Asesor Nac. Padre Juanito

Mensaje del Asesor Nac. Padre Juanito

A UNA SOLA VOZ. JESÚS ES EL SEÑOR

Empezar la cuaresma es acoger también la llamada a la conversión que Jesús nos hace, escuchando el mensaje del Evangelio y la propuesta de incorporarnos plenamente en la dinámica del Reino de Dios, revisando nuestras actitudes, nuestras conductas y nuestro estilo de vida, asumiendo con Jesús y como Jesús el camino hacia la pascua. Convertirse es creer en el Evangelio de la Pasión. Es un camino de pruebas, de conversión, de dificultades y, a veces, de conflictos por causa de la fidelidad, a través del cual se puede ir configurando en cada uno de nosotros una criatura nueva, impulsada por el Espíritu de Dios en la identificación con Jesús. Éste, con su muerte por fidelidad a la voluntad del Padre, ha conseguido la gracia y el perdón de Dios para el género humano, así como la rehabilitación del hombre pecador, y quiere llevar a cabo la transformación del corazón humano con su entrega por amor en el sacrificio redentor de la cruz.

Despertar la conciencia de pertenencia trae un gozo inmenso en el corazón, es por eso que pronto el ECONA seguirá madurando criterios y responsabilidades para bien de cada región y sus servicios de las respectivas secretarias.

Después de vivir un año jubilar con muchas expresiones en el mundo y en nuestro continente, sigamos evangelizando con poder, hemos sido llamados a eso, a transformar el mundo sacerdotes, religiosos y laicos como una sola familia para llevar el amor al prójimo con nuestro testimonio.

La llamada a la conversión conlleva, principalmente, un cambio de mentalidad, ” Se les pidió despojarse del hombre viejo al que sus pasiones van destruyendo, pues así fue su conducta anterior, y renovarse por el espíritu desde dentro. Revístanse, pues, del hombre nuevo, el hombre según Dios que El crea en la verdadera justicia y santidad ” Ef 4, 22-24

No quiero dejar de agradecer los esfuerzos que hace cada hermano en su grupo de oración, en sus parroquias. Sigan sirviendo con firmeza. Cuiden esta Renovación Carismática que hoy les toca pastorear.

Que María de Nazaret nos guíe para seguir a Jesús y escuchar su voz.

Mis saludos cordiales

P Juan Miranda Cavero.

LA ORACIÓN PERSEVERANTE

LA ORACIÓN PERSEVERANTE

Queridos hermanos en este espacio de formación compartimos con ustedes una bellísima y clarificadora enseñanza del Padre Raniero Cantalamessa, Predicador Oficial de la Casa Pontificia, sobre un tema que es común a todos, y que sabemos de vital importancia como es el de mantener una oración perseverante mas allá de nuestra situación o estado de ánimo. En relación a ello ya en los Hechos de los Apóstoles 1,14 nos dicen cómo se prepararon ellos a la venida del Espíritu. «Todos ellos perseveraban unánimes en la oración con algunas mujeres y con María, la madre de Jesús».

Su preparación fue, por tanto, con una oración unánime y perseverante.

¿Qué es oración perseverante?

El término “perseverantes en la oración” indica una acción tenaz e insistente. Significa estar ocupados con asiduidad y constancia en alguna cosa. Se podría traducir también “tenazmente aferrados a la oración” o “asiduos en la oración”. Esta palabra es importante porque es la que aparece con mayor frecuencia cada vez que en el N. T. se habla de la oración. En los Hechos de los Apóstoles vuelve a aparecer cuando se habla de los primeros creyentes después de Pentecostés, que habían acogido la fe y que acudían “asiduamente” a la enseñanza de los apóstoles, a la fracción del pan y a las oraciones.

También San Pablo comenta que hay que ser “perseverantes en la oración”, en la carta a los Romanos. En un pasaje de la carta a los Efesios se lee «Estad siempre en oración y súplica, orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con perseverancia».

Lo esencial de esta enseñanza proviene de Jesús, el cual contó un día la parábola de la viuda importuna, precisamente para decir que es necesario orar siempre sin desfallecer. La mujer cananea es una ilustración viva en el Evangelio de esta oración insistente que no se deja desanimar por nada y que, al final, precisamente por esto, obtiene aquello que desea. Ella pide una vez la curación de su hija y Jesús – está escrito- «ni siquiera le dirigió la palabra». Insiste y Jesús le responde que “no ha sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Se postra a sus pies y Jesús le responde que “no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos”. Había suficiente razón como para desanimarse, pero la mujer cananea no se rinde y dice: «Sí, pero también los perritos, Señor…». Y Jesús exclama feliz: «Mujer, grande es tu fe, que te suceda como deseas».

Pero, ¿por qué ha de ser perseverante la oración y por qué Dios no escucha enseguida? ¿Tal vez Dios ama hacerse rogar, como los hombres? ¿No es él mismo quien en la Biblia promete escuchar de inmediato, apenas se le invoca; aún más, todavía antes de haber acabado de orar? «Antes de que me llamen – dice en el profeta Isaías -, Yo le responderé. Aún estarán hablando y los habré escuchado». y Dios confirma: «¿ y Dios no hará justicia a sus elegidos que están clamando a El día y noche y les hará esperar? Os digo que les hará justicia pronto». ¿No desmiente clamorosamente la experiencia estas palabras? No. Dios ha prometido escuchar siempre y escuchar enseguida nuestras oraciones y esto es lo que hace. Somos nosotros los que debemos abrir los ojos. Es bien cierto que El mantiene su palabra. Al retrasar la ayuda, El ya nos está socorriendo. Aún más, este retraso es ya en sí mismo un venir en nuestro auxilio. Y esto es así para que no suceda que por escuchar demasiado aprisa a la voluntad del orante, no pueda procurarle una perfecta salud. Hay que distinguir entre socorrer según la voluntad del orante y socorrer según la necesidad del orante. Esta última es su verdadera salvación. Dios socorre siempre y de inmediato según la salvación del orante, no siempre socorre según la voluntad del orante, ya que dicha voluntad puede que no sea buena.

¿Cómo nos escucha Dios?

A veces, también nosotros decimos con los Salmos: «Escucha oh Dios, atiende, presta oído a mi súplica, Señor», y nos parece que Dios nunca escucha. Pero si te fijas bien, te darás cuenta de que te ha escuchado; si continúas orando es porque te ha escuchado, si no fuera así no rezarías. Dios ha prometido dar siempre cosas buenas, el Espíritu Santo, dice Lucas, a quien ora. Ha prometido hacer cualquier cosa que le pidamos según su Voluntad, añade Juan. No nos da lo que no es según su Voluntad o lo que no es bueno para nosotros y que podría hacernos daños. Si el hijo pidiera a su padre pan ¿le daría acaso una serpiente? No, ciertamente. Pero si el hijo le pidiese al padre una serpiente quizá sin darse cuenta de lo que le está pidiendo ¿acaso se la daría el padre, aunque el niño llorase, patalease o le acusara de no amarle? No. Preferirá ser injustamente acusado antes que darle lo que sería venenoso para él. ¿No es así? Así pues, Dios escucha hasta cuando no escucha. Su demora en conceder las cosas buenas es también eso un escuchar y un acudir un nuestro auxilio. El, en efecto, al retrasar su auxilio, hace crecer nuestra fe y nos ayuda a pedir mejor. Nosotros, normalmente, al principio nos presentamos ante Dios para pedir pequeñas cosas, para las pequeñas necesidades de la vida presente. No conocemos las cosas que son verdaderamente importantes. Retrasando la escucha, surgen poco a poco en nosotros las verdaderas necesidades. Surge la necesidad de Dios, la necesidad de tener fe, paciencia, caridad, humildad… antes que cualquier otra cosa material. y así, al final, Dios habiendo dilatado nuestro corazón, lo puede llenar con una medida digna de sí mismo.

Veamos el ejemplo de la cananea. Si Jesús la hubiera escuchado en seguida a su primera petición, ¿qué hubiera sucedido? Su hija hubiera sido liberada del demonio, pero lo demás hubiera continuado igual que antes y madre e hija hubieran concluido sus vidas como todos. En cambio, al retrasar su escucha, Jesús permitió que su fe y su humildad crecieran y crecieran hasta arrancarle aquel grito de alegría: «¡Mujer, grande es tu fe!». Cuando ella regresa a su casa, no solo encuentra curada su hija, sino que ella misma ha sido transformada, se ha convertido en una mujer que cree en Cristo. Ella, que es una mujer siro-fenicia, es decir, pagana, se convierte en una de las primeras creyentes en el Evangelio. y esto permanece así por toda la eternidad. Esto es lo que ocurre cuando no se es escuchado «en seguida, a condición de que se continúe orando».

A veces, cuando se persevera en la oración, especialmente si la persona tiene una vida espiritual seria y profunda, como tendrían que tenerla los servidores, los animadores de los grupos de oración, sucede algo extraño que es importante conocer para no perder una valiosa ocasión. Las partes se invierten. Dios se convierte en Aquél que ora y tú en aquél a quien se ora. Me explico: Te pones en oración para pedirle algo a Dios y una vez en la oración poco a poco te das cuenta de que es Dios quien te tiende la mano a ti pidiéndote algo. Fuiste a pedirle que te quitara la espina que tienes clavada en tu carne, esa cruz, esa prueba, la liberación de determinada carga, de una determinada situación, el alejamiento de alguna persona concreta con la cual no estás de acuerdo… y he aquí que Dios te pide precisamente que aceptes esa cruz, esa situación, esa carga, a esa persona…

El caso más sublime de esta inversión de papeles lo encontramos en Jesús. Jesús en Getsemaní ora para que el Padre separe de El su cáliz. El Padre le pide a Jesús, en cambio, que lo beba. El Padre mendiga. Es necesario que lo haga para recuperar, a todos los demás hijos. Jesús dice: «Que no se haga mi voluntad, sino la tuya», y da al Padre lo que esperaba: le da no una, sino hasta la última gota de su Sangre. Y, ¿qué encuentra Jesús después de haber vaciado su cáliz? Encuentra al Padre, que también en cuanto Hombre, ¡lo constituye en Señor, le da el Nombre que está por encima de cualquier otro nombre, lo glorifica eternamente!

Los modos de la oración perseverante

Después que los apóstoles con María hubieran recibido el Espíritu Santo, se lee de nuevo que «perseveraban en la oración», esto después de Pentecostés. Sin embargo, algo parece haber cambiado ahora, ha cambiado el objeto y la calidad de la oración. Ellos ahora ya no hacen más que anunciar las grandes obras de Dios. Al sentarse a la mesa para compartir la comida, lo hacían – está escrito – «con alegría y alabando a Dios». Su oración se había convertido en una oración de alabanza, ya no es solamente de petición, se repite así en la Iglesia lo que había sucedido anteriormente en María. También Ella, después de recibir el Espíritu Santo en su Anunciación, glorificaba al Señor, se alegraba en su Dios y proclamaba las maravillas que en Ella había realizado.

La venida del Espíritu Santo, por tanto, no pone fin a la oración asidua, sino que la enriquece y amplía su horizonte, eleva la oración a sus formas más altas y dignas de Dios, que son la alabanza, la adoración y la proclamación de su grandeza y de su santidad. El Nuevo Testamento no habla de perseverancia sólo cuando se trata de pedir algo, sino también y sobre todo cuando se trata de alabar y de dar gracias y de bendecir al Señor. En el mismo contexto recordado más arriba, se lee en la carta a los Efesios: «No os embriaguéis con vino, que es causa de libertinaje. Llenáos, más bien, del Espíritu. Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados, cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor, dando gracias continuamente y por todo a Dios Padre en nombre de nuestro Señor Jesucristo». Esta es una oración perseverante, pero de alabanza, de bendición. Se diría que éste es el verdadero fin por el que somos impulsados a invocar y a esperar el Espíritu Santo. Para poder después, llenos de Él, adorar a Dios en Espíritu y Verdad, como decía Jesús.

Pensando en esta «oración en el Espíritu» hecha de invocación y sobre todo de alabanza, como Pablo ha formulado; el principio de la oración continua o incesante, destinada a tener una gran resonancia en la historia de la espiritualidad cristiana, dice: «Estad siempre alegres, orad constantemente y en todo dad gracias»: «Orad constantemente y en todo dad gracias». Orad «constantemente» o se puede traducir también por «incesantemente», en la 1ª carta a los Tesalonicenses.

Esta oración es el eco de aquel dicho de Jesús, según el cual «es preciso orar siempre sin desfallecer». Con este principio se supera una cierta concepción ritualista y legalista de la oración, ligada a tiempos y a lugares determinados. Hay cristianos todavía que se acusan en la Confesión de no haber recitado las oraciones de la mañana y de la noche, como si, fuera de estos dos tiempos, no hubiera otra posibilidad de orar al Señor.

¿Cuántas veces hay que perdonar? Jesús responde: siempre. Preguntarse cuántas veces hay que orar sería como preguntarse cuántas veces al día hay que amar a Dios. La oración, como el amor, no soporta el cálculo de las veces. Se puede ser más o menos conscientes del grado de amor con el que se ama, pero no se puede amar a intervalos más o menos regulares. Imaginaos una esposa que ama a su esposo a intervalos, según tiempos precisos del día; así nosotros tenemos que amar y adorar y alabar a Dios siempre. De diferentes maneras, pero siempre. Algunos lo hacen a intervalos regulares.

Los tiempos de sequedad

Sería un grave error cultivar la llamada «oración continua» y descuidar la dedicación de tiempos concretos y específicos a la oración. Es una ilusión cultivar una oración llamada «continua, del Corazón» si no damos tiempos regulares y específicos a la oración. Jesús pasaba noches enteras en oración, pero después se sabe que subía al templo, iba a la sinagoga, para orar junto con los demás, y esto tres veces al día: al amanecer, por la tarde durante los sacrificios vespertinos y al ponerse el sol.

Debemos guardarnos, hermanos, de simplificar demasiado el discurso sobre la oración, hay siempre este peligro de reducir la oración a algo establecido, mecánico. No. No se puede pensar que una vez descubierto un cierto tipo de oración o una cierta técnica o método podemos continuar con él hasta la muerte. No. La oración es como la vida y por lo tanto está sujeta a altibajos. Sin embargo, hay una estación determinada que, tarde o temprano, siempre llega, es el invierno. No nos hagamos ilusiones, se acerca el tiempo en que la oración, como la naturaleza en invierno, se queda desnuda, aparentemente muerta.

Ponerse a orar en estas condiciones de aridez es como salir a mar abierto con una pequeña barca que hace agua, se emplea todo el tiempo en tratar de achicar el agua de la barca que amenaza hundirse. Así, pues, no puedes cruzarte de brazos y contemplar el cielo; cuando llegue el momento de regresar a la orilla te das cuenta de que ni siquiera has podido observar con tranquilidad el azul del cielo y la grandeza del mar que habías venido a contemplar. y que no has pescado ni un sólo pez, sino que lo único que has hecho ha sido achicar agua de 1a barca. Explico el sentido de esta parábola. Nos ponemos en oración para gozar de Dios, para contemplar sus maravillas, escucharlo, descubrir cosas nuevas de Él y de nosotros, pero nuestra mente se desvanece y no hace más que llenarse de distracciones, como la barca de agua. Así toda la oración se transforma en una lucha extenuante contra los pensamientos vanos y no hay salida. Es necesario esforzarse fatigosamente. Cuando la lucha es contra las distracciones hay que armarse de paciencia y valor y no caer en el error de creer que entonces es inútil estar allí orando. Es necesario adaptarse humildemente, como hacían los santos, incluso Santa Teresa. Hacer oraciones más breves, tratando de decir aprisa, casi de carrerilla, todo lo que nos urge decirle a Dios. Por ejemplo, «Jesús te amo. Señor, creo y espero en ti. Me arrepiento de mis pecados, perdona todo. Gracias por el don del Espíritu Santo. Gracias porque estás aquí y me escuchas». ¿Cuánto tiempo pensáis que he empleado? Tan sólo unos pocos segundos, ¿verdad? y sin embargo, he dicho lo esencial y Dios ha escuchado. Es necesario redescubrir la hermosura de las así llamadas «oraciones jaculatorias», que ligeramente significan «oraciones breves arrojadas con rapidez como dardos».

Otros, sin embargo, encuentran útil en estas circunstancias repetir lentamente las palabras de oraciones particularmente queridas. «Alguna vez – escribe Santa Teresita del Niño Jesús – si mi espíritu se encuentra en un estado de aridez tan grande que me resulta imposible obtener un sólo pensamiento para unirme al buen Dios, recito muy lentamente un Padrenuestro y después el Ángelus. Entonces, estas oraciones raptan y alimentan mi alma mucho más que si las hubiera recitado precipitadamente un centenar de veces».

¿Veis que hay métodos muy diferentes, según las diferentes almas? Cada uno tiene en esto su propio método, que nunca será perfecto y bueno, precisamente porque este es el tiempo del desafío, el tiempo en que debemos tomar conciencia de nuestra radical impotencia para orar y reconocer que, si a veces hemos conocido la oración fervorosa del pasado, ésta era solamente obra de Dios y de su Espíritu.

Es importante, decía, no rendirse, abandonando poco a poco la oración pensando que “se saca bien poco con ello» y empleando el tiempo en el trabajo. Cuando Dios ,”no está” es importante que, al menos, su lugar permanezca vacío y no sea ocupado por ningún ídolo, por ejemplo, por el ídolo del trabajo. Para impedir que esto suceda, es bueno interrumpir de vez en cuando el trabajo para elevar, al menos, un pensamiento a Dios o, sencillamente, por lo menos para ofrecerle algo de nuestro tiempo. Para Dios esta es la flor de la oración, aunque para nosotros sea un comer el pan de nuestros sudores.

En la vida de los Padres del desierto se lee la siguiente anécdota de Antonio el Grande, un maestro de la oración. El santo abad Antonio estando en el desierto, cayó en la acedía (tristeza espiritual, pereza también), y a la vez sufría una gran oscuridad en su alma. y decía a Dios: «Dios, quiero salvarme y no me lo permiten mis pensamientos, ¿qué debo hacer con esta tribulación, cómo me salvaré?». y salió fuera y vio a otro monje que se le parecía mucho, que estaba sentado trabajando, luego se levantaba de su trabajo y oraba. Oraba al modo de los monjes haciendo grandes inclinaciones. y de nuevo se sentaba, tejía una estera de palmas y se levantaba otra vez a orar. Era un ángel del Señor que había sido enviado a Antonio para corrección y salvaguarda y oyó la voz del ángel que le decía: «Antonio, haz esto y te salvarás». y con estas palabras le llenó de alegría y de confianza y obrando así encontró la salvación que buscaba. Antonio había comprendido que no pudiendo rezar largamente sin distracciones debía, al menos de vez en cuando, interrumpir el trabajo para hacer pequeñas oraciones. Quizá aquel ángel nos dice también a nosotros en este momento lo que le dijo a Antonio aquel día: «Haz esto y te salvarás».

Todo esto, decía, no es inútil. ¿Acaso tiene necesidad el Señor de nuestro fervor o de nuestro éxtasis o recibe, tal vez, consuelo de ellos? ¿Qué añaden a Dios nuestros éxtasis? Nada. El necesita y ama nuestra sumisión, humildad y fidelidad. y todo esto lo hace posible precisamente la oración cuando ésta se convierte en una lucha extenuante.

La lucha con Dios

Existe otro tipo de oración de lucha mucho más delicado y difícil y es la lucha con Dios. No con la propia mente, sino con Dios. Esto sucede cuando Dios te pide algo que tu naturaleza, tu voluntad humana no está preparada para darle y cuando el obrar de Dios se hace incomprensible y desconcertante. Conoció Jesús esta lucha en Getsemaní. “Él – está escrito sumido en angustia, en agonía, insistía más en la oración”. Atrapado por la angustia, Jesús no deja de orar, sino que ora con más insistencia. Se convierte en el más sublime ejemplo de la oración perseverante.

En esta situación de aridez y de lucha, es necesario descubrir un tipo especial de oración que podemos llamar «oración violenta». Leo un pasaje de una mística, Angela de Foligno. Dice: «Es algo bueno y muy agradable a Dios que tú ores con el fervor de la gracia divina, que veles y te afanes en el cumplimiento de toda acción buena. Pero es más agradable y satisfactorio para el Señor si, faltándote la gracia, no reduces tus oraciones, tus vigilias, tus buenas obras. Actúa sin la gracia (es decir, sin el fervor) como lo harías cuando la poseías. Haz tu parte, hija mía, y Dios hará la suya. La oración forzada, violenta, es muy grata para Dios», dice. La oración de Jesús en Getsemaní fue una oración violenta. «El – está escrito – se postró rostro en tierra, se levantó, fue adonde estaban los discípulos, se arrodilló nuevamente y sudó sangre». A este momento se refiere la afirmación según la cual Jesús durante los días de su vida mortal ,”ofreció ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas”.

Esta es una oración que se puede hacer más con el cuerpo que con la mente. A menudo, la voluntad manda sobre la mente y no es obedecida. Por ejemplo, la voluntad manda a la mente perdonar, olvidar una ofensa, y no es obedecida. En cambio, la voluntad manda sobre el cuerpo y el hermano cuerpo tal vez es más dócil que la hermana mente. Hay una secreta alianza entre la voluntad y el cuerpo y es necesario usarla para reducir la mente a la razón. A menudo, cuando nuestra voluntad no puede mandar sobre la mente para que tenga o no ciertos pensamientos, puede mandar sobre el cuerpo. Puede ordenar que las rodillas se doblen, que las manos se unan, que los labios se abran y digan ciertas palabras, como por ejemplo ,”Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo”. No hay que despreciar esta oración corporal que a veces es la única que queda. Hay en ella un secreto. Cuando dentro de ti, por ejemplo, todo es un grito de rebeldía o una multitud de pensamientos o de sentimientos hostiles hacia los hermanos, tú vas ante el Sagrario o ante el crucifijo y te pones de rodillas sencillamente delante de Él. ¿Qué has hecho? Has puesto a todos los enemigos de Cristo por escabel de sus pies. Simplemente poniéndote de rodillas. Levántate, ya has vencido.

Hay un dicho de Isaac el Sirio, un gran maestro del espíritu, de la antigüedad, que me parece muy hermoso, dice: «Cuando el corazón está muerto y ya no tenemos la más mínima oración ni súplica alguna, ojalá el Señor cuando venga pueda encontrarnos postrados rostro en tierra por siempre». El simple estar con el cuerpo en la Iglesia o en el lugar que has elegido para tu oración, el simple “estar en oración” es entonces el único modo que nos queda para continuar perseverando en la oración.

Dios sabe que podríamos irnos y hacer cientos de cosas más útiles y que serían más gratificantes para nosotros, pero si permanecemos allí “malgastando el tiempo” destinado a El por nuestro propósito, esto es para El perfume de oración.

A un discípulo que se lamentaba de no poder orar a causa de los pensamientos y las distracciones, un monje anciano al cual se había dirigido para pedir consejo, le respondió: «Que tu pensamiento vaya donde quiera si no alcanzas a detenerlo; bien, pero que tu cuerpo no salga de la celda». Es un consejo que sirve también para nosotros. Cuando nos encontramos en una situación de distracciones crónicas, que ya no depende de nosotros el poder controlar, que nuestro pensamiento vaya donde quiera, pero que nuestro cuerpo permanezca en oración. y si no puedes hacer otra cosa, pon de rodillas a tu pobre hermano cuerpo y alzando los ojos al cielo di a Dios: «Señor, mi cuerpo te reza».

Orando con María

Con todo este esfuerzo aparentemente inútil se obtiene en realidad el Espíritu Santo más que en la oración fervorosa, porque aquí no hay otra cosa más que fe, pura fe. En estos casos debemos recordar que tenemos una Madre que es maestra de oración, María. Hace unos años pasé un tiempo en un pequeño convento de capuchinos en Suiza. Había una niña en el lugar de cinco años, era hija de una mujer que ayudaba en la casa, que venía a menudo a ponerse de rodillas junto a alguno de los frailes que veía orando en el coro, unía sus manitas y mirándole a los ojos decía con toda seriedad: “Venga, hazme rezar”. Nosotros podemos imitar a aquella niña pequeña, ponernos en espíritu junto a María y decirle: «Por favor, hazme rezar».

Pidamos a María que sea para nosotros la madrina fuerte y amable que nos prepara al Bautismo del Espíritu (como lo hizo con los apóstoles) y a un nuevo Pentecostés, porque todos necesitamos de un nuevo Pentecostés. Si leemos los Hechos de los Apóstoles, veremos muchos Pentecostés. Ojalá, por su intercesión, pueda ser realidad también para nosotros aquella promesa de Jesús: «Vosotros seréis bautizados dentro de pocos días». Amén.

Sheny de Gongora. CONCCLAT .

Sheny de Gongora. CONCCLAT .

“UN PENTECOSTES HOY”

Mensaje de Sheny de Gongora, CONCCLAT para la Renovación Carismática Católica de Córdoba

Después de vivir el gran acontecimiento: la celebración del Jubileo de Oro de RCC, nuestros corazones seguramente en el mundo entero están llenos de agradecimiento, alegría y sin duda lo más importante, llenos de un nuevo impulso del Espíritu Santo, para seguir hacia adelante, movernos y así llevar la gracia fundante de la Renovación Carismática Católica, el Bautismo del Espíritu Santo. Tesoro que por misericordia nuestro Señor ha depositado en este tiempo, entre nosotros, Tesoro que el mundo necesita para la pronta implantación de la Cultura de Pentecostés.  En medio de tantas muestras de tristeza, destrucción, depresión, contaminación, materialismo y vidas sin sentido y otros males, en una palabra un mundo que se arrastra en medio del gran oleaje de dolor y tinieblas, envuelto en la cultura de muerte, y que por cierto es todo lo contrario que nuestro Señor quiere para su creación tan amada hecha a su imagen y semejanza. 

La RCC es sin duda respuesta del Santo Espíritu para este tiempo y después de llegar a un aniversario tan significativo, y que alrededor del mundo se vivió de manera tan fuerte, creativa y con tanta pasión, nos da la certeza que no hemos llegado hasta aquí para contentarnos y acomodarnos, ¡No! No es para quedarnos de brazos cruzados, estoy segura que tampoco lo queremos. Celebrar los 50 años, significan haber alcanzado mayor identidad, madurez y compromiso. Sabemos bien que tenemos una enorme responsabilidad: Llevar a Jesucristo vivo, a todos los ambientes posibles, como verdaderos testigos, verdaderos Discípulos-Misioneros, en el fuego del Espíritu Santo. Los que pertenecemos a esta corriente de Gracia, estamos auténticamente convencidos que el Espíritu Santo está haciendo grandes cosas y las hará aun mayores en nosotros, convencidos verdaderamente que los Ríos de Agua Viva, alcanzaran al mundo entero. Ahora nos toca ir aún más y más, Mar adentro, Jesús nos dijo: “En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre”, Jn 14, 12. Estamos viviendo, como tantas veces se profetizo este tiempo, tiempo de enorme dinamismo y desborde del Espíritu Santo, tiempo glorioso, donde la RCC con esperanza, fe, sobre todo amor, exulta de alegría y en la espontaneidad que Dios le ha regalado va hacia adelante, venciendo los desafíos actuales; jamás creyendo en sus propias estrategias, convocatoria o fuerza, en absoluto, sino confiando solamente en la Fuerza de lo Alto, en el Poder del mismo Espíritu de Jesús, el mismo que movió a los Apóstoles de temerosos hombres a hombres llenos del poder y fuerza del Espíritu Santo, capaces de compungir los corazones y llevarlos a la conversión, Hch 2, 37-41. Es por ello gran exigencia para todos los que militamos en esta bendita corriente de Gracia, mantenernos siempre en tensión hacia la Santidad, uno de los cinco objetivos mundiales de RCC, porque solo siendo hombres y mujeres con corazón nuevo, lleno de la dulce presencia de nuestro Señor, será posible la implantación de la cultura de Vida, la cultura de Pentecostés, a la que esta llamada y es misión preciosa de RCC.

Es por eso que después de las grandes celebraciones que se dieron en los cinco continentes, decimos no nos vamos a quedar pasivos o contemplando nostálgicamente todo lo que vivimos, al contrario después de esta verdadera “Sacudida del Espíritu Santo”, estamos prestos para que abandonados en las manos de Dios, seamos artesanos de esta Cultura de Pentecostés. No es causalidad el apremiante llamado que el mismo Señor nos hace, a través del Papa Francisco: ser Iglesia en salida. Nos lo recuerda e insiste en urgencia. Con humildad reconocemos y agradecemos a nuestro Señor por este llamado-recordatorio, porque desde los inicios de RCC, esto se ha realizado, cuantos seminarios de vida en el Espíritu, cuantas jornadas de evangelización en las calles, cuantas iniciativas evangelizadoras con tanta a creatividad, como Vigilias, Teatro, Música y tantos otros, no se ha quedado encerrada, sin embargo reconocemos que problamente en algún momento la rutina, adormecimiento o costumbre nos invadió, sin embargo nuestro Señor nos viene a recordar a través del Santo Padre, cual es nuestra misión en la bella definición que P. Salvador Carrillo Alday, daba sobre la RCC, llamándola “Un Pentecostés Hoy”, queda encerrado todo lo que somos. Hemos vivido, conocemos, nos hemos formado y experimentado la fuerza maravillosa de Pentecostés, por lo que en esta nueva etapa debemos retomar la misión y desde la irradiación de Pentecostés que es: Amor y Poder, del Padre, Hijo y Espíritu Santo, viviendo la unidad, que la Santísima Trinidad nos evoca y enseña, lancémonos sin miedo hacia afuera, a las periferias existenciales necesitadas y pobres, muy pobres porque no conocen, no han experimentado el Amor de Dios, que sana y libera. Es por eso RCC, como un Pentecostés Hoy, pidamos a nuestro Señor Jesucristo retomar con la audacia de la parresia “salir”, salir a las calles, RCC como Callejera de Dios y como nos lo pido el Santo Padre el 3 de Junio del 2017, en las vísperas de Pentecostés: “Salgan compartan con todos, la Gracia del Bautismo del Espíritu Santo”.

¡Aleluya, Gloria a Dios, Renovación Carismática Católica de Argentina sal a las calles, con el Fuego del Santo Espíritu! 

Escuela de Evangelizadores RCC Resistencia

Escuela de Evangelizadores – RCC – Año 2017 – Diócesis de Resistencia – Chaco

Con la “Evangelización Callejera” en el Parque Urbano Tiro Federal culminó su ciclo anual la Escuela de Evangelizadores de la RCC – Arquidiócesis de Resistencia

Organizado por la Escuela de Evangelizadores “Beata Elena Guerra” de la Renovación Carismática Católica de la Arquidiócesis de Resistencia, el pasado sábado 25 de noviembre por la tarde, un grupo de hermanos que se forman en la misma – de primero y segundo año, a los que se sumaron integrantes de grupos de oración y equipos de servicios- se concretó lo que se denominó “evangelización callejera”, en el Parque Urbano Tiro Federal de la ciudad capital.

Allí se proclamó el “Kerigma” acompañando con cantos y exclamaciones que “Jesús está Vivo” y que somos “testigos de su Resurrección”. La Evangelización culminó con la “Adoración al Santísimo” expuesto en el Anfiteatro del Parque, donde se “alabó y adoró a Jesús Eucaristía”. Fue una “experiencia maravillosa para la Gloria de Dios” coincidieron los hermanos evangelizadores en este Año Jubilar que vive todo el movimiento de la RCC a 50 años de su nacimiento.

Allí en el predio del Parque se proclamó el “Kerigma” a las personas que se encontraban realizando distintas actividades –vendedores ambulantes, transeúntes, jóvenes, adultos niños, familias- con cantos, pancartas, boletines que se repartían, los hermanos comenzaron la misión reuniéndose en la Av. Castelli y Calle 13 en un sector del predio del parque y desde allí luego de orar y proclamar la Palabra de Dios, partieron cantando y “arrojando” el Kerigma a su paso, acompañados por los hermanos del Equipo Coordinador de la RCC Resistencia y de la Escuela de Evangelizadores.

“Ser testigos de Jesús Resucitado” fue la consigna de la Escuela de Evangelizadores que durante el año formó a los hermanos sobre el “Kerigma” y culminó su ciclo de enseñanza con esta salida callejera. Cumplió así con uno de las metas del programa de previsto, que se enmarca en los objetivos de esta “corriente de gracia” que es la RCC y que también nos pide nuestro Papa Francisco que nos dice: “quiero que salgan afuera”, “quiero que la Iglesia salga a la calle”.

La misión de la Renovación Carismática es hacer presente hoy en el mundo más que nunca la experiencia de Pentecostés. Confirma así su vocación de servicio a la Iglesia, que fue enriquecida con los carismas del Espíritu desde su nacimiento en el Cenáculo.

El Parque Urbano Tiro Federal es un  predio de 10,3 hectáreas, que se extiende entre las avenidas Chaco y Castelli, y las calles Cervantes y Delfino de la ciudad capital, que cuenta con un sector de plaza, un polideportivo y tres módulos de servicios públicos.

Evaluación y Compartir Fraterno

Para culminar con sus actividades, el lunes 27 de noviembre en la Sede de la RCC,  la Escuela de Evangelizadores hizo una evaluación del año 2017 con los alumnos participantes sobre los contenidos de la misma y para que determinen las fortalezas y debilidades de la formación y sus aportes para seguir creciendo y madurando en la fe.

También se vivió y escuchó a los alumnos de los Talleres “Magníficat” de Música y Canto que llevan adelante un grupo de profesores que imparten enseñanzas con la finalidad de conformar ministerios de música para el servicio en la RCC. Finalmente se realizó un “compartir fraterno”.

Talleres “Magníficat”

Se trata de Talleres de Guitarra, Teclado, Canto, Bajo, Batería y de Ensamble que desarrolla la Renovación Carismática Católica de la Arquidiócesis de Resistencia. Es un servicio que brindan profesores de música destinados, tanto a los hermanos que comparten la espiritualidad de la RCC como aquellos que les interesa formarse en la música para el servicio de la Iglesia.

El staff de profesores lo componen: Edmundo Báez (guitarra), Fernando Alvarenga (teclado y ensamble), Luis Zárate (bajo), Viviana Sasaro (canto) y Lucas Fernández (batería).

Este ciclo 2017 finalizaron sesenta (60) alumnos. Al culminar su proceso de formación se pudo observar los frutos de estos talleres, ya que se presentaron tres grupos ensamblados compartiendo su música y su canto para todos los hermanos presentes.

Finalmente los alumnos recibieron sus respectivos certificados de culminación del ciclo 2017, testimoniando lo que el Señor hizo en sus vidas. Algunos ya están sirviendo en los grupos de oración que no tenían ministerios de Música, por lo que, dieron Gracias a Dios por la oportunidad de poder servirlo a través de la música, como así también la paciencia de los profesores en el proceso de enseñanza.