Predicaciones de Adviento: Una propuesta para reflexionar sobre las acciones del Espíritu Santo

Ciudad del Vaticano (AICA): El papa Francisco asistió este viernes a la primera predicación de Adviento en la capilla Redemptoris Mater del Palacio Apostólico, donde el padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, reflexionó sobre lo que quiere decir: “Creo en el Espíritu Santo” y aseguró que en sus tres meditaciones intentará “proponer reflexiones sobre algunos aspectos de las acciones del Espíritu Santo, partiendo justamente del tercer artículo del Credo que se refiere a esto”. 

El papa Francisco asistió este viernes a la primera predicación de Adviento del padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, en la capilla Redemptoris Mater del Palacio Apostólico. También asistieron cardenales, arzobispos y obispos, junto a los secretarios de las congregaciones, los prelados de la Curia Romana y del Vicariato de Roma, superiores generales y los procuradores de las órdenes religiosas que forman parte de la Capilla Pontificia.

El padre Cantalamessa reflexionó sobre lo que quiere decir: “Creo en el Espíritu Santo” y destacó que la mayor novedad del postconcilio, en la teología y en la vida de la Iglesia, tiene un nombre precioso que es el Espíritu Santo.

El sacerdote explicó que el Espíritu Santo no es un pariente pobre de la Trinidad. No es un simple ‘modo de actuar’ de Dios, una energía o un fluido que atraviesa el universo como pensaban los estoicos; es una ‘relación subsistente’, por lo tanto una persona.

Asimismo, recordó que el año que viene se celebra el 50º aniversario del inicio, en la Iglesia católica, de la Renovación Carismática.

“Es uno de los muchos signos –el más evidente por la inmensidad del fenómeno– del despertar del Espíritu y de los carismas en la Iglesia”, aseguró, y señaló que el Concilio había allanado el camino a su acogida, hablando en la Lumen gentium, de la dimensión carismática de la Iglesia.

El padre Cantalamessa sostuvo que después del Concilio se multiplicaron los tratados sobre el Espíritu Santo. Y en los últimos años –observó– estamos asistiendo a un paso decidido hacia delante en esta dirección. Luego analizó la “teología del tercer artículo” del Credo que hace referencia al Espíritu Santo. Tal corriente, explicó, no quiere sustituir a la teología tradicional, sino más bien estar a su lado y vivificarla.

“En el Credo actual, se parte de Dios Padre y creador, de Él se pasa al Hijo y a su obra redentora, y finalmente al Espíritu Santo operante en la Iglesia”, indicó, y precisó: “La fe sigue el camino inverso”. Fue la experiencia pentecostal del Espíritu “que llevó a la Iglesia a descubrir quién era verdaderamente Jesús y cuál había sido su enseñanza”.

“En el orden de la creación y del ser, todo parte del Padre, pasa por el Hijo y llega a nosotros en el Espíritu; en el orden de la redención y del conocimiento, todo comienza con el Espíritu Santo, pasa por el Hijo Jesucristo y vuelve al Padre”, agregó.

Esto no significa, advirtió, que el Credo de la Iglesia no sea perfecto o que deba ser reformado. “Es la forma de leerlo que de vez en cuando es útil cambiar, para rehacer el camino con el que se ha formado”, aconsejó.

El religioso aseguró que en las tres meditaciones intentará “proponer reflexiones sobre algunos aspectos de las acciones del Espíritu Santo, partiendo justamente del tercer artículo del Credo que se refiere a esto”

Asimismo, planteó tres preguntas: Primero, ¿qué vida da el Espíritu Santo? Respuesta: da la vida divina, la vida de Cristo. “Una vida sobrenatural, no una supervida natural”, puntualizó. Segundo, ¿dónde nos da tal vida? Respuesta: en el bautismo, que es presentado de hecho como un “renacer del Espíritu”, en los sacramentos, en la palabra de Dios, en la oración, en la fe, en el sufrimiento aceptado en unión con Cristo. Tercero, ¿cómo nos da la vida, el Espíritu? Respuesta: haciendo morir las obras de la carne.

El padre Cantalamessa explicó que lo que distingue al Espíritu Santo del Padre es que procede de él y que lo que lo distingue del Hijo es que procede del Padre no por generación, sino por espiración.

“El Espíritu Santo quedará siempre el Dios escondido, también si logramos conocer los efectos. Él es como el viento: no se sabe de dónde viene y adonde va, pero se ven los efectos cuando pasa. Es como la luz que ilumina todo lo que está delante, quedando esa escondida. Es la persona menos conocida y amada de los Tres, a pesar de que sea el Amor en persona”, subrayó.

“Nos resulta más fácil pensar en el Padre y en el Hijo como ‘personas’, pero es más difícil para el Espíritu”, advirtió, y concluyó: “Comprenderemos plenamente quién es el Espíritu Santo solamente en el paraíso”