Cuaresma 2020. R. Cantalamessa

Cuaresma 2020. R. Cantalamessa

«¡Ayuno de nosotros mismos y Palabra de Dios, he aquí un buen programa para la Cuaresma! Un programa austero, pero no tétrico, sino bello y fascinante. La Cuaresma no es un regalo que hacemos a Dios, sino un regalo (¡y qué regalo!) que Dios nos hace a nosotros».

En estas palabras, hacia el final de su intervención, el padre Raniero Cantalamessa sintetizó el contenido de su primera predicación de la Cuaresma de este año ante la Curia vaticana, que tuvo lugar este viernes, según es tradicional, en la capilla Redemptoris Mater del Palacio Apostólico. Leer más

CHARIS: Argentina Presente

CHARIS: Argentina Presente

Argentina presente en la Primera Conferencia Internacional para Líderes de las Comunidades Carismáticas organizada por CHARIS

Del 15 al 17 de enero 2020 en Recife-Brasil tres argentinos participaron de la I Conferencia para líderes:

  • Asesor Nacional Padre Carlos Acosta, responsable de la Secretaría Nacional de Formación y Evangelización y responsable del Ministerio Nacional de Sanación y Liberación.
  • Oscar Martínez, representante de Comunidades de Alianza en Argentina, responsable de la Comisión de Ecumenismo, Diálogo y Política.
  • Silvia Diaz, quien fue a representar su Comunidad Adoremos al que Vive.

El Padre Carlos Acosta  nos comparte esta reflexión de lo vivido:

 Juan 3,8 nos dice: «El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu.»

Las palabras del Señor a Nicodemo iluminan la experiencia vivida en Recife, Brasil, en el Encuentro de líderes de  Comunidades Carismáticas convocado por CHARIS. 

En un tiempo de crisis en las Órdenes Religiosas tradicionales por la falta de vocaciones, la unción y consagración que hemos recibido en el Bautismo no se agota. Es un nuevo tiempo, y el Espíritu inquieto de Dios es novedad. Sabemos que «todo sucede para bien de los que aman a Dios». Así como en los tiempos de mayor prueba para la Iglesia nacían nuevas Congregaciones, franciscanos, dominicos y las grandes  Órdenes-congregaciones, en el hoy de la Iglesia el Espíritu sigue originando nuevos carismas para edificación de su Iglesia. Pero sobre todo el Bautismo en el Espíritu ha despertado en el laico su conciencia de la consagración recibida en el Bautismo sacramental. Así el Señor promueve el deseo de una vida comunitaria dentro de la gran familia que es la Iglesia.

La vivencia y la experiencia de la vida comunitaria se vivía en un mismo idioma, a pesar de que había representantes de nuevas Comunidades de todo el mundo, el idioma de la Iglesia Católica era el idioma del Espíritu «un solo corazón y un solo espíritu».

Pidamos para la Argentina, en este año jubilar que estamos celebrando, que el Señor nos permita unirnos en un mismo trabajo evangelizador con las Comunidades que han surgido de esta bendita Corriente de Gracia que es la RCC, que se sanen todas las heridas que pueda haber  provocado la distancia y que también nos dé la gracia de acompañar y apoyar las nuevas Comunidades que el Señor va suscitando.

CHARIS. Primera Conferencia Internacional para Líderes de las Comunidades Carismáticas

Tres fueron las temáticas abordadas del 15 al 17 de enero 2020 en Recife-Brasil y compartida, alguna de ellas como formación en el idioma original de los disertantes en CHARIS

El miércoles 15 se abordó el enfoque sobre la “Evangelización de jóvenes” a partir de experiencias reproducibles de comunidades que trabajan con jóvenes.

  El  jueves 16 el tema fue el ”Tratamiento de abusos en las Comunidades”. Algunos pueden pensar que las comunidades carismáticas están a salvo de los problemas de abusos sexuales o abusos de autoridad que están en los titulares de todo el mundo; la realidad muestra que este no es el caso. Es importante reflexionar sobre este tema para tomar con humildad las medidas necesarias para prevenir este grave problema. Ver la formación de Jean-Luc Moens. 

El viernes 17 el tema fue “Avanzar en aguas profundas”. Las comunidades responden al llamado del Papa Francisco de «servir a la unidad del Cuerpo de Cristo, la Iglesia, la comunidad de creyentes en Jesucristo y servir a los pobres y a los más necesitados de ayuda física o espiritual». 

Espíritu Santo: Fuego, parte I

Espíritu Santo: Fuego, parte I

Cuando estamos encendiendo el fuego para el asado o para el hogar, debemos avivarlo soplando fuertemente. Los más avezados usan un secador de cabello, ¡y funciona!, ¡créeme! Cada tanto debemos acercarnos a la fogata y agitarla para que las brasas calienten más y más hasta la temperatura ideal para hacer lo que tenga que hacer, un rico asado (barbacoa en otros países) o un fuego que calienta toda una atmósfera fría. Con seguridad, has recibido el Bautismo en el Espíritu Santo…y fuego. (Mateo 3,11; Lucas 3,16). Lo hizo Jesús en tu vida conforme a la sentencia bíblica que se oyó por boca de San Juan el Bautista: “Él los bautizará en Espíritu Santo y fuego”.

Pero te puede pasar a vos, me puede pasar a mí lo que a Timoteo. Esto me llamó poderosamente la atención en este fiel amigo y discípulo de Pablo. Timoteo era joven y pastor de una gran comunidad. Los obstáculos a vencer no eran pocos, pero parece que se estaba enfriando, ya sea por temor o porque el celo por la Buena Nueva del Señor estaba decayendo. Pablo no permitió que esto avanzara y le recuerda:
“te recomiendo que reavives el carisma de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.” 2 Timoteo 1,6. Necesitaba avivar el don, el carisma que ya estaba en él; tal como cuando uno sopla en el centro de los leños y la llama se reaviva.

Aquí hay dos caras de la misma moneda, déjame decírtelo: una es la persona misma de Timoteo (¿o tal vez vos, o yo?) y la otra es la mismísima Persona del Espíritu Santo.

Las brasas por sí solas tienden a cubrirse de cenizas y a apagarse, por eso necesitan del “avivamiento”. El fuego está allí, pero hay que avivarlo. ¡Alguien tiene que tomar la iniciativa! ¿Adivina quién? Vos. Sí, vos y nadie más que vos tiene la responsabilidad de que la llama no se apague.

Me encanta esta anécdota:
Había una vez un padre cuyas hijas siempre le hacían muchas preguntas.
Algunas, las sabía responder, otras, no tenía la mínima idea de la respuesta.
Como pretendía ofrecer la mejor educación a sus hijas, las envió para pasar las vacaciones con un viejo sabio que vivía en lo alto de una colina.
Este, a su vez, respondía todas las preguntas sin dudar.
Muy impacientes con esa situación, pues constataron que tal anciano era realmente sabio, decidieron inventar una pregunta que el sabio no supiera responder.
Pasaron algunos días y una de las niñas apareció con una linda mariposa azul y dijo a su hermana:
“¡Esta vez, el sabio no va a saber la respuesta!”
“¿Qué vas hacer?” Le preguntó la otra niña.
“Tengo una mariposa azul en mis manos. Voy a preguntarle al sabio si la mariposa está viva o muerta. Si él dijera que está muerta, voy a soltar mis manos y dejarla volar hacia el cielo. Si él dijera que está viva, voy apretarla rápidamente, aplastarla y, así, matarla. Como consecuencia, cualquier respuesta que el anciano nos dé va a estar equivocada.”
Las dos niñas fueron, entonces, al encuentro del sabio, que estaba meditando bajo un eucalipto en la montaña.
La niña se acercó y le preguntó si la mariposa en su mano estaba viva o muerta.
Calmo, el sabio sonrió y le respondió:
“Depende de usted. Ella está en sus manos.”

Esta es una cara de la moneda, lo que depende de ti. ¿Cómo avivas el fuego? Tres atizadores para reavivar la llama: Uno, ora (ve a 1 Timoteo 2,1). Dos, testifica el Evangelio de Jesucristo con poder (ve a 2 Timoteo 1,8; 4,2). Tres, ama como Jesús te ama, “les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Ustedes deben amarse unos a otros como yo los he amado.” Juan 13,34. Ora, evangeliza con poder y ama.
Retomando el capítulo 1 de la 2° carta a Timoteo, vamos ahora al versículo 7 que nos revela la otra cara: “Porque el Espíritu que Dios nos ha dado, no es un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” Es el Espíritu Santo mismo.

El Espíritu Santo no genera temor en nosotros, “Porque el Espíritu que Dios les ha dado no los esclaviza ni les hace tener miedo. Por el contrario, el Espíritu nos convierte en hijos de Dios y nos permite llamar a Dios: «¡Papá!» (Romanos 8,15), sino más bien genera poder, amor y disciplina
(mente sana, dominio propio). ¡Todo discípulo necesita estas tres cosas!

El Espíritu Santo es el poder en nuestras vidas, “recibirán poder cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes; y serán Mis testigos…”(Hechos 1,8); “A Dios que tiene poder para realizar todas las cosas incomparablemente mejor de lo que podemos pedir o pensar, conforme al poder que actúa en nosotros” (Efesios 3,20); “Todo lo puedo en Cristo que me da la fuerza.” (Filipenses 4,13). Pablo usa la palabra «poder» en todas sus cartas, excepto en la que escribió a Filemón.

El Espíritu también nos da amor, porque el fruto del Espíritu es amor (Gál_5:22). Nuestro amor por Cristo, por la Palabra, por otros creyentes y por los perdidos debe proceder del Espíritu (Rom_5:5). El Espíritu también nos da disciplina y dominio propio; como resultado, no somos fácilmente arrastrados por nuestras emociones o circunstancias. Cuando el Espíritu está en control, experimentamos paz y sosiego, y el temor y la cobardía se desvanecen. Nótese Hch_4:1-22, el versículo Hch_4:13 en especial.

El Espíritu Santo nos da la disciplina, el dominio propio. La palabra original es sófronismós, una de las grandes palabras griegas intraducibles. Alguien la ha definido como » la sensatez de la santidad.» Otro como «el dominio propio frente al pánico o la pasión.» Es el Espíritu el único que nos puede dar ese dominio propio que nos mantendrá libres tanto de ser arrebatados como de salir huyendo. Ninguna persona puede nunca dirigir a otras a menos que se haya dominado a sí misma. Sófronismós es ese dominio propio que Dios da que hace a una persona capaz de dirigir a otros porque ella misma es antes de nada servidora de Cristo y dueña de sí misma.

Y todo tiene un propósito clarísimo, lo leemos en 2 Tim 1,8.  

Veamos. El “-Por tanto…” indica el para qué lo anterior.

«-no te avergüences…». El tiempo del verbo griego significa «nunca te avergüences», y no, «que dejes de avergonzarte». Timoteo no se había avergonzado del Evangelio; que no empiece a hacerlo ahora. Ni vos ni yo nos avergonzaremos. En Rom 1,16 Pablo explica por qué no hay que sentir vergüenza por el Evangelio: “No me avergüenzo de la Buena Noticia (Evangelio), porque es poder de Dios para salvación a todo el que cree”.

—»de dar testimonio de nuestro Señor». El texto griego no dice «dar testimonio»; dice, «no te avergüences del testimonio de nuestro Señor «. Es clarísimo.

–“sino, al contrario, soporta conmigo los sufrimientos por la Buena Noticia, ayudado por el poder de Dios”. El Espíritu Santo, Fuego de Dios, te dará poder para soportar todo sufrimiento que acarree el anunciarle y testificarle. ¿Pero sabes qué? No estás solo, otros también soportarán contigo estos desafíos de anunciar sin vergüenza la Buena Noticia de Jesús.

¿Ya tienes en claro las dos caras de la moneda?

VOLVER A LA PALABRA

VOLVER A LA PALABRA

VOLVER A LA PALABRA

Este año el Papa Francisco designó el Tercer Domingo durante el Tiempo Ordinario como el “Domingo de la Palabra de Dios” con la intención de renovar el valor y el gusto por la Palabra entre los cristianos. No es un dato más ni solamente una cuestión de devoción bíblica. EL Santo Padre tiene muy claro y así nos lo quiere hacer saber y sobre todo vivir el valor y la importancia de la Palabra de Dios en la vida cristiana. De hecho, escribe: “La relación entre el Resucitado, la comunidad de creyentes y la Sagrada Escritura es intensamente vital para nuestra identidad. Si el Señor no nos introduce es imposible comprender en profundidad la Sagrada Escritura, pero lo contrario también es cierto: sin la Sagrada Escritura, los acontecimientos de la misión de Jesús y de su Iglesia en el mundo permanecen indescifrables. San Jerónimo escribió con verdad: «La ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo» (In Is., Prólogo: PL 24,17).

Esto nos habla de la importancia de volver a la Palabra. En los primeros tiempos de la Renovación era común ver a los renovados con la Biblia en la mano. Si había alguna reunión eclesial era fácil distinguir a los de la Renovación porque eran los primeros en abrir sus Biblias. Hoy creo que hemos perdido un poco de ese amor a la Palabra. Con tristeza he comprobado personalmente las veces que muchos hermanos participan de Encuentros, Retiros, Prédicas, etc. sin la Palabra de Dios en sus manos. Mucho menos todavía el conocer, amar, valorar y vivir con la Palabra en la mano y en el corazón.

El Documento de Malinas I dice lo siguiente: “Uno de los frutos más importantes de la Renovación es un profundo amor a la Escritura. En las reuniones de oración se lee y saborea la Escritura como un acto de oración, en el espíritu de la lectio divina tradicional… Todo cristiano puede y debe acercarse a la Biblia con sencillez, porque es el libro del pueblo de Dios. Siempre que permanezca dispuesto a dejarse iluminar por la interpretación que le ofrece la fe viviente de la Iglesia, no corre el peligro de caer en esa interpretación individual y en ese literalismo estrecho que definen el fundamentalismo.”

Patti Gallagher Mansfield en el libro “Como un nuevo Pentecostés” hablando de lo que significó el Bautismo en el Espíritu Santo para los jóvenes de Duquesne expresa: “En resumen, Jesucristo es una persona real para nosotros, una persona real que es nuestro Señor y que toma parte activa en nuestras vidas. Leímos el Nuevo Testamento como si fuera literalmente  actual, en cada palabra, en cada línea. La oración y los Sacramentos se han convertido realmente en nuestro pan de cada día, en vez de prácticas que reconocemos como ‘buenas para nosotros’. Un amor por la Sagrada Escritura, un amor por la Iglesia que nunca creí posible…”

Para que empecemos a volver a la Palabra les ofrezco algunos textos para meditar:

1º La Palabra es lámpara y fuego: Sal 119, 105; Jer 20, 9. Lámpara que ilumina el paso que se da, no toda la carretera. Hay que tenerla encendida, como las vírgenes, para entrar en la boda. La usan los que quieren ver en medio de la oscuridad de los problemas y dificultades. Fuego que quema los huesos del profeta y que no se puede extinguir. También purifica (Jn 15, 3). Jesús – Palabra es la luz de este mundo (Jn 8, 12).

2º La Palabra es espada: Ef 6, 17b; Heb 4, 12. Espada para la batalla: El arma más importante del soldado. Identifica a los reyes. La Palabra de Dios es la mejor arma para la batalla espiritual y las insidias del enemigo, como Jesús en el desierto. De doble filo: corta por las dos partes, penetra a profundidad las motivaciones de los hombres. Todo está desnudo ante la Palabra; nadie la engaña. Jesús – Palabra penetra el corazón. Jesús conoce lo que hay en el interior de la persona. (Jn 2, 25). No sólo lo que hace, sino sus motivaciones.

3º La Palabra es martillo: Jer 23, 29. El martillo, como la palabra profética, destruye y construye: El profeta Jeremías proclama esta Palabra que destruye las viejas estructuras, pero construye una nueva alianza (Jer 1, 10). Golpea para triturar la arrogancia de los orgullosos y las imágenes de los ídolos que suplantan al verdadero Dios. Destruye la vanidad y la soberbia, así como los sofismas de los sabios ( 2 Cor 10, 4). Sin embargo, el martillo también afianza con clavos una estructura. Nuestra fe debe estar consolidada en y por la Palabra de Dios; de otra forma, se erosionaría con cualquier viento de doctrina novedosa. San Lucas escribió su evangelio para solidificar las enseñanzas recibidas.

4º La Palabra es agua y lluvia: Is 55, 10-11. Agua que fecunda y hace crecer la vida de Dios. El agua siempre es fuente de vida. Lluvia que cae del cielo (iniciativa divina) para refrescar la aridez del desierto. Jesús – Palabra tiene agua que brota de su seno (Jn 7, 37-38) en la cruz (Jn 19, 34). La samaritana suplica: “Dame de esa agua” que salta hasta la vida eterna (Jn 4, 15). En Emaús la Palabra de Jesús regó el espíritu seco y marchito de los discípulos.

5º La Palabra es miel: Sal 119, 103; Ez 2, 9 – 3, 3. El profeta Ezequiel se comió el libro que contenía la Palabra. Era dulce como la miel (Ez 2, 9 – 3,3). Como los discípulos de Emaús, todos hemos probado la amargura. Mas, para quienes hayan probado las amarguras de la vida, la miel es mucho más dulce. La Biblia endulza nuestro corazón que fue amargado por el pecado, la decepción o la traición. Es la fuente de la felicidad que cada uno busca ( Sal 1, 1-2). La Palabra de Dios se nos ha dado para ser felices (Deut 10, 12-13). La miel es dulce y agradable. Es símbolo de la alegría. Si se cumple, se ahorra la hiel del sufrimiento. También la miel, como la Palabra, es imperecedera.

6º La Palabra es semilla: Lc 8, 11. Semilla pequeña, pero capaz de producir vida. Una vez plantada en el corazón y en la mente, crece de día y de noche, sin que el hombre sepa cómo (Mc 4, 26-27). Jesús – Palabra es el sembrador que salió a sembrar la semilla = Palabra de Dios. En Emaús cada Palabra del Maestro germinaba en los corazones de aquellos dos discípulos.

7º La Palabra es alimento: Mt 4, 4. La semilla se convierte en alimento que, como el maná, permite llegar a la tierra prometida. Necesita del alimento que baja del cielo: La Palabra. Jesús – Palabra nos alimenta con su Palabra que es espíritu y vida (Jn 6, 63). En Emaús aquella noche Jesús se dio como alimento, primero con su Palabra y luego en la Eucaristía.

Para que volvamos a la Palabra y vivamos de ella.

Nota: Las imágenes están tomadas de “La Biblia no es un libro” de José Prado Flores.

IMPORTANCIA DEL NOMBRE Y LA IDENTIDAD DE LOS GRUPOS DE LA ORACIÓN

IMPORTANCIA DEL NOMBRE Y LA IDENTIDAD DE LOS GRUPOS DE LA ORACIÓN

Por: Equipo Nacional de Formación – RCC España

Ante la creación de un nuevo Grupo de Oración, nos encontramos entre otros aspectos a tener en cuenta, la importante decisión de tener que «bautizar» el Grupo con un nombre, tarea muy bonita y atrayente pero no exenta de dificultad, ya que requiere bastante oración y discernimiento porque tal y como vamos a compartir a continuación, el nombre es un aspecto de la persona, grupo u organización, bastante importante y decisivo que implica todo su ser completo. En Renovación Carismática solemos encontrarnos con nombres de todo tipo: sencillos, enrevesados, en castellano, en hebreo, arameo, latín, centrados en María, en Jesús, en el Espíritu Santo, la Trinidad, etc., y suele ser bastante divertido compartir sobre esta gran variedad de nombres, pero ¿qué es lo más importante a la hora de discernir sobre el nombre de Grupo? Como es lógico pensar, lo más importante para un buen discernimiento, nunca será el nivel de originalidad o lo raro e impronunciable que éste sea, tampoco lo atractivo o con gancho de marketing que podamos verle, sino que lo más importante será que ese nombre esté relacionado con nuestra propia identidad como comunidad y nuestro llamado común de Dios.

Algo muy interesante y recomendable es que toda la comunidad o Grupo, ore junto por este discernimiento y todos puedan tener voz para proponer algunas de las ideas que les venga al corazón, aunque la decisión última la tengan los servidores o líderes, responsables del Grupo en ese momento.

Por tanto, ¿por qué es importante la elección del nombre del Grupo de Oración? Porque no es solo un nombre, se trata de algo más, se trata de la identidad y misión que Dios quiere para con ese pueblo. ¿Por qué nos decimos esto? Nos basamos en ello al observar la importancia que bíblicamente tiene el nombre para las personas. Como Dios, al otorgar o cambiar el nombre a alguien, lo que está haciendo es darle una identidad y una misión concreta, por lo que el nombre para nosotros no es un simple modo práctico de nombrar un Grupo para diferenciarlo de otro, si no que tendrá presente la visión, misión y llamado que Dios nos propone como pueblo.

Para entenderlo bien hablemos del significado que bíblicamente tiene el nombre. Como decíamos tiene que ver con la misión que iba a tener en la vida, por tanto el nuevo nombre, cada vez que Dios se lo cambiaba a alguien tenía que ver con su identidad, su función y su ministerio. Así vemos a continuación algunos de esos casos como ejemplo:

 

 

  • Abram, a quien Dios le cambiaría el nombre por Abraham que significa «padre de las naciones» (Gn 1, 5). Sin duda Dios cumple su llamado, ya que es nuestro padre en la fe. A pesar de lo imposible que podía parecer por su situación. 
  • Sarai, a quien Dios le dará el nuevo nombre de Sara que significa «princesa» porque será madre de reyes (Gn 17, 16) 
  • El mismo nombre de Jesús habla de su misión, encomendada por Dios, ya que significa «Yavé Salva». Sabemos que es el mismo Dios quien pide a María que este sea su nombre, por lo que desde el primer momento saben que es lo que Dios hará a través suyo. 
  • Más literal imposible. Y como no, Pedro, «Porque sobre esta Roca  edificaré mi Iglesia». Aquí tenemos al primer Papa elegido directamente por Jesús y nombrado literalmente por Él

 Como vemos el nombre implica todo el ser de la persona, todo mi yo habla de esa identidad y misión. Así mismo nuestros Grupos, todo nuestro ser comunidad habla de ello. Si ponemos un nombre que haga presente a la Virgen María, no podemos obviarlo, y haremos todo lo posible porque ella reine en nuestra alabanza y oración para llevarnos a Jesús, si nuestro nombre habla de Dios, que nuestro Grupo y nuestras acciones hablen de Él para llevarlo al mundo, etc. Por tanto, viendo lo importante que es el nombre, no solo no podemos llamarnos de cualquier manera y ponerlo al azar, si no que una vez dado, una vez recibido el nuevo nombre de parte de Dios, ya no puedo permanecer igual, no puedo vivir de la misma manera. Como pueblo no podemos caminar de la misma manera, ya que Dios nos ha dado una identidad nueva, una nueva misión a la que tenemos que responder en fidelidad, como cada una de estas personas que hemos visto como ejemplo. Reflexionemos sobre los nombres de nuestros Grupos y respondamos a lo que Dios nos pueda estar pidiendo, para mayor Gloria suya y crecimiento de nuestra Iglesia.

¡Y la lluvia vendrá!

¡Y la lluvia vendrá!

Estamos en temporada de lluvia, una lluvia que puede ser violenta o suave, pero lluvia al fin.

La lluvia trae el agua vital para la siembra y la vida misma, Jeremías 14,4:” fueron a los pozos y no encontraron, y volvieron con sus cántaros vacíos. Ya no produce la tierra por falta de lluvia y los campesinos andan apenados, cubierta la cabeza en señal de luto.

Y en Joel 2,23:  “Y ustedes, hijos de Sión, alégrense en Yavé, su Dios, porque él les da la lluvia de otoño para la fertilidad y hace caer agua en otoño y primavera como antes.

Sin lluvia la vida no es posible. Los campos secos no pueden recibir la siembra, y si quisieran sembrar, no germinará. Un campo seco no solo no hace germinar la semilla, sino que se pierde el propósito de la misma para lo cual Dios la ha creado: germinar, el brote de la planta, crecimiento y finalmente dar fruto, que a su vez, dentro de sí, tendrá nuevas semillas que harán que la cadena de la vida de dicha especie no se rompa.

Lo mismo una vida que no recibe al Espíritu Santo como lluvia, quedará como tierra reseca. Y toda semilla de la Palabra de Dios, no germinará, no brotará, no crecerá, y definitivamente no dará frutos, perdiendo la oportunidad de vivir el plan de Dios para esa vida, el diseño eterno que tiene para ella. Como dice nuestro Señor Jesús, en Jn 15,8: “la Gloria de mi Padre está en que den mucho fruto, y sean mis discípulos”.

Este es uno de los propósitos de la Palabra de Dios en tu vida, que des mucho fruto, ese mucho fruto permanezca y seas-por tanto-discípulo de Jesús.   Pero sin lluvia del Espíritu, tu vida está seca, por más que asistas todos los domingos a escuchar la Palabra de Dios en la Santa Misa, o la recibas en los grupos de oración.

Bien sabe el agricultor que no puede conformarse con la lluvia del año pasado, porque una nueva estación llega, nuevas necesidades se presentan y la producción no puede hacerse esperar ni detenerse. Sería suicida de su parte quedarse con la sola lluvia del año anterior.  Pero curiosamente esto le puede pasar a muchos, que no saben que se están suicidando espiritualmente. Porque se quedaron con la lluvia de un Seminario de vida en el Espíritu hace ya tiempo, de un congreso o retiro de hace años. O participaron de un encuentro de sanación, fueron sanados y listo.  E incluso llegar al caso de participar de un grupo de oración, que se transformó en un grupo tipo “estación seca”, porque allí no se predica más la Buena Noticia de Jesús, sino las tristes noticias de enseñanzas poco ungidas o sin contenido Cristocéntrico. Por lo tanto, toda semilla necesita del agua de lluvia.

Pero la gran diferencia entre el agricultor y el discípulo de Jesús, es que el agricultor no puede manejar el clima. Ha de esperar pacientemente que la lluvia llegue a su tiempo. Sabemos por experiencia de leer y escuchar noticias que esto no siempre es así. En cambio, el discípulo de Jesús, si puede disponer del clima. Y esto es por fe. El Señor dijo “Pidan y se les dará, busquen y hallarán, golpeen y se les abrirá. Porque si ustedes que son malos dan cosas buenas a sus hijos, ¡Cuánto más el Padre del Cielo dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!” (Lucas 11,9.13), y remata más aún diciendo: “Si alguno tiene sed, venga a mí.  Y beba de mí, aquel que cree en mí.  Porque del corazón del que cree en mí brotarán ríos de agua Viva” (Juan 7,37-38)

Pero quiero decirte algo, y es que el día que te acostumbraste a pedir, corrés el riesgo de hacerlo cada vez con menos fe, porque se transformó en una costumbre, un rito vacío de vida.

La fe que desplaza montañas es la perilla que mueve el clima a tu favor.  En Juan 7,37-38, el evangelista usa el verbo pisteuo (griego) que significa confiar, creer.  Juan usa 99 veces este verbo a lo largo de todo su Evangelio, (Marcos diez, Mateo diez y Lucas nueve), y no se trata simplemente de una creencia, sino del sentido profundo de uno que se apoya totalmente en otro.  Este otro es Jesús; ya no te apoyás en tus propios pensamientos o capacidades, habilidades o virtudes. Sino en Él, total y absolutamente. Lo mirás a Él como el Mesías glorioso a la diestra del Padre, inundado de manera infinita del Espíritu Santo, dispuesto siempre a descargar su Lluvia divina sobre todos aquellos que se apoyan, confían absolutamente en Él. Se lo aseguró a la samaritana en Jn 4,14: “el que beba del agua que yo doy nunca más tendrá sed. Porque esa agua es como un manantial del que brota vida eterna”. Pero hay que recibirlo bebiendo, hasta las entrañas mismas del ser.  Y desde allí, todo lo que brote tiene sabor y color a vida eterna. Suena increíble, ¡pero creéselo a Jesús! ¡Podés vivir una vida diaria en clima de vida eterna! Esto es: pensamientos puros, intenciones puras, amor sin límites, corazón limpio de motivaciones segundas, poder espiritual para anunciar la Vida Nueva de Jesús, un corazón de adorador las 24 hs los 7 días de la semana, paz en tu mirada y palabras, ¡sí, palabras nuevas, llenas de vida! Y ya no más palabras groseras o sinsentido; y la lista es interminable para el que vive “hidratado” de continuo por el Agua Viva del Espíritu Santo. 

Y el otro aspecto comparativo del Espíritu Santo con la lluvia, es algo más complejo, pero sencillo de entender.

Santiago apóstol lo refiere: Tengan, pues, paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. Miren: el agricultor espera el fruto precioso de la tierra aguardándolo con paciencia hasta recibir las lluvias tempranas y tardías. (St 5,7).

En tiempos de Jesús se esperaban las lluvias tempranas en el mes de octubre para iniciar la siembra. Era una lluvia potente y vertiginosa. Sólo así la semilla recién sembrada podía recibir humedad e iniciar el milagro de la germinación. Pero no era suficiente, no alcanzaba para lo que seguía, el crecimiento final y fruto abundante, para luego cosechar. Para esto, había que esperar con denuedo la lluvia tardía, entre marzo y abril. Ésta era una lluvia constante, no tan violenta, pero sí abundante y permanente. Entonces el cultivo llegaba a su madurez dando fruto y logrando una maravillosa cosecha.

La lluvia temprana es para la siembra; la lluvia tardía es para el fruto y la cosecha.

Nuestra primera experiencia de Bautismo en el Espíritu Santo, fue sin dudas, la lluvia temprana necesaria para que la Palabra de Vida, de la Buena Noticia de Cristo Jesús hiciera explosión en nuestro interior y comenzara a germinar una vida nueva, totalmente nueva e inédita en el Espíritu. Pero, ¿será suficiente para el plan, para el diseño de Dios en tu vida? Según el proceder de Dios, vislumbramos que no es suficiente. Fijémonos en el caso de los apóstoles que luego de Pentecostés, el Señor a través de ellos, sanó al paralítico de nacimiento que siempre estaba en la Puerta Hermosa del Templo (Hechos capítulo 3). Esta curación asombrosa provocó una revolución que las consecuencias no se hicieron esperar; comenzó para los discípulos una nueva era en la predicación, pero no sin persecuciones, tal como Jesús les había anticipado (Mc 10,28-31). Por lo que luego de ser apresados y liberados, lejos de asustarse y lamentarse, se unieron una vez en oración (al estilo de Hch 1,15), siendo atrevidos en su clamor, tal como el Señor les había enseñado, y sucedió lo esperado (esto es fe, que lo voy a recibir conforme a su voluntad), el lugar tembló de nuevo y TODOS fueron llenos del Espíritu Santo otra vez…y predicaban la Palabra de Dios con valentía (Hch 4,23-31).  Es que ya estaba operando dentro de ellos la Palabra de Jesús, de que la gloria del Padre está en que dieran fruto, y mucho. ¡¡Y con Pentecostés no les alcanzó, por eso suplicaron por UN NUEVO PENTECOSTÉS!!  ¡Y no había pasado mucho tiempo del primero!  Es llamativo que nosotros estamos lejos de esta pedagogía divina, ya es hora de acercarnos a ella, y aprender de nuestros primeros hermanos apóstoles.

Tu grupo de oración, tu ministerio o equipo de servicio, tu familia, tu matrimonio, ¡necesitan urgente la lluvia tardía!   El modelo de oración para recibirla está en la cita anterior mencionada, Hechos 4,23-31.

Hacela con tu equipo de servicio, con tus hermanos del grupo de oración, porque solo así llegará la lluvia tardía necesaria para llevar mucho fruto, y el que más agrada al Padre es el del cumplimiento de la Gran Comisión dada por su Hijo: “Vayan y hagan discípulos a todas las naciones…Vayan y anuncien la Buena Noticia a toda criatura…”  (Mt 28,19-20  y Mc 16,15-20) y tené la seguridad total de que inmediatamente, el Señor acompañará con signos, prodigios y señales.  Y tu corazón podrá entonces cantar como hacían los obreros de la tierra en aquel entonces al ver la cosecha, pero esta vez, cosecha de almas para la gloria de Dios.  

Los que siembran entre lágrimas cosecharán entre gritos de alegría.

Salmo 126,5

¡Amén!