IMPORTANCIA DEL NOMBRE Y LA IDENTIDAD DE LOS GRUPOS DE LA ORACIÓN

IMPORTANCIA DEL NOMBRE Y LA IDENTIDAD DE LOS GRUPOS DE LA ORACIÓN

Por: Equipo Nacional de Formación – RCC España

Ante la creación de un nuevo Grupo de Oración, nos encontramos entre otros aspectos a tener en cuenta, la importante decisión de tener que «bautizar» el Grupo con un nombre, tarea muy bonita y atrayente pero no exenta de dificultad, ya que requiere bastante oración y discernimiento porque tal y como vamos a compartir a continuación, el nombre es un aspecto de la persona, grupo u organización, bastante importante y decisivo que implica todo su ser completo. En Renovación Carismática solemos encontrarnos con nombres de todo tipo: sencillos, enrevesados, en castellano, en hebreo, arameo, latín, centrados en María, en Jesús, en el Espíritu Santo, la Trinidad, etc., y suele ser bastante divertido compartir sobre esta gran variedad de nombres, pero ¿qué es lo más importante a la hora de discernir sobre el nombre de Grupo? Como es lógico pensar, lo más importante para un buen discernimiento, nunca será el nivel de originalidad o lo raro e impronunciable que éste sea, tampoco lo atractivo o con gancho de marketing que podamos verle, sino que lo más importante será que ese nombre esté relacionado con nuestra propia identidad como comunidad y nuestro llamado común de Dios.

Algo muy interesante y recomendable es que toda la comunidad o Grupo, ore junto por este discernimiento y todos puedan tener voz para proponer algunas de las ideas que les venga al corazón, aunque la decisión última la tengan los servidores o líderes, responsables del Grupo en ese momento.

Por tanto, ¿por qué es importante la elección del nombre del Grupo de Oración? Porque no es solo un nombre, se trata de algo más, se trata de la identidad y misión que Dios quiere para con ese pueblo. ¿Por qué nos decimos esto? Nos basamos en ello al observar la importancia que bíblicamente tiene el nombre para las personas. Como Dios, al otorgar o cambiar el nombre a alguien, lo que está haciendo es darle una identidad y una misión concreta, por lo que el nombre para nosotros no es un simple modo práctico de nombrar un Grupo para diferenciarlo de otro, si no que tendrá presente la visión, misión y llamado que Dios nos propone como pueblo.

Para entenderlo bien hablemos del significado que bíblicamente tiene el nombre. Como decíamos tiene que ver con la misión que iba a tener en la vida, por tanto el nuevo nombre, cada vez que Dios se lo cambiaba a alguien tenía que ver con su identidad, su función y su ministerio. Así vemos a continuación algunos de esos casos como ejemplo:

 

 

  • Abram, a quien Dios le cambiaría el nombre por Abraham que significa «padre de las naciones» (Gn 1, 5). Sin duda Dios cumple su llamado, ya que es nuestro padre en la fe. A pesar de lo imposible que podía parecer por su situación. 
  • Sarai, a quien Dios le dará el nuevo nombre de Sara que significa «princesa» porque será madre de reyes (Gn 17, 16) 
  • El mismo nombre de Jesús habla de su misión, encomendada por Dios, ya que significa «Yavé Salva». Sabemos que es el mismo Dios quien pide a María que este sea su nombre, por lo que desde el primer momento saben que es lo que Dios hará a través suyo. 
  • Más literal imposible. Y como no, Pedro, «Porque sobre esta Roca  edificaré mi Iglesia». Aquí tenemos al primer Papa elegido directamente por Jesús y nombrado literalmente por Él

 Como vemos el nombre implica todo el ser de la persona, todo mi yo habla de esa identidad y misión. Así mismo nuestros Grupos, todo nuestro ser comunidad habla de ello. Si ponemos un nombre que haga presente a la Virgen María, no podemos obviarlo, y haremos todo lo posible porque ella reine en nuestra alabanza y oración para llevarnos a Jesús, si nuestro nombre habla de Dios, que nuestro Grupo y nuestras acciones hablen de Él para llevarlo al mundo, etc. Por tanto, viendo lo importante que es el nombre, no solo no podemos llamarnos de cualquier manera y ponerlo al azar, si no que una vez dado, una vez recibido el nuevo nombre de parte de Dios, ya no puedo permanecer igual, no puedo vivir de la misma manera. Como pueblo no podemos caminar de la misma manera, ya que Dios nos ha dado una identidad nueva, una nueva misión a la que tenemos que responder en fidelidad, como cada una de estas personas que hemos visto como ejemplo. Reflexionemos sobre los nombres de nuestros Grupos y respondamos a lo que Dios nos pueda estar pidiendo, para mayor Gloria suya y crecimiento de nuestra Iglesia.

¡Y la lluvia vendrá!

¡Y la lluvia vendrá!

Estamos en temporada de lluvia, una lluvia que puede ser violenta o suave, pero lluvia al fin.

La lluvia trae el agua vital para la siembra y la vida misma, Jeremías 14,4:” fueron a los pozos y no encontraron, y volvieron con sus cántaros vacíos. Ya no produce la tierra por falta de lluvia y los campesinos andan apenados, cubierta la cabeza en señal de luto.

Y en Joel 2,23:  “Y ustedes, hijos de Sión, alégrense en Yavé, su Dios, porque él les da la lluvia de otoño para la fertilidad y hace caer agua en otoño y primavera como antes.

Sin lluvia la vida no es posible. Los campos secos no pueden recibir la siembra, y si quisieran sembrar, no germinará. Un campo seco no solo no hace germinar la semilla, sino que se pierde el propósito de la misma para lo cual Dios la ha creado: germinar, el brote de la planta, crecimiento y finalmente dar fruto, que a su vez, dentro de sí, tendrá nuevas semillas que harán que la cadena de la vida de dicha especie no se rompa.

Lo mismo una vida que no recibe al Espíritu Santo como lluvia, quedará como tierra reseca. Y toda semilla de la Palabra de Dios, no germinará, no brotará, no crecerá, y definitivamente no dará frutos, perdiendo la oportunidad de vivir el plan de Dios para esa vida, el diseño eterno que tiene para ella. Como dice nuestro Señor Jesús, en Jn 15,8: “la Gloria de mi Padre está en que den mucho fruto, y sean mis discípulos”.

Este es uno de los propósitos de la Palabra de Dios en tu vida, que des mucho fruto, ese mucho fruto permanezca y seas-por tanto-discípulo de Jesús.   Pero sin lluvia del Espíritu, tu vida está seca, por más que asistas todos los domingos a escuchar la Palabra de Dios en la Santa Misa, o la recibas en los grupos de oración.

Bien sabe el agricultor que no puede conformarse con la lluvia del año pasado, porque una nueva estación llega, nuevas necesidades se presentan y la producción no puede hacerse esperar ni detenerse. Sería suicida de su parte quedarse con la sola lluvia del año anterior.  Pero curiosamente esto le puede pasar a muchos, que no saben que se están suicidando espiritualmente. Porque se quedaron con la lluvia de un Seminario de vida en el Espíritu hace ya tiempo, de un congreso o retiro de hace años. O participaron de un encuentro de sanación, fueron sanados y listo.  E incluso llegar al caso de participar de un grupo de oración, que se transformó en un grupo tipo “estación seca”, porque allí no se predica más la Buena Noticia de Jesús, sino las tristes noticias de enseñanzas poco ungidas o sin contenido Cristocéntrico. Por lo tanto, toda semilla necesita del agua de lluvia.

Pero la gran diferencia entre el agricultor y el discípulo de Jesús, es que el agricultor no puede manejar el clima. Ha de esperar pacientemente que la lluvia llegue a su tiempo. Sabemos por experiencia de leer y escuchar noticias que esto no siempre es así. En cambio, el discípulo de Jesús, si puede disponer del clima. Y esto es por fe. El Señor dijo “Pidan y se les dará, busquen y hallarán, golpeen y se les abrirá. Porque si ustedes que son malos dan cosas buenas a sus hijos, ¡Cuánto más el Padre del Cielo dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!” (Lucas 11,9.13), y remata más aún diciendo: “Si alguno tiene sed, venga a mí.  Y beba de mí, aquel que cree en mí.  Porque del corazón del que cree en mí brotarán ríos de agua Viva” (Juan 7,37-38)

Pero quiero decirte algo, y es que el día que te acostumbraste a pedir, corrés el riesgo de hacerlo cada vez con menos fe, porque se transformó en una costumbre, un rito vacío de vida.

La fe que desplaza montañas es la perilla que mueve el clima a tu favor.  En Juan 7,37-38, el evangelista usa el verbo pisteuo (griego) que significa confiar, creer.  Juan usa 99 veces este verbo a lo largo de todo su Evangelio, (Marcos diez, Mateo diez y Lucas nueve), y no se trata simplemente de una creencia, sino del sentido profundo de uno que se apoya totalmente en otro.  Este otro es Jesús; ya no te apoyás en tus propios pensamientos o capacidades, habilidades o virtudes. Sino en Él, total y absolutamente. Lo mirás a Él como el Mesías glorioso a la diestra del Padre, inundado de manera infinita del Espíritu Santo, dispuesto siempre a descargar su Lluvia divina sobre todos aquellos que se apoyan, confían absolutamente en Él. Se lo aseguró a la samaritana en Jn 4,14: “el que beba del agua que yo doy nunca más tendrá sed. Porque esa agua es como un manantial del que brota vida eterna”. Pero hay que recibirlo bebiendo, hasta las entrañas mismas del ser.  Y desde allí, todo lo que brote tiene sabor y color a vida eterna. Suena increíble, ¡pero creéselo a Jesús! ¡Podés vivir una vida diaria en clima de vida eterna! Esto es: pensamientos puros, intenciones puras, amor sin límites, corazón limpio de motivaciones segundas, poder espiritual para anunciar la Vida Nueva de Jesús, un corazón de adorador las 24 hs los 7 días de la semana, paz en tu mirada y palabras, ¡sí, palabras nuevas, llenas de vida! Y ya no más palabras groseras o sinsentido; y la lista es interminable para el que vive “hidratado” de continuo por el Agua Viva del Espíritu Santo. 

Y el otro aspecto comparativo del Espíritu Santo con la lluvia, es algo más complejo, pero sencillo de entender.

Santiago apóstol lo refiere: Tengan, pues, paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. Miren: el agricultor espera el fruto precioso de la tierra aguardándolo con paciencia hasta recibir las lluvias tempranas y tardías. (St 5,7).

En tiempos de Jesús se esperaban las lluvias tempranas en el mes de octubre para iniciar la siembra. Era una lluvia potente y vertiginosa. Sólo así la semilla recién sembrada podía recibir humedad e iniciar el milagro de la germinación. Pero no era suficiente, no alcanzaba para lo que seguía, el crecimiento final y fruto abundante, para luego cosechar. Para esto, había que esperar con denuedo la lluvia tardía, entre marzo y abril. Ésta era una lluvia constante, no tan violenta, pero sí abundante y permanente. Entonces el cultivo llegaba a su madurez dando fruto y logrando una maravillosa cosecha.

La lluvia temprana es para la siembra; la lluvia tardía es para el fruto y la cosecha.

Nuestra primera experiencia de Bautismo en el Espíritu Santo, fue sin dudas, la lluvia temprana necesaria para que la Palabra de Vida, de la Buena Noticia de Cristo Jesús hiciera explosión en nuestro interior y comenzara a germinar una vida nueva, totalmente nueva e inédita en el Espíritu. Pero, ¿será suficiente para el plan, para el diseño de Dios en tu vida? Según el proceder de Dios, vislumbramos que no es suficiente. Fijémonos en el caso de los apóstoles que luego de Pentecostés, el Señor a través de ellos, sanó al paralítico de nacimiento que siempre estaba en la Puerta Hermosa del Templo (Hechos capítulo 3). Esta curación asombrosa provocó una revolución que las consecuencias no se hicieron esperar; comenzó para los discípulos una nueva era en la predicación, pero no sin persecuciones, tal como Jesús les había anticipado (Mc 10,28-31). Por lo que luego de ser apresados y liberados, lejos de asustarse y lamentarse, se unieron una vez en oración (al estilo de Hch 1,15), siendo atrevidos en su clamor, tal como el Señor les había enseñado, y sucedió lo esperado (esto es fe, que lo voy a recibir conforme a su voluntad), el lugar tembló de nuevo y TODOS fueron llenos del Espíritu Santo otra vez…y predicaban la Palabra de Dios con valentía (Hch 4,23-31).  Es que ya estaba operando dentro de ellos la Palabra de Jesús, de que la gloria del Padre está en que dieran fruto, y mucho. ¡¡Y con Pentecostés no les alcanzó, por eso suplicaron por UN NUEVO PENTECOSTÉS!!  ¡Y no había pasado mucho tiempo del primero!  Es llamativo que nosotros estamos lejos de esta pedagogía divina, ya es hora de acercarnos a ella, y aprender de nuestros primeros hermanos apóstoles.

Tu grupo de oración, tu ministerio o equipo de servicio, tu familia, tu matrimonio, ¡necesitan urgente la lluvia tardía!   El modelo de oración para recibirla está en la cita anterior mencionada, Hechos 4,23-31.

Hacela con tu equipo de servicio, con tus hermanos del grupo de oración, porque solo así llegará la lluvia tardía necesaria para llevar mucho fruto, y el que más agrada al Padre es el del cumplimiento de la Gran Comisión dada por su Hijo: “Vayan y hagan discípulos a todas las naciones…Vayan y anuncien la Buena Noticia a toda criatura…”  (Mt 28,19-20  y Mc 16,15-20) y tené la seguridad total de que inmediatamente, el Señor acompañará con signos, prodigios y señales.  Y tu corazón podrá entonces cantar como hacían los obreros de la tierra en aquel entonces al ver la cosecha, pero esta vez, cosecha de almas para la gloria de Dios.  

Los que siembran entre lágrimas cosecharán entre gritos de alegría.

Salmo 126,5

¡Amén!

 

Tu mejor amigo, el Espíritu Santo

Tu mejor amigo, el Espíritu Santo

Tu mejor amigo, el Espíritu Santo

Daniel Montes. Coordinador Región Centro RCC Argentina

Te llamará la atención el título, pero es así. El Espíritu Santo quiere ser tu mejor amigo. Y la mejor manera de ahondar en la amistad, es conocer más y mejor al futuro amigo.  

En hebreo, la palabra usada para decir amigo es rea´ y aparece 187 veces en la Biblia. Rea´ puede referirse a cualquier persona con la que uno tiene relaciones recíprocas. Y derivada de ésta, aparece también reah que se traduce “compañero o asistente”.

Por lo tanto, estás invitado de manera especial a tener una relación directa, recíproca con el Espíritu Santo, porque Él es una persona, la tercera Persona Divina.

Podrás saludarle, darle la bienvenida a tu vida, decirle “¡Buenos días amado Espíritu!”, y sentir en tu alma su suave respuesta a cada palabra tuya. Habrá reciprocidad, te lo aseguro. Es una suave y adorable Persona. Jesús lo trató con más delicadeza que con nadie. Hasta se le escucha decir a nuestro Señor: “¡Ay con que maltraten a mi Espíritu Santo!”, dicho de otra forma, “¡sean amorosos con Él más que con cualquier persona!”

El Espíritu Santo por mucho tiempo fue el “Dios desconocido”.  De hecho, el gran teólogo padre Antonio Royo Marín tiene un libro titulado “EL GRAN DESCONOCIDO, El Espíritu Santo y sus dones”.  Pero bendito sea Dios por esta hermosa Corriente de Gracia, la Renovación Carismática Católica, que nos trae el conocimiento vivo y palpitante de la hermosa Persona Divina del Espíritu Santo.

Pero el gran deseo de Jesús es que lo conozcas, que sea tu Paráclito. Ésta es una de las palabras usadas por Jesús para designar al Espíritu Santo (no dejes de leer Juan 14,15-17)

Paraklétos en tiempos bíblicos, era una persona a la que se llamaba para que ayude en tiempos de dificultad o necesidad. Es alguien que infunde ánimo a personas derrotadas o desanimadas. Y estamos en tiempos difíciles sin duda, y en tu vida personal has de tener momentos de desánimo, dificultad o necesidad, ¿quién no?  Pero tu amistad con el Espíritu Santo marcará la gran diferencia en tu vida y a tu alrededor. Puedo dar fe de que es así.

Viste cuando tenés que hablar de un gran amigo, y te preguntan por él, podrás responder con comparaciones. Dirás que es manso como un estanque, firme como una roca, “más bueno que el Quaker” (dicho popular). Todas las comparaciones sirven para conocer mejor a nuestro Amigo, el Espíritu Santo; su manera de obrar y de ser.  

Por eso, en esta serie de “Tu mejor amigo, el Espíritu Santo”, te lo presentaré hoy en esta comparación, muy usada en la Biblia: el aceite. Éste, como otros, son símbolos que, al conocer sus propiedades, nos ayudarán a conocer mejor cómo actúa nuestro amado Espíritu.

1Jn_2,20: Ustedes han recibido la unción del Espíritu, y todos tienen la verdadera sabiduría.

1Jn 2,27:  Ustedes conserven la unción que recibieron de Jesucristo y no tendrán necesidad de que nadie les enseñe; porque su unción, que es verdadera e infalible, los instruirá acerca de todo. Lo que les enseñe consérvenlo.

1Sam_16,13:  Samuel tomó el frasco de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. En aquel momento invadió a David el Espíritu del Señor, y estuvo con él en adelante.

Como primer aspecto, el aceite al caer sobre madera u otro material, deja una marca; lo hace de modo indeleble. Así es con el Espíritu, cuando cae su Presencia en tu vida, con la unción, marca e indica pertenencia. Esto sucedió en el día de tu Bautismo. Ya no te pertenecés, le pertenecés a Él.   Al igual que en la yerra, se marca el animal a fuego y dice de quién es, que no es un “don nadie”, así sucede con la marca de la unción del Espíritu. Te cuento que no se borra jamás, quedará en tu alma por toda la eternidad, dice con claridad que eres hijo de Dios ungido, marcado a fuego con el Espíritu. Pero tranquilo, no te quitará la libertad, sino que, todo lo contrario. Serás verdaderamente libre, lo dice Jesús en Juan 8,34.36: 34Jesús les contestó: “En verdad, en verdad les digo: el que vive en el pecado es esclavo del pecado. 36 Por tanto, si el Hijo los hace libres, ustedes serán realmente libres.” 

El Espíritu, con su marca, con su unción, te garantiza esa libertad que Cristo te ganó.  Entonces en este primer aspecto estás consagrado a Él con una pertenencia única, inquebrantable.

 

En un segundo aspecto, el aceite tiene un aroma particular, inconfundible y permanente. Así le sucede al que vive en relación permanente con el Espíritu y su unción. Despides aroma a santidad, no por la cara que pongas o tus prácticas externas, sino por tu estilo de vida. Un estilo donde prevalece la alabanza frente a la queja; la acción de gracias frente a lo cotidiano de la vida; la fe firme ante las dudas y los “leones” que te rodean; el perdón continuo ante los roces cotidianos con quienes vivís o servís; en una palabra, sos Jesús en todas partes. En público y en privado. De una sola pieza, “sin-cera” (así eran llamadas las esculturas genuinas, sin parches), sin fisuras ni dobles intenciones en lo que hacés o dejas de hacer. Pureza de corazón entendida como pureza de intención en todo lo que hagas, pienses o digas. Dios que todo lo ve, ve la misma persona tanto en el anonimato como en el hombre público o mujer que sos.

Reconozco a la distancia a estas personas, ¿podrían decir lo mismo de vos o de mí?  Es bellísimo estar con estas personas, te contagian y te dan ganas de ser como ellas; no imitando lo externo solamente, sino más bien preguntarles –“¿cómo hacés para ser así?”.   Te dirán: – “vivo en el Espíritu, tengo una relación hermosísima con Él”.

¡Amén!, que así sea hermano con vos y conmigo!

 

Un tercer aspecto que podés observar en el aceite es que lubrica los engranajes, suaviza el roce de las piezas. Si la llave gira con dificultad basta con colocar aceite lubricante y santo remedio. ¿Quién podrá lubricar al espíritu humano, al alma humana tan golpeada y erosionada por heridas y peleas sin fin? Porque seamos honestos, hasta en los mismos grupos de oración, comunidades y equipos de servicio hay roces y posiciones incómodas.

¿Por qué pasa esto? Porque no hemos sido ungidos lo suficiente por el Espíritu Santo. Sólo aparecerá el aceite lubricante del amor, del perdón, de la paz y de la sanación interior cuando estemos invadidos amorosamente por el Espíritu Santo y establezcamos una relación con Él.

 

¿Sabías que en el Tabernáculo de Moisés había una sola lámpara de siete luces? (Ex 37,17).   Estamos ahora en el cuarto aspecto del aceite.

El Lugar Santísimo era iluminado por esta sola lámpara alimentada por aceite. Sólo estaba permitida esta luz. De igual manera sólo la Luz brillante del Espíritu Santo arrojada por la unción, podrá revelarte el mundo espiritual. Y esta iluminación se dará en el Santuario de tu cuerpo, que es el nuevo Tabernáculo de Moisés, el nuevo lugar santísimo. Sí, escuchaste bien, tu cuerpo. Lo dice la bella Palabra de Dios: 1 Corintios 3,16: “¿No saben que son santuario de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?” Por eso has de cuidarlo y poner en práctica el Mandamiento olvidado: “…como a ti mismo”, cuidá tu cuerpo, lo que comés, lo que ves, lo que escuchás, y cuántas cosas más, forman parte de ejercer este mandato de “amarnos a nosotros mismos” en perspectiva bíblica. Este cuidado de tu santuario, evitará las sombras que aún arrojan dichos asuntos (malos hábitos, mañas, etc) sobre la luz del Espíritu que quiere mostrar y revelar. Si hay sombras interiores, hay zonas oscuras.

 

Un último aspecto a abordar, el quinto (hay muchos más, pero hasta aquí llegamos hoy) es la nutrición. Las mujeres nutren su cabello con óleos especiales; los alimentos en conserva, tienen aceite. Es esencial para la conservación de la vida. Hoy echamos un vistazo y vemos a muchos hermanos de la Renovación que se están secando, tal como los huesos secos de la visión de Ezequiel (Ez 37,1ss). ¿Qué está pasando en el Cuerpo de Cristo que hay miembros desnutridos? ¿Por qué algunos grupos de oración se han vuelto anémicos, casi anoréxicos?

¿Por qué entonces?

Porque aún no se ha recibido la suficiente nutrición del aceite del Espíritu Santo, falta la unción que alimenta y sustenta el espíritu humano.

Me encanta la visión que tuvo el profeta Zacarías de la Lámpara de siete luces de oro (Zacarías 4,2ss) donde hay depósitos por sobre las lámparas para que fluya aceite de continuo hacia ellas y jamás se agote la luz. En cambio, la lámpara de siete brazos que estaba en el Tabernáculo, tenía aceite sólo para una jornada, había que renovarlo todos los días.

 

A modo de conclusión de esta primera entrega, deseo fuertemente en mi corazón que el Espíritu Santo sea como esos depósitos que describe Zacarías en su visión, de tal manera que no deje de fluir el aceite del Espíritu en tu pujante vida.

Que al final de esta lectura tengas la convicción de que el Espíritu Santo no será ya una persona extraña y desconocida, sino que sea el inicio de una relación tan tierna e íntima, que su continuo fluir iluminará, sanará, fortalecerá, lubricará todas tus relaciones; apreciarás tu cuerpo como su Templo, y por sobre todas las cosas, los demás verán en vos a Jesús con su característico aroma de paz y amor.

“Amado Espíritu Santo, te amo y te adoro, gracias por permitirme hablar de Ti, aunque sea unos trazos de tu dulce Persona, sigue mostrándonos más y más quién eres, Amén. ¡¡¡Te amamos!!!”

ALABANZA Y ADORACIÓN: IDENTIDAD ESPIRITUAL DE LA RCC

ALABANZA Y ADORACIÓN: IDENTIDAD ESPIRITUAL DE LA RCC

ALABANZA Y ADORACIÓN: IDENTIDAD ESPIRITUAL DE LA RCC

 Padre Douglas Pinheiro Lima

Como parte de la Conferencia Virtual “The Ark and the Dove” ( El Arca y la Paloma) dentro de los festejos del Jubileo de Oro de la RCC, el Padre Douglas Pinheiro Lima realizó una enseñanza titulada “Adoración y Alabanza: Una liturgia viva en el cuerpo místico de Cristo”. El padre Douglas es Master en Teología, sacerdote de la Diócesis de Osasco, en Brasil, y ejerce su ministerio en la Parroquia de Nuestra Señora de Fátima, en la ciudad de Jandira/SP. Es el responsable del Diálogo Ecuménico e Interreligioso en la diócesis. Padre Douglas es además miembro del equipo de servicio de ENCRISTUS (una plataforma de comunión entre católicos y evangélicos) y de la” Misión Somos Uno”, en Río de Janeiro (grupo que promueve encuentros entre católicos y evangélicos).

El predicador habló del secreto de cómo llevar la unción a las reuniones de alabanza y adoración de los grupos y comunidades de la Renovación Católica Carismática; a continuación compartimos esta enseñanza.

Para el Padre, dicho secreto consiste en mirar y contemplar la Liturgia, pues en la misma, el Espíritu Santo lleva a toda la Iglesia al misterio de Cristo. Comprendemos el misterio de Cristo como toda su vida: su encarnación, ministerio, predicaciones, palabras, muerte, resurrección, ascensión y pentecostés. A nivel humano, todo este misterio de Cristo se pasa a la Iglesia por el poder del Espíritu Santo por medio de la Liturgia.

En la Liturgia, Jesús viene a nosotros por medio del Espíritu Santo, Jesús reúne a sus fieles, a su esposa la Iglesia y es el Cristo el que actúa, pues es el autor, el hacedor de todo, el protagonista, la Iglesia es solo la esposa, solo recibe, solo mira, que Cristo hace todo por ella. Estamos llenos de todo lo que recibimos de Él en la Liturgia.

La asamblea carismática desea ser una extensión de la Liturgia, consecuencia de la misma, un desbordamiento de lo recibido en la Liturgia es que la asamblea va hacia Jesús por medio del Espíritu. La asamblea carismática desea ir con la misma fuerza del Espíritu Santo y el Espíritu en la Iglesia desea traerlo, pues Cristo y la Iglesia son uno en el Espíritu Santo. En la Liturgia, quien lo recibía todo era la iglesia pero en la asamblea carismática ahora hay dos destinatarios, Cristo que va a recibir nuestra alabanza y adoración y el mundo que va a recibir nuestro testimonio.

Todo lo que la Iglesia ha contemplado en el trono del cordero desea reproducirlo, lo que ha visto en el cielo, hacerlo en la tierra. Lo que ha mostrado Cristo en la Liturgia se hará en la tierra. La multitud que exclama en una gran voz, ¡Amén! ¡Aleluya! ¡Gloria! en adoración, como habla el libro del Apocalipsis 19, 4.

Hablar en voz alta no es prescindible, es parte de nuestra identidad pentecostal porque es por medio de esto que creamos una atmósfera que es igual a aquella que está cerca del trono de Dios.  La alabanza, parte de nuestra identidad,  debe ser audible como los truenos de los cielos y el crujido de las llamas que se pueden escuchar. La alabanza y la adoración deben ser la reproducción de la voz divina que ella misma ha escuchado, se asemeja al sonido de muchas aguas como aparece en Apocalipsis. Cantos que no se pueden aprender porque no tienen palabras, haciendo alusión a la oración en lenguas.

Las alabanzas son para nosotros, instrumentos para la lucha, la pelea, el combate espiritual porque nos recuerdan lo que Dios es porque se basa en los atributos de Dios; es santo, es amor, es verdad, es bondad, es camino, es vida, es unción. La alabanza es recordar con palabras y pensamientos las obras de Dios.

Los demonios son criaturas que desean ser lo que Dios es y también desean hacer lo que Dios hace. Nada más repulsivo para los demonios que el énfasis vocal dado por medio de la asamblea carismática. El ambiente de adoración reproduce la atmósfera celestial perdida por ellos y las palabras de alabanzas desenmascaran los hechos y actos mentirosos de los demonios, porque ellos pueden ser creativos pero sólo Dios es creador, ellos pueden tener fuerza pero sólo Dios tiene poder, pueden darle placer a los hombres, pero sólo Dios provee felicidad.

La alabanza y la adoración me hacen asimilar en el alma estos hechos de adoración porque estoy haciendo y elaborando aquello que digo. Lo que mucho decimos, el corazón lo va asimilando, lo que odia el demonio por lo que se hace más enemigo y tentador.

La alabanza y la adoración son un instrumento de sanación y liberación; la liberación espiritual es causarle repulsión al demonio por encontrarnos en comunión con el Señor.
La manera de alabar coopera en la liberación emocional, la expresión espontánea de las asambleas y la vocalización de lenguas coopera para una función de liberación de sentimientos internos y bloqueos que pueden presentarse.

Estar en la atmósfera de alabanza nos hacer salir de nosotros mismos yendo hasta Dios con la fuerza del Espíritu Santo. Salir de nosotros nos hace encontrar nuestras faltas, culpas, heridas. El Espíritu genera sanaciones físicas como una manera de testificar la satisfacción que Dios nos tiene al recibir la reverencia de su pueblo.

Es nuestra tarea ser testigos del fuego de Dios que conocemos alrededor del trono del Cordero, crear atmósfera, hacerlo y decirlo con fuerza para que el mundo conozca al Señor.

 

¿CARGO? ¿CARGA? ¡NO, SERVICIO!

¿CARGO? ¿CARGA? ¡NO, SERVICIO!

¿CARGO? ¿CARGA? ¡NO, SERVICIO!

REFLEXIONES DEL P. GABRIEL LAURÍA. ASESOR DE RCC. ARQUIDIÓCESIS DE SANTA FE

Esta frase la escuché durante el último Encuentro Nacional de Equipos Regionales, Coordinadores Diocesanos y Asesores que tuvimos los días 11, 12 y 13 de octubre y donde se procedió a elegir el nuevo Coordinador Nacional (fue reelegido Daniel Aimaretti) y el nuevo Asesor Nacional, Padre Carlos Acosta.

Por eso me pareció una excelente frase para compartir algunas reflexiones sobre el liderazgo y el servicio en la RCC.

Una de las situaciones más dolorosas que vivimos como Iglesia y en particular en la RCC es aquella en la cual los “líderes – servidores” una vez terminado el mandato en sus funciones desaparecen. Literalmente “desaparecen” porque no se los ve más compartir un Encuentro, un Retiro, a veces lamentablemente ni siquiera el Grupo de Oración. Y cuando uno consulta el porqué de esta situación la respuesta en general es: CANSANCIO, DECEPCIÓN, FRUSTRACIÓN, ENOJO, etc.

¿Qué nos pasa? En general perdimos la perspectiva y pasamos del servicio, al cargo o a la carga. Esta es la clave para comprender esta situación, pero también la clave de conversión para que no nos siga pasando.

En un artículo, que tiene sus años, escrito por el Padre Francisco “Paco” Muñoz Molina, o.ss.t. encontré algunas claves que nos pueden ayudar. Reproduzco algunos párrafos.

Uno de los factores más importantes para desarrollar el liderazgo espiritual en nuestros grupos de oración y comunidades, es comprender lo que es el liderazgo espiritual. Uno de los problemas que enfrentamos son las concepciones erróneas acerca de lo que debe ser un líder el cuerpo de Cristo.

La primera concepción errónea es tomar el liderazgo dentro del cuerpo de Cristo, de acuerdo a los modelos seculares. La teoría de este modelo es que, para ser líder, una persona tiene que ser agresiva, ambiciosa de triunfos personales, promotora de sí misma y tratar siempre de estar en la cima.

El segundo modelo inadecuado lo podemos obtener en el líder político. Dentro de esta concepción la gente se elige por voto popular. El candidato hace su campaña para estar en posición de poder, realizar sus programas o proyectos con el apoyo del resto del grupo. El resultado inmediato de esto es la formación de bandos dentro del grupo, cada uno con una idea o programa de cómo deben llevarse a cabo las cosas. Al crear fracciones, empezamos a romper las relaciones de hermandad que son esenciales para el éxito del grupo que Dios desea que formemos.

Para nuestros grupos de oración el Señor quiere un tipo de liderazgo distinto de los modelos que hemos considerado anteriormente. En Mateo 20, 25-26, Jesús habla a sus discípulos alertándoles en contra de algunos tipos de liderazgo. La alternativa a estos falsos modelos de liderazgo es el servicio, servicio espiritual. Entre cristianos, liderazgo es servicio. En la comunidad cristiana líderes no son solamente aquellos que tienen toda clase de posiciones de responsabilidad, como estamos acostumbrados a pensar al usar la palabra “líder”, sino que cada uno en la comunidad puede tener un servicio que realizar dentro del cuerpo de Cristo.

Hemos dicho que liderazgo es un servicio espiritual. En el sentido cristiano, espiritual o ”en el espíritu”, se refiere a aquello que está formado por el Espíritu Santo, guiado por el Espíritu Santo, y hecho en tal forma que manifiesta los frutos del Espíritu. Por lo tanto, liderazgo espiritual no significa exactamente un servicio supernatural.

Así, cuando cada uno está en el lugar donde Dios quiere que esté, siente paz consigo mismo y en sus relaciones con los demás, así como también hay integridad en su vida, sin que le afecten las posiciones de servicio que los demás puedan tener.

Nuestro valor o mérito en el cuerpo de Cristo está asegurado por nuestro amor de unos por otros como hermanos y hermanas, no por nuestra posición o servicio en el cuerpo. Por lo tanto, a pesar de que en el cuerpo de Cristo hay variedad de liderazgos basados en una variedad de dones, hay cierta unidad para todos los diversos servicios y formas de liderazgo. En 1 Corintios 13, tenemos lo que podríamos considerar la continuación de lo que antes leímos de San Pablo sobre los dones. El servicio básico que todos tenemos, sin considerar si tenemos fe o poderes, o conocimiento, o lo que sea, es amar; preocuparnos por nuestros hermanos y hermanas y participar del mensaje de Cristo en la situación en que vivimos, porque nuestro amor y cuidados son para esos con quienes estamos obligados.

 Para pensar, orar y convertirnos.

¡Ven Espíritu Santo!

TURISMO CARISMÁTICO

TURISMO CARISMÁTICO

TURISMO CARISMÁTICO

El Padre Jacques Custeau es uno de los líderes de la Renovación Carismática en Canadá. Por su interés reproducimos aquí algunas de sus reflexiones sobre lo que él llama «turismo carismático».

Afirmaba el Padre Jacques: “ Es importante pertenecer a un grupo de oración, y yo creo que una persona puede pertenecer realmente sólo a un grupo. Ocasionalmente y para variar un poco puede ser bueno ir y orar con otro grupo o aprender cómo otros efectúan sus reuniones. Pero esto ocurriría sólo en contadas ocasiones y el resto del tiempo deberá ir a su propio grupo para orar.”

El crecimiento espiritual está conectado íntimamente con el pertenecer a un grupo de oración. Es allí donde llegamos a conocer a nuestros hermanos y hermanas. Con ellos podremos sobrellevar las cosas buenas y malas que nos ocurran.

El pertenecer a un mismo grupo también nos capacita para recibir enseñanzas constantes que nos fortalecerán entre nosotros para poder progresar espiritualmente. Añadiremos también que conociéndonos unos a otros podremos ejercitar la corrección fraterna cuando sea necesario, lo que nos ayudará a avanzar más. Echar raíces en un solo grupo es también señal de que la persona ya pasó de su época de simple consumidor.

Con mucha frecuencia las personas que circulan de un grupo a otro sin echar raíces en ninguno son las que sólo desean recibir sin dar. El decidir pertenecer a un grupo particular significa aceptar que tenemos nuestra parte de responsabilidad en ese grupo y por la gente en el grupo, y aún fuera de las reuniones de oración.

El turismo carismático también puede ser indicio de dos tentaciones muy sutiles:

  • La primera es sensacionalismo, que aún sin darse cuenta, la persona busca grupos con el deseo de ver milagros. Es importante recordar lo que el P. O’Connor escribió en su libro: «La Renovación Carismática: su origen y perspectiva»: ‘Un momento de oración profunda tiene un valor infinitamente mayor que el espectacular milagro o la más sorprendente profecía. La verdadera oración, en efecto, es la unión vital con Dios. Esto es lo que los carismas nos ayudan a lograr’.
  • La segunda tentación es la de escapar. La participación en los grupos de oración puede volverse una excusa para escapar de situaciones familiares o de la comunidad que preferimos evadir. Sería muy apropiado preguntar a las personas que van de una reunión a otra: ¿De qué están escapando ustedes? ¿Qué es lo que anda mal en sus casas o en sus comunidades?

Si su oración es un escape o pretexto para descuidar sus obligaciones, ¿Creen que las oraciones van a ser agradables a Dios?”

 El P. O’Connor también dice: «Puede suceder, desde luego, que la oración se convierta en una excusa para descuidar otras responsabilidades. Pero entonces deja de ser oración auténtica: no es más que apariencia externa que se convierte en hipocresía«.

Hermano, hermana, es bueno que perseveres en un grupo de oración.