VIVIENDO UN NUEVO PENTECOSTES DE ORO

El Espíritu en la Iglesia y con la Iglesia. ( hechos 2,1-11 )

El primer Pentecostés se realizó en la comunidad de los discípulos de Cristo, en la Iglesia apostólica. Este hecho fundacional constituye una característica de la acción del Espíritu. Él obra en la Iglesia, es decir, dentro de ella, para santificarla, renovarla, acrecentarla, purificarla, vivificarla. A veces daría la impresión que ciertos cristianos se sorprenden y maravillan viendo la acción del Espíritu fuera de la Iglesia, y han perdido toda capacidad de admiración para descubrir la inmensa y magnífica acción del Espíritu en la Iglesia. Hay que saber hacer las dos cosas. Además el Espíritu Santo obra con la Iglesia. Es decir, toda acción de la Iglesia fuera de su ámbito propio, está acompañada por la presencia y acción del Espíritu.

Cuando la Iglesia se hace misionera, el Espíritu es misionero con ella. Cuando la Iglesia entabla un diálogo interreligioso, el Espíritu está con la Iglesia en ese diálogo para hacerlo fructificar. Cuando la Iglesia se hace solidaria de los más necesitados, el Espíritu comparte con ella esa misma solidaridad. Cuando la Iglesia da orientaciones desde la fe en el campo político y social, el Espíritu ilumina y apoya esas orientaciones. Todo por la sencilla razón de que el Espíritu es el alma de la Iglesia.

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.
Ven, Espíritu Santo, manda tu luz desde el cielo. Entra hasta el fondo del alma y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre, si Tú le faltas por dentro. Ven, Espíritu Santo.

En este año jubilar nos llena de alegría, este nuevo pentecostés: por tu misericordia 50 años viviendo un nuevo pentecostés. Nos anima con este lema. Como corriente de gracia somos en la iglesia misionera que se organiza en su interior desde la pluralidad para garantizar en la unidad los ejes fundamentales de su identidad, que son la predicación de la palabra de la salvación, el testimonio convincente de vida con la fuerza del Espíritu y el servicio a los pobres.

En este día junto a Daniel Aimareti y P. Gabriel Lauria  agradecemos por esta bendita renovación carismática en su madurez eclesial en nuestro país y en el mundo. Como familia carismática nos invita  que seamos custodios de nuestra identidad sirviendo en equipo.

Como fruto podemos expresar que las secretarias y servicios trabajan con responsabilidad para bien de todas las regiones, buscando predicadores internacionales y nacionales para enriquecer los carismas. Reconocemos la cercanía de los obispos y asesores diocesanos cada vez más comprometidos.

Qué lindo es servir para el Señor con sentido común, avanzar en la evangelización y testimoniar con poder en los grupos de oración. Celebrando las  bodas de oro para seguir creciendo en santidad y dejarnos guiar por el Espíritu Santo en todo momento y no permitir que interrumpa el crecimiento de su reino por nuestros pecados.

Que María nuestra Madre interceda por nuestra renovación carismática.