TURISMO CARISMÁTICO

El Padre Jacques Custeau es uno de los líderes de la Renovación Carismática en Canadá. Por su interés reproducimos aquí algunas de sus reflexiones sobre lo que él llama «turismo carismático».

Afirmaba el Padre Jacques: “ Es importante pertenecer a un grupo de oración, y yo creo que una persona puede pertenecer realmente sólo a un grupo. Ocasionalmente y para variar un poco puede ser bueno ir y orar con otro grupo o aprender cómo otros efectúan sus reuniones. Pero esto ocurriría sólo en contadas ocasiones y el resto del tiempo deberá ir a su propio grupo para orar.”

El crecimiento espiritual está conectado íntimamente con el pertenecer a un grupo de oración. Es allí donde llegamos a conocer a nuestros hermanos y hermanas. Con ellos podremos sobrellevar las cosas buenas y malas que nos ocurran.

El pertenecer a un mismo grupo también nos capacita para recibir enseñanzas constantes que nos fortalecerán entre nosotros para poder progresar espiritualmente. Añadiremos también que conociéndonos unos a otros podremos ejercitar la corrección fraterna cuando sea necesario, lo que nos ayudará a avanzar más. Echar raíces en un solo grupo es también señal de que la persona ya pasó de su época de simple consumidor.

Con mucha frecuencia las personas que circulan de un grupo a otro sin echar raíces en ninguno son las que sólo desean recibir sin dar. El decidir pertenecer a un grupo particular significa aceptar que tenemos nuestra parte de responsabilidad en ese grupo y por la gente en el grupo, y aún fuera de las reuniones de oración.

El turismo carismático también puede ser indicio de dos tentaciones muy sutiles:

  • La primera es sensacionalismo, que aún sin darse cuenta, la persona busca grupos con el deseo de ver milagros. Es importante recordar lo que el P. O’Connor escribió en su libro: «La Renovación Carismática: su origen y perspectiva»: ‘Un momento de oración profunda tiene un valor infinitamente mayor que el espectacular milagro o la más sorprendente profecía. La verdadera oración, en efecto, es la unión vital con Dios. Esto es lo que los carismas nos ayudan a lograr’.
  • La segunda tentación es la de escapar. La participación en los grupos de oración puede volverse una excusa para escapar de situaciones familiares o de la comunidad que preferimos evadir. Sería muy apropiado preguntar a las personas que van de una reunión a otra: ¿De qué están escapando ustedes? ¿Qué es lo que anda mal en sus casas o en sus comunidades?

Si su oración es un escape o pretexto para descuidar sus obligaciones, ¿Creen que las oraciones van a ser agradables a Dios?”

 El P. O’Connor también dice: «Puede suceder, desde luego, que la oración se convierta en una excusa para descuidar otras responsabilidades. Pero entonces deja de ser oración auténtica: no es más que apariencia externa que se convierte en hipocresía«.

Hermano, hermana, es bueno que perseveres en un grupo de oración.