Salvemos las 2 Vidas GANAMOS

Salvemos las 2 Vidas GANAMOS

Salvemos las 2 Vidas ¡GANAMOS! ¿GANAMOS?

¡Bendito sea Dios! Espero que recordemos por mucho tiempo el 38 – 31 de la votación final del Senado por el que se rechazó la media sanción de la ley de aborto. Costó mucho, mucho esfuerzo, mucho “poner el pecho a las balas”, mucha rodilla en el suelo, mucha oración, mucha adoración, mucho Jericó de alabanzas, etc. Y ¡GANAMOS! La ola celeste llegó para quedarse y para marcar la cancha. Estos temas que influyen directamente en la familia no van a ser fácilmente vulnerados. Y de esto tomó nota toda la sociedad y especialmente nuestros gobernantes.

Aprovecho la oportunidad para dar gracias. En primer lugar, a Dios por darnos la fortaleza para actuar con valor. Gracias a cada uno de ustedes por jugarse desde la oración, la adoración y también por salir a la calle y usar un pañuelo celeste y manifestarse. ¡Gracias!

Ahora, la gran pregunta es ¿ganamos?

Si considerar el rechazo de una ley es ganar, entonces ganamos. Si considerar las múltiples manifestaciones a favor de la vida es ganar, entonces ganamos. Ahora si con esto creemos que vamos a evitar futuros abortos clandestinos, entonces perdimos. Si con esto vamos a evitar casos de abusos y violaciones entonces perdimos. Si con esto esperamos evitar embarazos no deseados entonces perdimos.

¿Cuál es la clave para no subirnos a una ola de exitismo y considerar que el problema está resuelto?

La clave es recordar que el problema sigue ahí: se siguen produciendo miles de embarazos no deseados. Y esta situación es la causa del aborto. Esta situación es la que genera el problema. Hemos sido pro-activos y muy eficaces abordando el problema cuando ya es un hecho consumado. Desde diversos grupos se realiza el acompañamiento de la madre embarazada y en situación de vulnerabilidad; otros grupos buscan acompañar a la mujer que ya abortó; otros buscan modificar las leyes para facilitar y agilizar los procesos adopción. Se han salvado infinidad de vidas. Se han re-hecho y sanado infinidad de historias.

Se ha hecho mucho pero todavía falta mucho más…

Nos dicen nuestros Obispos: “Se trata ahora de prolongar estos meses de debate y propuestas en la concreción del compromiso social necesario para estar cercanos a toda vida vulnerable. Nos encontramos ante grandes desafíos pastorales para anunciar con más claridad el valor de la vida: la educación sexual responsable, el acompañamiento a los hogares maternales surgidos especialmente en nuestros barrios más humildes para acompañar a mujeres embarazadas en situaciones de vulnerabilidad y la atención a personas que han pasado por el drama del aborto».

Me hago eco de lo que “Unidad Pro-Vida” decía: “No somos ajenos a la profunda grieta que este debate produjo en las entrañas de nuestra sociedad, y que necesitamos curar para construir un futuro para todos. Aún con miradas distintas, compartimos la preocupación por la salud y la vida de las mujeres. Por eso convocamos a un sincero diálogo a quienes, con honestidad, creyeron que la legalización del aborto sería la solución a los problemas de la mujer y a trabajar juntos, desde todos los sectores, por soluciones integrales, superadoras y verdaderamente humanas.”

¿Qué debemos hacer?

Les propongo tres ideas a desarrollar.

1. Lo primero que debemos hacer es cambiar nuestro corazón. Debemos mirar con los ojos de Jesús a cada una de esas mujeres (jóvenes y adultas) que han llegado a la situación de un embarazo no deseado. Como Jesús junto al pozo llegando al corazón de la samaritana así también nosotros junto al pozo de la soledad, la desesperación, la angustia, la vulnerabilidad, estar y tocar el corazón de esas mujeres; para recibirlas sin prejuicios, para acompañar y ayudar.

2. Insisto en lo que escribía en el mes de julio. No quiero extenderme, pero necesitamos asumir de manera urgente la formación de nuestros jóvenes y adultos en una verdadera educación para el amor, basados en una sana afectividad y sexualidad.

3. Tercero en orden, pero no en importancia, nos debemos un compromiso mucho más activo en lo social y en los grupos pro-vida en particular. Siempre recordamos la historia del Padre Emiliano Tardif, cuando un grupo de mujeres pertenecientes a un Grupo de Oración fueron a orar por él. En general, nos alegramos y glorificamos a Dios por el milagro, el servicio y vida del Padre Emiliano. Pero aquí la idea es dirigir la mirada a ese grupo de mujeres. Ellas como tantos de nosotros iban a un grupo de oración, como tantos de nosotros, alaban y glorificaban a Dios y también nosotros como ellas, nos llenamos la boca con la acción de Dios en nuestra vidas. Pero, ¿Cuántos de nosotros, como ellas, salimos cada semana a visitar enfermos, a caminar nuestros barrios más carenciados, a dedicar tiempo a aquellos que más lo necesitan, a acompañar a esa mujer embarazada o a trabajar activamente en un grupo pro-vida o en grupos que trabajen socialmente para mejorar y transformar la realidad? ¿Cuántos Emilianos estarán esperando nuestra visita, oración y acción concreta?

¿Lo pensamos y lo hacemos acción?

La Batalla Final

La Batalla Final

 

LA BATALLA FINAL

El siguiente artículo está basado en un opúsculo de Ralph Martin que lleva el título «La Batalla Final»

Profanaciones, sacrilegios y matanza de sacerdotes y fieles en Nicaragua, la falta de tolerancia en Venezuela con el consecuente hambre de hombres, mujeres y niños, una guerra casi interminable en Siria, representaciones sacrílegas en Rafaela, un silencio de los Medio de Comunicación Social jamás visto con respecto a las marchas y manifestaciones a favor de la vida, ataques feroces de periodistas y actores y actrices contra la Iglesia y sus miembros, etc., etc., etc.

Podríamos añadir una cantidad incontable de situaciones…

Con ocasión de la visita de Ralph Martin a la Argentina, para la predicación del Retiro Nacional de Sacerdotes y el Encuentro Nacional “Nuestra Identidad” tuve la oportunidad de charlar personalmente con él. En ese diálogo (traductor de por medio dado mi casi nulo conocimiento del idioma inglés) pude preguntarle por un pequeño folleto escrito por él llamado “La Batalla final”. Él me expresaba que lo escribió al reflexionar sobre unas palabras del entonces Nuncio apostólico de los Estados Unidos, Mons. Carlo María Viganó en un discurso a la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos.

En ese discurso, el Nuncio citó las palabras del entonces Cardenal Wojtyla (San juan Pablo II) que decía: “Estamos hoy, ante la mayor confrontación histórica que la humanidad haya experimentado alguna vez. No creo que el gran círculo de la sociedad americana, o todo el amplio circulo de la comunidad cristiana se dé cuenta esto completamente. Ahora nos enfrentamos a la batalla final entre la Iglesia y la anti-iglesia, entre el Evangelio y el anti-evangelio, entre Cristo y el anticristo. Este enfrentamiento se encuentra dentro de los planes de la Divina Providencia. Está por lo tanto en el plan de Dios, y es un reto que la Iglesia debe asumir y afrontar con valentía” (Discurso en el Congreso Eucarístico de 1976)

Las palabras proféticas del entonces Cardenal nos recuerdan las palabras de Pablo en 2Ts 2, 3-12 (no las transcribo para que no sea demasiado largo). En esas palabras del Apóstol de los Gentiles se delinean dos sucesos: la gran rebelión o apostasía (abandono total de la fe o vida de tibieza y sin compromiso) y la supresión del obstáculo que impide la manifestación de la iniquidad (podríamos leer Rm 2 y parecerá la tapa de cualquier periódico de hoy). Estamos asistiendo a la supresión sistemática de todas las defensas contra el mal en un sorprendente “tsunami de secularismo”. Si miramos con atención nuestro mundo, la sociedad, podemos descubrir que ambos elementos se van concretizando en el día a día de hombres y mujeres y más grave aún en hombres y mujeres bautizados.

Hay 2 mentiras que el “padre de la mentira” nos quiere hacer creer.

La primera: “Dios es tan bueno y misericordioso que casi nadie se va a condenar”. Esta perversa mentira ha sido lamentablemente aceptada y asumida por muchos católicos invirtiendo el sentido de las palabras de Jesús en Mt 7,13-14 o en Lc 13,23-24. El Concilio Vaticano II lo aclara: “No se salva, sin embargo, aunque esté incorporado a la Iglesia, quien, no perseverando en la caridad, permanece en el seno de la Iglesia «en cuerpo», mas no «en corazón». Pero no olviden todos los hijos de la Iglesia que su excelente condición no deben atribuirla a los méritos propios, sino a una gracia singular de Cristo, a la que, si no responden con pensamiento, palabra y obra, lejos de salvarse, serán juzgados con mayor severidad.

La segunda: “Reclamar misericordia y continuar con una vida de pecado”. El arrepentimiento debe implicar un cambio de toda nuestra existencia, armonizando nuestras vidas con la voluntad de Dios. Lo que significa darle la espalda al pecado y abandonarse a la acción transformadora del Espíritu Santo para crecer en la virtud. Nuevamente San Pablo nos lo recuerda en 1Cor 6,9-10, en Gal 5,13.19-21 y en Ef5,5-6.

¿Qué debemos hacer?

Esbozo algunas respuestas, no son todas y mucho menos las únicas.

  1. Apartar de nosotros definitivamente el pecado. No es solamente no pecar sino vivir muy cerca del Señor por la lectura meditada de la Palabra de Dios; la Confesión frecuente; la Eucaristía, no solo dominical sino también dentro de nuestras posibilidades la ferial.
  2. Orar y ofrecer sacrificios y ayunos por la conversión y salvación de las almas (conocidas o no). Realizar actos de reparación por las ofensas, blasfemias y sacrilegios realizados contra nuestro Señor Jesucristo y su Santísima Madre. Nunca estarán de más los Jericó de alabanzas y la adoración nocturna.
  3. Reavivar nuestro fervor apostólico diciendo sí a la llamada del Señor, fortaleciendo nuestro Grupos de Oración y Comunidades para que sean cenáculos de oración pentecostal, realizando Seminarios de Vida (tal como lo pidiera nuestro Papa Francisco) que llamen a la conversión de quienes lo realizan.
  4. Seguir manifestando públicamente nuestra fe y nuestras convicciones aunque eso signifique la burla y el oprobio.

Les digo esto para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo». Jn 16, 33

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Despenalizacion del aborto

Despenalizacion del aborto

DESPENALIZACION DEL ABORTO Y AHORA, ¿QUÉ?

En estos últimos meses, desde que se abriera el debate por la despenalización del aborto, se han escuchado muchísimos argumentos tanto a favor como en contra. Desde el “derecho a elegir” hasta “salvemos las 2 vidas”, cada uno ha expuesto sus consideraciones.

En mi corta vida, pocas veces he visto a la sociedad enfrascada en un debate tan generalizado. Pero también pocas veces he visto a los católicos, de todos los niveles de participación en la vida de nuestras comunidades, tan comprometidos y tan activos. Ante la apertura del debate, nos dedicamos a buscar argumentos para demostrar la verdad de la vida y la razonabilidad de nuestros argumentos. Realizamos numerosas marchas, por cierto, totalmente silenciadas por los medios de comunicación social a los que muchas veces les atribuimos la transmisión de la verdad. Nos atrevimos a usar un pañuelo celeste como signo de una postura que asumíamos delante de la sociedad. No tuvimos miedo de exponer públicamente nuestros principios y argumentos, aún, cuando estos no eran argumentos religiosos. Viralizamos mensajes e imágenes en nuestros celulares y en cuanta red social compartimos. Mensajeamos por mail o Twitter a todos los diputados que pudimos. Nos lanzamos a verdaderas cadenas de oración como pocas veces lo hemos hecho. Nos alentábamos unos a otros insistiendo en que Dios estaba con nosotros, que iba a tocar el corazón de los diputados…

Hicimos todo esto y la media sanción salió a favor de la despenalización…

Luego de la votación se percibió una gran decepción, una congoja y tristeza enormes, un sentimiento de fracaso y derrota como pocas veces…

No comparto esta postura, creo que Dios permitió esto para que no nos quedemos con que no hay ley de despenalización entonces no hay problema, sigamos con nuestra vida como hasta ahora. Estoy convencido que esto que ha sucedido nos interpela a todos. ¿De qué manera? Les propongo solo 2 ideas de las muchas que hay…

¿Expectativa o Esperanza? Hagamos la distinción. EXPECTATIVA es el deseo de que se realicen nuestros planes tal como los planificamos. En nuestro caso, que Dios vea nuestros esfuerzos y evite, del modo que sea, que esta ley tuviera la media sanción. Casi me atrevo a decir que le pedíamos a Dios que nos haga caso, que responda positivamente a nuestro reclamo porque lo merecíamos. En cambio, ESPERANZA “es tener la certeza que yo estoy en camino hacia algo que es y no lo que yo quiero que sea”, (Papa Francisco – 01/02/2017). La esperanza nos abre hacia algo diferente. En nuestro caso, la esperanza nos anima a seguir adelante porque todo lo que hemos realizado (marchas, signos, cadenas de oración, etc.) es bueno y necesario; porque nos permite dar testimonio de la verdad; porque nos ha sacado de la pasividad y nos compromete con la construcción de un mundo más humano; porque se han caído las caretas de muchos políticos, medios de comunicación social, referentes de la sociedad y hemos descubierto sus posturas más profundas. Todo esto es muy bueno y tiene que alentarnos a poner más esfuerzo y trabajo de nuestra parte. Podríamos resumirlo de esta manera: ¡Qué bueno y maravilloso es que Dios nos haya elegido para ser parte activa de este momento de la historia! Dice la Sagrada Escritura: “No temas por lo que tendrás que padecer… Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida»”. (Ap. 2,8-10)

¿Causas o consecuencias? Hemos hablado mucho sobre el aborto, su realidad, sus consecuencias, pero muy poco de las causas que llevan a una mujer a la paradoja de ser dadora y portadora de vida y tener que elegir la muerte de esa nueva vida que lleva en su seno. ¿Por qué una mujer llega a esta situación? Aquí podríamos encontrar también múltiples respuestas. Ahora bien, me parece que la pregunta que no nos hemos hecho es: ¿De qué manera acompañamos a las mujeres, incluso las más cercanas a nuestra realidad, para que no lleguen al límite de pensar en el aborto? Nuestros Obispos nos dicen: “Tenemos la oportunidad de buscar soluciones nuevas y creativas (el remarcado es mío) para que ninguna mujer tenga que acudir a un aborto… (reconocemos) debilidades en nuestra tarea pastoral: la educación sexual integral en nuestras instituciones educativas, el reconocimiento más pleno de la común dignidad de la mujer y el varón, y el acompañamiento a las mujeres que se ven expuestas al aborto o que han sido atravesadas por dicho trauma. Todas estas son llamadas de la realidad que nos convocan a una respuesta como Iglesia.” De este párrafo quisiera sacar algunas pistas:

  1. Sin perder lo que hemos hecho ¿qué más y de manera organizada, sistemática, orgánica y pastoral podemos hacer? No hablo de una charla de vez en cuando, hablo de organización, de preocupación, de dedicación, de desafío permanente.
  2. Desde nuestro camino en la Renovación Carismática Católica sería muy bueno que nuestros Seminarios de Vida, nuestros Retiros y Encuentros tengan como eje transversal la dignidad de la vida, de la mujer y el varón. Espacios dónde hablemos no de lo malo del aborto sino de lo bueno de la vida.
  3. La acogida, cuidado y delicadeza para con la mujer embarazada en nuestros Grupos de Oración, debería ser un signo distintivo de la RCC. 
  4. No deberíamos obviar un sana, seria e integral formación en el amor tanto para jóvenes como para adultos. Además de comprometernos activamente en la Pastoral Familiar tanto parroquial como diocesana.
  5. En nuestra tarea evangelizadora no deberíamos olvidar nunca las realidades sociales, económicas y educativas, de los hermanos a los que vamos a llevar la Buena Noticia, dedicando tiempo y esfuerzo (humano y económico) a acompañarlos.

Se podrían decir muchas y mejores ideas, solo intento provocar la reflexión y la acción…

¿Lo pensamos?